La jueza, dada la petición de cargos y la tocata y fuga de Puigdemont, se ha visto intimada a ordenar el ingreso en prisión de medio Govern de la Generalitat y la petición de detención para la otra mitad. Sin embargo, confundir escarmiento con venganza tiene sus peligros. Me perdonaran ustedes, pero ciertas actitudes, tan numerosas en estos días, justifican la excusa tan manida de los independentistas de aquello de que: No nos quieren.

La algarada separatista, aceptada por una ilusoria mayoría, fue producto de los intereses políticos de unos cuantos, no de necesidades y mejoras sociales. Sin embargo, supieron ilusionar a una parte del Pueblo de Catalunya y, de paso y sin pretenderlo, provocar la animadversión de muchos españolistas espoleados, sibilinamente, por otros intereses políticos, tan instintivos como los de los independentistas. Caldo de cultivo para los interesados en  demostrar que no es posible la convivencia.

A las gentes de la calle, la masa ciudadana, los currantes, o como quieran llamarnos, nos importa un comino si la persona de quien nos enamoramos es catalana, aragonesa o murciana. A la inmensa mayoría de las gentes les preocupa la sanidad, la vivienda, la enseñanza, las libertades y el trabajo. Y les importa poco que el patrono sea catalán o gallego, lo importante es que cumpla, y bien, con su parte del contrato de trabajo. Los amigos lo son por las afinidades, por simpatía o por empatía, casi nunca por haber nacido en el mismo lugar. Por eso, maniobrar para demostrar que somos mejores, más guapos o más patriotas es siempre cosa y manejo de políticos. Por eso la solución está y ha estado siempre en la voluntad política.

El intento secesionista de Catalunya es una opción que hay que saber respetar. En la misma medida que el separatista debe respetar la opción contraria. Es un problema político imposible de resolver con acciones judiciales.

Ahora, escucho la euforia de los constitucionalistas y la indignación de muchos otros, catalanes o no. Y todos se escudan en el deseo de un incontestable triunfo electoral para el 21D. De momento los intransigentes han aplaudido un gran error, aunque se justifique con decisiones judiciales y se argumente con la excusa de la independencia de poderes. Al Govern se le puede acusar de muchas cosas; pero no tratarles como vulgares delincuentes. En estos días nuestra democracia ha dado un paso atrás. Y si tienen dudas les repetiré lo que dijo el maestro zen: Ya se verá.