Nueva york se dispone a vivir esta nueva estación dando forma a numerosos proyectos que tienen como fin, cambiar la fisonomía de la ciudad a la vez que se despierta de un largo e incomprensible letargo.

Desde el fatídico 11 de Septiembre, Nueva York ha estado sufriendo una especie de parálisis provocada por la desconfianza y el miedo. La gente que habita esta ciudad se ha dedicado a trabajar y a llevar de la mejor manera posible el recuerdo de semejante atrocidad. Prácticamente se puede decir que nada nuevo a ocurrido en estos últimos siete años. Pero la ciudad ya esta mas que preparada para un nuevo paso a delante y los cinco barrios de la Gran Manzana están apostando fuerte para que así sea.

Uno de los primeros grandes pasos que Nueva York ha comenzado a dar en su apertura hacia el resto del mundo y más importante, hacia la reconstrucción de su propio carácter extrovertido y hospitalario, es la construcción de un telescopio gigantesco (o telectroscopio) que une las dos orillas del Océano Atlántico. Por fin, la vieja y romántica idea de crear un dispositivo que cruz los océanos y une a los continentes se ha convertido en una realidad.

Todo se debe al artista británico Paul St. George, experto en cronofotografía victoriana, quien ha tomado la idea proveniente de un error de mecanografía de un reportero del siglo XIX, quien escribió “telectroscopio” en lugar de “electroscopio” para definir el instrumento que se usa para medir cargas electrostáticas. En el mismo articulo en el que se encontraba este error ortográfico, otro fallo añadía que éste, servía para “eliminar ausencias”. Estos dos “accidentes” despertaron la imaginación de muchos que, incluso en esa época, creyeron que se trataba de una gran idea.

El imponente Telectroscopio de Paul St. George se compone de dos enormes dispositivos de 11 metros de largo por tres de alto. Uno esta situado bajo el Puente de Brooklyn, en Nueva York, y el otro junto al Puente de Londres, de forma que quienes se asoman por el cristal de un lado del Atlántico son vistos por el otro. Todo se debe a unas cámaras HD (de alta definición), conectadas por fibra óptica que permiten poner en contacto y a tiempo real, a dos personas que estan a mas de 5.500 kilómetros de distancia. Es realmente curioso ver como todo el que se asoma a esta “ventana” lo hace lleno de curiosidad y de emoción. Incluso, la gente escribe en pizarras mensajes como el previsible “te estoy viendo,” el desconfiado “salta,” para comprobar que es en tiempo real, o el sentimental “Te quiero”.


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Lo mejor de todo este evento es que, como en Estados Unidos son los auténticos reyes de la publicidad y el marketing, nos han estado vendiendo la historia de que tras mas de un siglo, una maquina victoriana, perforadora de túneles, por fin había llegado a Nueva York, para conectar físicamente dos de las ciudades mas importantes que comparten el Océano Atlántico.

Esta muestra de arte publico y tecnología, se enmarca dentro de las celebraciones del 125 cumpleaños del Puente de Brooklyn. Probablemente, junto al “Golden Gate” de San Francisco uno de los puentes mas famosos de todo Estados Unidos. En los 13 años que duró la construcción murieron más de veinte de personas y se invirtieron más de 15 millones de dólares.

Fue un 24 de Mayo de 1883 cuando este puente fue inaugurado a bombo y platillo ante miles de personas; incluso las escuelas y los negocios suspendieron su actividad para el evento. Y es que la estructura no solo resultaba una maravilla de la ingeniería moderna para la época, sino que suponia el primer puente de suspensión del mundo. Hoy en dia este icono newyorkino es cruzado a dirario por unas dos mil personas a pie, unas mil doscientas en bicicleta y mas de ciento cuarenta y cuatro mil vehículos.

Con más de 1.800 metros de longitud, el fotogénico puente fue diseñado por el ingeniero de origen alemán John Augustus Roebling, quien no pudo ver acabado su proyecto ya que murió por el tétanos tras serle amputado un pie, a causa de un accidente que sufrio durante las obras. Fue su mujer, Emily Warren Roebling, quien se encargó durante años de transmitir las órdenes de su marido a los obreros. Cuentan que éstos tomaron cariño a la mujer, por lo que no es de extrañar que al parecer, fuera ella la primera que cruzó el puente de piedra caliza, granito y cemento y aún hoy hay una placa en el puente en la que los obreros le dedican la obra.

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La característica estructura colgante del puente y sus arcos neogóticos aparecen en todo tipo de películas, desde las clásicas de Woody Allen hasta “Godzilla”, “Colverfield”, o “Soy Leyenda” entre otras. Hay que apuntar que aunque no se sabe el porque, normalmente es destruido por monstruos, tsunamis, el malo mas malo o incluso por las mismísimas fuerzas aéreas estadounidenses. Si que es verdad que evidentemente, en sus 125 años de vida, cosas muy curiosas han pasado en este puente, como por ejemplo, al poco tiempo de ser inaugurado su tramo peatonal, la broma de una mujer que decía que la construcción se estaba desmoronando, causó una estampida en la que murieron 12 personas.

Otro espectacular proyecto que está a punto de ver la luz en las orillas de la ciudad de Nueva York en este mes de Junio, es el de las Cataratas del danés Olafur Eliasson, un artista apasionado por la relación entre la naturaleza y la tecnología. Seran cuatro en total, y estarán diseminadas por el lado este de la ciudad (Brooklyn, Manhattan y Governor’s Island). Para su construcción se están echando mano de unos andamios de entre 28 y 36 metros de altura sobre el nivel del río, por los que se elevará el agua hasta la cima, para caer de nuevo al East River.
Si se cumplen las previsiones de los organizadores, la compleja instalación podría aportar más de 50 millones de dólares a la economía de la ciudad durante el tiempo en el que esté operativa.

Esta especie de “cambio radical” en la fisonomía de la ciudad surge tras el éxito de la exposición de Christo en Central Park en 2005. Con la ayuda de su mujer, este tandem llamado Christo, instaló un total de 7.500 puertas naranjas a lo largo y ancho de la superficie del parque. Una exposición que, al margen de preciosa, fue de lo mas rentable.

De la misma manera, también hay que tener por seguro que será rentable el nuevo y grandioso proyecto que cambiara totalmente la fisonomía de Nueva York. Hablamos de lago grande; inmenso. Y es que este mes se ha aprobado por fin el desarrollo de todo un nuevo barrio en el corazón de Manhattan. Dos semanas después de que fracasara un acuerdo de mil millones de dólares para desarrollar una zona de la zona oeste (West Side), una empresa inmobiliaria ha retomado el plan e impulsado la idea del alcalde Michael Bloomberg de transformar el área en un gran distrito de negocios.


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Stephen M. Ross, jefe ejecutivo de Related Companies, ha firmado ya un acuerdo con la Autoridad Metropolitana de Transportes, para desarrollar 1.080.000 metros cuadrados de torres de oficinas, edificios de viviendas y parques, en los actuales patios de ferrocarriles que se ubican a ambos lados de la 11ª Avenida. Esta nueva zona, que ya tiene hasta nombre: Hudson Yards, ofrecerá vistas despejadas del río Hudson y Nueva Jersey, a la vez que hará que toda la zona oeste de Manhattan, hasta ahora moderadamente asequible, alce sus precios hasta el infinito y mas allá.

Este proyecto ya había sido hablado y revisado muchas veces, pero siempre terminaba en solo eso, habladurías. Quizá debido a la creciente inquietud por la economía y el mercado de crédito, no se había llegado a llevar a cabo. Pero parece que ahora sí es verdad y en unos años, se construirán en este área mas de cinco mil quinientas viviendas. Las autoridades locales, evidentemente, están felices ya que dicen que destinarán gran parte de los ingresos a la adquisición de nuevos trenes, estaciones y obras ferroviarias. Los ciudadanos no tanto, ya que el incremento de los precios de las viviendas, ya de por si altísimos, será mas que considerable.

Ya sea a base de cataratas, rascacielos o telescopios, lo importante es hacer un nuevo Nueva York que se abra al mundo y que empiece a confiar otra vez, no solo en los demás países del globo, sino en sí mismo. Está claro que la Gran Manzana comienza una nueva etapa. Esperemos que este llena de éxitos, porque se lo merece.