Otro Mundo Es Posible

Davos, la nieve del alma

En el Foro de Davos de 2018  han constatado que la economía, según el FMI, crecerá este año un 3,9%, una buena noticia si no fuese porque este crecimiento va a parar siempre a los mismos bolsillos, es decir, a los de ellos. De lo que más se habló en la cumbre suiza fue de reducir la desigualdad y allá, congeladas en el tiempo y en las intenciones, quedaron las palabras de los hipócritas.

En el informe “Premiar el trabajo, no la riqueza”, de Oxfam, se asegura que el 82% del crecimiento del pasado año, fue a parar al 1% más privilegiado del mundo. Es indecente  que un pequeño grupo de elegidos, apoyados por el sistema, se apoderen del grueso de la riqueza generada en el mundo merced a la explotación sobre las personas que trabajan para vivir. El axioma de que los ricos son cada vez son más ricos y que los pobres son cada vez más y más pobres se cumple inexorablemente. En la actualidad hay 2.043 individuos que poseen más de mil millones dólares y de ellos, el 90% son hombres. Tenemos 42 grandes fortunas que acaparan los mismos ingresos que los 3.700 millones de personas del mundo con menos recursos.

Por eso, los discursos de Davos, al margen de las palabras concedidas a Malala, premio Nobel de la Paz, a las ONG, a algún emigrante y a economistas preocupados por las desigualdades, que fueron escuchados con gesto paternalista por los asistentes, fueron pronunciados por las bocas de los que tienen los bolsillos llenos o las de sus representantes políticos. El colofón a tanto ricacho influyente, fue la visita del presidente norteamericano. Hacía muchos años que el Foro no contaba con la presencia de los dirigentes norteamericanos; pero, ante tanto barón capitalista, tenía Donald Trump que aparecer para amenazar a Palestina y charlar con los jefes de estado y con los empresarios fieles a su política y a su reforma fiscal y defender su slogan de: “América primero”.

Hay un par de cosas positivas a destacar en Davos 2018, la dirección del Foro por siete mujeres, después de 47 años de edición y la puesta en marcha del llamado Índice de Crecimiento Inclusivo. El nuevo índice tendrá en cuenta, para poder evaluar con garantías la evolución real de las economías, otros tipos de indicadores además del económico, como la facilidad de encontrar empleo, los ingresos medios de los hogares, la tasa de pobreza, la esperanza de vida, el uso de carbón en la industria o el peso de la deuda pública, entre otros.

Lo demás ya lo saben ustedes, manifestaciones contra la visita de Trump, yoga todas las mañanas para los asistentes, mucha nieve, mucha, mucha policía y almas heladas en cuanto a lo que a calor humano se refiere.

Por si quieren seguir leyendo lo que es obvio, España no es ajena a lo que les he contado. La tan cacareada recuperación económica viene favoreciendo cuatro veces más a los más ricos que a los trabajadores. La desigualdad en nuestro país sólo es superada por Rumanía y Bulgaria. Los beneficios empresariales crecieron en 2016 más del 200% con respecto al 2015, mientras los salarios bajaron una media del 30%. Si Noruega es el primer país con mejoras constantes en los niveles de desarrollo y en recuperación de las diferencias, seguida de  Islandia, Luxemburgo, Suiza y Dinamarca, España ocupa el puesto 26 entre los 29 países más desarrollados, sólo por delante de Italia, Portugal y Grecia, destacando por su alta tasa de pobreza,  por una deuda pública casi equivale al 100% del PIB y por la desigual distribución de los ingresos netos. Todo un despropósito que, como decía Machado, nos hiela el corazón… como las nieves de Davos.