Durante casi un año, miembros de la sociedad civil, organizados para protestar por la construcción del gasoducto de fracking de alta presión, que pretendía recorrer cinco millas en el vecindario de West Roxbury en Boston, se manifestaron sentándose en agujeros excavados para el gasoducto, lo que condujo a que 200 de ellos fueran detenidos. 13 de ellos fueron acusados de delitos de allanamiento y alteración del orden público.

El martes pasado, un juez de Massachusetts encontró que la desobediencia civil era una instrumento legalmente necesario para combatir los riesgos del cambio climático. El juez permitió que todos y cada uno de los acusados explicaran sus razonamientos para tomar medidas directas contra el oleoducto. Al concluir el testimonio, el juez consideró que los acusados no eran responsables,  el equivalente civil de no culpable, por razones de necesidad.

Según el Centro de Desobediencia Climática, este es el primer ejemplo de una decisión que apoya las razones de necesidad, en una acción directa contra la infraestructura de combustibles fósiles.

Este fallo es una estupenda noticia para el movimiento climático, que ha visto un aumento en la criminalización de las protestas ambientales en los últimos años a medida que aumenta la sensibilización frente a la amenaza de infraestructuras o agresiones directas al medioambiente. Así por ejemplo en 2018, ocho estados de EEUU, ya han puesto en marcha proyectos de ley que crearían nuevas sanciones para las protestas que interrumpan la “infraestructura crítica” como los oleoductos. Y el año pasado, 84 miembros del Congreso enviaron una carta al Fiscal General Jeff Sessions, preguntando si el Departamento de Justicia tenía competencia para tratar la disrupción deliberada de oleoductos como una actividad terrorista.

Y el fallo es también una buena noticia para los manifestantes de West Roxbury, porque la construcción del oleoducto ha sido bloqueada.

Si bien el caso de West Roxbury es un paso más en el movimiento climático, la defensa de la necesidad representa un baluarte en las protestas frente a los combustibles fósiles.

Esta línea argumental tendrá ocasión de verse próximamente en otro Estado, Minnesota, donde dos activistas climáticos enfrentan cargos criminales por cerrar una tubería de arenas alquitranadas. Conocidos como los Valve Turners, estos activistas -que enfrentan acusaciones penales que van desde delitos menores hasta delitos penales graves- han intentado argumentar que se les debe permitir presentar una defensa necesaria ante los tribunales.

Según, Marla Marcum del Centro de Desobediencia Climática, incluso los intentos fallidos de presentar una defensa de necesidad con respecto al cambio climático pueden tener un impacto positivo. Señala así un juicio en Boston en 2014, donde dos manifestantes trataron de utilizar una defensa de necesidad para justificar el bloqueo de un carguero de carbón con un barco de langosta. Después de argumentar durante el juicio que sus acciones eran necesarias para prevenir el cambio climático, el fiscal de distrito que procesó el caso retiró los cargos y anunció en una conferencia de prensa que “el cambio climático es una de las crisis más graves que el planeta haya enfrentado jamás”.

Aunque la decisión del juez de West Roxbury no establece ningún tipo de precedente jurídicamente vinculante, podría servir de táctica legal para los activistas que intentan que el sistema legal tenga en cuenta sus preocupaciones climáticas, especialmente cuando la iniciativa gubernamental no responde a la crisis climática con la celeridad y contundencia necesaria.