corrupcionBien es cierto que todos los partidos políticos y todos los candidatos se mostraran dispuestos a terminar con este monstruo de siete cabezas que parece que nos acompaña desde tiempo inmemorial. Sin embargo, en la praxis la cosa es absolutamente distinta y, o mienten en sus afirmaciones o tal vez sea que el árbol no les deja ver el bosque y no entiendan el porqué de tantas críticas al respecto.

Al principio de esta democracia heredera en vicios, protocolos, modos y jefatura de estado de la más ruin de las dictaduras que ha tenido España, nos prometían una honradez y una transparencia que iba a deslumbrar al mundo. No obstante, los ciudadanos sabedores de los peligros de las tentaciones mundanas, bancarías y empresariales, vimos, incluso defendimos, la idea de que nuestros políticos deberían estar bien pagados para evitar  instigaciones que pusieran en peligro su honradez y nuestra credibilidad. Pero el tiempo, que es al único que no se le puede engañar, ha puesto las cosas en su sitio. Son tan voraces que incluso ganando lo de Artur Mas – el mejor pagado de todos ellos -, no escaparían de la podredumbre de la corrupción. Para ello han contado y cuentan con mamporreros dispuestos a organizarles la entrada de “compensaciones”, tal vez los más ilustres sean Andreu Viloca, el rey del 3%; o Bárcenas, el reparte sobres, o el ambicioso Rodrigo Rato, aparente gran defraudador. Pero los hay a cientos, tal vez a miles, permitiendo hinchar los costos de las obras un 30, un 40 o un 50%, a cargo de las arcas comunes. Por tanto mi consejo – que no seguirán – es poner unos sueldos acordes con lo que están cobrando los trabajadores españoles, cortar de raíz el cobro de comisiones y controlar el coste de las obras públicas. Aunque les repitan unos y otros que así será, recuerden que en la práctica no se bajarán los sueldos, y dudo que renuncien a las mordidas, y darán como escusa que esto o aquello otro va para el partido; pero de ahorrar un euro a los españoles, nada.

Otra fuente de la corruptela es la entrega total a las empresas que un día fueron estatales – es decir, pagadas por todos – y pasaron a manos privadas. El Parlamento y el Gobierno, tienen la obligación de regular sus manejos; pero eso nunca llega, así pagamos lo que quieren y los conceptos que quieren de las energías de primera necesidad como la luz o el gas, y las de importancia productiva y de consumo como la gasolina; que ya se puede poner el barril de crudo a veinte céntimos que nunca llegarán sus bajadas al consumidor. Para ello esas empresas guardan sus sillones a la espera de las jubilaciones políticas para, presuntamente, agradecer los servicios prestados o para seguir disfrutando de influencias. Aquí la excusa es que los retirados tienen derecho a seguir con su vida laboral, es decir seguir cobrando sus dividendos conseguidos a costa del Pueblo. Y observen la poca vergüenza que tienen que, en plena campaña electoral, se siguen fugando ¿cerebros? a esas empresas.

Podría citar docenas de ejemplos de corrupción política pero, para no cansarles, solo les mencionaré una última: la falta de democracia real dentro de los partidos y que  trasladan a la política general colocando a mucho inútil para poder luego utilizarlos.  Es el negocio de la política y no quieren perderlo, seguirán habiendo parlamentos autonómicos sobrecargados de diputados, asesores y consejeros a manta; diputaciones provinciales y comarcas, y lo que es peor: un Senado inoperante y costosísimo. Les dirán que lo cambiarán por una verdadera cámara territorial; sin embargo, lo hubiesen podido hacer ya hace cuarenta años y lo único que han cambiado de la cámara alta es el agua de la piscina y los sueldos que han ido subiendo a pesar de la crisis.

Mi consejo es uno: honradez. Ser honestos con el Pueblo; pensar en el interés general, renunciando a los intereses particulares y a los de partido. Combatir la corrupción denunciando a los elementos que la practican sin excusas. Prohibir a quien haya ejercido un cargo público utilizar la puerta giratoria. Legislar bien para evitar abusos de las multinacionales, de la banca y de los monopolios, sean encubiertos o descarados. Establecer un sueldo justo – en sus dos acepciones – para los que ocupen cargos públicos. Independencia judicial real para evitar que la judicatura tenga “preferencias” por presión político-administrativa. Eliminar las instituciones innecesarias. Castigar con extrema severidad los casos de evasión de capitales, especialmente a quienes han prometido o jurado servir al Pueblo. Y en esta campaña ser sinceros con los votantes, aunque me temo que el peso de la corrupción ya es demasiado grande para confesar.