CabeceraElefantesCamerun-620x250MATANZA DE ELEFANTES EN ÁFRICA

Los elefantes son unas criaturas súper inteligentes, tan cercanos a nosotros como los simios y, aún así, los estamos llevando literalmente a la extinción.

Además, están obsesionados con la muerte.

Entienden qué les pasa a ellos y a sus familias hasta el punto de reconocer los huesos de otros elefantes y pasarse días llorándoles.

La caza furtiva les resulta tan devastadora a nivel emocional que una manada necesita 20 años para recuperarse.

En 2014, bandas criminales masacraron 35.000 animales para arrancarles sus colmillos. La cifra de 2011 fue de 25.000, lo que ha evidenciado el gran incremento.

Algunas veces a tiros desde un helicóptero, otras por mutilación de la cara a machete mientras todavía están vivos, sólo para producir baratijas de marfil.

Este comportamiento salvaje llevado a cabo por bandas criminales oculta algo mucho más grave: la financiación de algunos de los grupos terroristas más peligrosos del mundo.

La venta de marfil de cada elefante genera entre 8.000 y 10.000 dólares.

PAÍSES MÁS AFECTADOS

Los países más afectados son: Kenia, Uganda y Tanzania.

En Kenia murieron 302 elefantes en 2014, entre ellos Moutain Bull y Satao, los dos más famosos por sus largos colmillos.

El turismo representa el 20 por ciento del PIB y esos monumentales mamíferos constituyen una de las principales atracciones, pero como sucede en el resto de África, cada vez es más difícil verlos en las sabanas.

No estamos hablando sólo de un crimen contra la vida salvaje, sino también de un sabotaje económico.

Tanzania: un nuevo registro de los elefantes revela un declive catastrófico, con una población reducida a la mitad en cinco años.

Según las cifras del gobierno tanzano, la población de elefantes se ha reducido de 106.051 en 2009 a 43.330 en 2114, un número que anuncia un desastre.

La situación es particularmente alarmante para el ecosistema de Ruaha-Rungwa (parque nacional de Tanzania) donde sólo han sido contabilizados 8.272 elefantes en 2014 contra 34.664 en 2009.

Según  la ONG Traffic, especializada en la fauna salvaje, se ha detectado un profundo cambio en la rutas de los traficantes de marfil, destacando que los puertos tanzanos de Dar es Salaam y Zanzíbar son los principales puntos de exportación para las grandes cantidades.

Según expertos reunidos recientemente en Botsuana, los 470.000 elefantes salvajes que quedan en África, según recuento de la ONG Elephants Without Borders, podrían desaparecer en una veintena de años si la caza furtiva continúa al mismo ritmo.

557193_kenia_queman_marfil_caza_furtivaCONTRA TRAFICANTES DE MARFIL Y CAZADORES FURTIVOS

Para detener esas matanzas, de acuerdo con expertos de la AWF, es necesario acabar con la demanda de marfil mediante leyes más severas y campañas más efectivas.

Con el fin de frenar el tráfico, el gobierno nigeriano impulsó en 2011 nuevas regulaciones que establecen severas sanciones para penar la exposición, publicidad y compraventa de marfil.

Algunos parques nacionales importantes cuentan con equipos para la protección de la fauna que actúan como fuerzas paramilitares de respuesta rápida, dotadas de armas de alto poder, vehículos todo terreno artillados, helicópteros y drones de vigilancia aérea.

La Unidad contra Cazadores Furtivos de las Cataratas Victoria (VFAPU por sus siglas en inglés) capturó, en 2014, a 400 criminales, autores del asesinato de cientos de elefantes por envenenamiento con cianuro. Nueva modalidad muy peligrosa empleada por los furtivos par facilitar la caza.

Camerún, Chad y República Centroafricana acordaron en marzo de 2013 un plan conjunto de extrema emergencia contra los cazadores, el cual incluye el empleo de tropas, el intercambio de información de inteligencia y el incremento de sanciones.

En el lado chadiano la situación también es grave. Por la caza indiscriminada, la población de elefantes del Parque Nacional Zakouma pasó de 4000 ejemplares en 2006 a sólo 450 en 2011, lo que obligó a tomar fuertes medidas para proteger la especie.

El gobierno del Chad ha puesto en marcha un sistema de vigilancia que permite monitorear a las bandas en profundidad, antes de su llegada a las áreas protegidas y se destinan unidades de las Fuerzas Armadas para enfrentarse a ellas cuando entran en la región.

CONSECUENCIAS DE LAS CACERÍAS INDISCRIMINADAS

El primer daño y más grave es que, como resultado del aumento de las matanzas, los ejemplares con grandes colmillos cada vez son más raros en África.

La cacería indiscriminada provoca afecciones a esta especie, pues la muerte de elefantes mejor dotados impide que puedan pasar su carga genética y con el tiempo, son más pequeños y con menores colmillos los que predominan.

Pero la consecuencia genética no se limita a la reducción de la talla de los colmillos. Son cada vez más frecuentes los casos de hembras y machos desprovistos de los mismos.

Un estudio realizado en el Parque Nacional de Luangwa Sur, en Zambia, evidenció que, como consecuencia de la caza furtiva el número de elefantes sin colmillos aumentó del 10,5% en 1969 al casi 40% en la actualidad.

Este fenómeno se presenta en otras reservas naturales del Continente y el porcentaje de animales con esa deformación tiende a incrementarse.

EL NEGOCIO DEL MARFIL: FUENTE DE FINANCIACIÓN DE GRUPOS TERRORISTAS

Varios gobiernos le han declarado una nueva guerra al terrorismo y al crimen internacional. Y esta vez no se trata de bombardear países o poner a volar letales drones. Se trata de defender la biodiversidad.

Los crímenes medioambientales son el negocio más provechoso para los grupos terroristas como Boko Haram, el ejército de Joseph Kony y los responsables del genocidio de Darfur, que están aterrorizando a todo el continente africano gracias al dinero que obtienen con el marfil o los cuernos de rinoceronte.

Este tipo de crímenes contra la biodiversidad y el medio ambiente son un negocio de más de 150.000 millones anuales en todo el planeta.

Proteger a los elefantes africanos puede ser más efectivo para acabar con los grupos terroristas que liarse a tiros tras desplegar miles de marines en un territorio desconocido.

El marfil de los dos colmillos de un elefante tiene un valor en el mercado negro de unos 22.250€. Y cada año se matan entre 20.000 y 25.000 elefantes para hacerse con ellos. Algunas fuentes hablan de hasta 50.000 elefantes muertos cada año.

La caza furtiva se ha multiplicado en los últimos años, convirtiéndose en ataques masivos que realizan grupos paramilitares usando hasta lanzagranadas y todo tipo de armamento pesado para masacrar cuantos más ejemplares mejor.

En el cuerno de África, las  milicias de Al-Shabab que aterrorizan Somalia trafican con la caza furtiva de Kenia; los mismos paramilitares responsables del genocidio de Darfur se desplazan cientos de kilómetros hasta Chad, Camerún o la República Centroafricana para conseguir marfil.

Boko Haram, que secuestró a 200 niñas en Nigeria y ya ha matado a 2000 personas en apenas seis meses, cada vez realiza más incursiones en Camerún en busca de elefantes, diseminando su violencia por el país vecino.

Joseph Kony, objeto de una campaña global contra sus tropelías, se abastece de bienes naturales por todo el África Central.

Sin el dinero de la caza furtiva todos estos grupos terroristas serían muchísimo más débiles. La mejora de la conservación de la biodiversidad se nota en el bolsillo de muchos grupos armados ligados al comercio ilegal de vida salvaje.

EL PAPEL DE CHINA

China es el principal comprador de estos cuernos y marfiles.

Siete de cada diez ciudadanos creen que los colmillos proceden de elefantes muertos por causas naturales.

El aumento del valor de estos bienes ilegales ha crecido tanto como el gigante asiático, pero no es el único culpable.

Hoy, un cuerno de rinoceronte puede valer hasta 185.000 euros y una partida de caza furtiva cuesta unos 200 euros. Es más rentable que comerciar con drogas e incluso diamantes.

El crecimiento de Asia, y de China en particular, ha sido tan rápido que está teniendo un impacto enorme en la biodiversidad de todo el planeta.

Ha surgido una clase de “nuevos ricos” que igual que se compra un Mercedes, se quieren distinguir por comer una rara tortuga, tonificarse con un extracto de tigre y tener una enorme pieza de marfil en su casa.

Por otro lado, es común entre las empresas, realizarse regalos a base de piezas de marfil o pieles de tigre.

La solución al problema es difícil, ya que las economías desarrolladas se benefician enormemente del acceso a los recursos de los países en desarrollo.

Planes como la prohibición del comercio del marfil se quedarán cortos porque atacan a sus consecuencias y no al origen del problema.

6c264dd8-e960-4a74-8858-2710d012506d_africa7PONIÉNDOLE SOLUCIONES AL DRAMA

Gabón se ha tomado el problema en serio. Lee White, el director de la agencia de parques nacionales, no suena nada optimista. Pinta su trabajo más como el de un militar que como el de un conservacionista.

“Cada mañana temo llegar a la oficina y ver los mensajes. El otro día había 40 elefantes abatidos a los que les habían quitado la cabeza con una sierra mecánica. Además, han empezado a dispararnos y hemos tenido que movilizar al ejército”.

El presupuesto de Gabón ha crecido de 1 millón de dólares a 12 en un año. De 100 personas han pasado a ser 500 y van a llegar a 1.000, pero no pueden evitar la caza ilegal ellos solos.

En junio del 2012 el presidente de Gabón quemó en un acto público más de 1.200 piezas de marfil incautadas para demostrar que iba en serio contra el furtivismo.

Los países y las agencias internacionales empiezan a combatir el tráfico ilegal de especies (principalmente marfil y cuernos de rinoceronte), ya que alimenta a grupos armados y lo realizan a menudo las mismas redes que explotan a seres humanos o trafican con drogas.

El FBI, la INTERPOL, la Organización de Naciones Unidas para el Crimen Organizado y las Drogas, la Organización Internacional de Aduanas y hasta el Banco Mundial han creado grupos para perseguir el tráfico ilegal de especies.

UNA ÚLTIMA OPORTINIDAD PARA LOS MÁS GRANDES DE ÁFRICA

Este año no ha empezado nada bien para los animales salvajes en África. El mismo 1 de enero, siete leones eran abatidos y descuartizados en Tanzania.

A finales de enero, Sudáfrica anunciaba que durante el 2014 se batió el récord de rinocerontes asesinados por furtivos: 1.215, un 21% más que el año previo.

En enero también, grupos milicianos en motocicletas han asesinado a 19 elefantes en el norte de Mali, en una zona controlada porAl Qaeda.

Estas especies se enfrentan cada año a un pelotón de fusilamiento en todos los rincones de África que está disparando el número de masacres en el continente y que pone en duda su supervivencia. El furtivismo está fuera de control.

No es sólo un problema medioambiental, ya que el marfil también es un problema de criminalidad, terrorismo y geopolítica de primer orden. Tanto es así que EE.UU, la UE y China han lanzado importantes planes para frenar la sangría que sirve para financiar el terrorismo.

Obama pone encima de la mesa más agentes, más centros de investigación y más recursos para plantar cara a esta tragedia que estuvo en el centro de la agenda de la cumbre EE.UU-África del año pasado.

Por otro lado, China no quiere perder comba, y combate este delito con importantes penas de cárcel.

Por su parte, la Unión Europea ha puesto en marcha una iniciativa que requerirá el desembolso de 6.000 millones de euros  en la próxima década.  A principios de mes, entró en vigor una nueva normativa que frenará la entrada de trofeos de caza desde África. Elefantes, rinocerontes y leones no podrán entrar en la UE.

Precisamente España, es hasta ahora el mayor importador de trofeos de caza de leones de toda la UE, superando incluso a Rusia. La mayoría de esos trofeos se lograron en Sudáfrica, cumpliendo con todos los criterios legales y de sostenibilidad. Un reclamo turístico tan legal como beneficioso.

La nueva norma pretende poner más pegas a los traficantes: organizaciones como WWF denuncian que se servían de este vacío legal de los trofeos de caza en la maleta para llevar marfil y cuerno de rinoceronte desde África a Asia pasando por la UE.

Los traficantes buscan nuevas vías y, ahora España se ha convertido en un importante paso del marfil desde África Occidental hacia el sudeste asiático. En diciembre de 2012, las autoridades de Malasia interceptaron un cargamento de 24 toneladas de marfil (1.500 colmillos) que desde Tongo había pasado por España y que viajaba hacia China.

En los últimos años se están haciendo progresos en la concienciación de los propios países africanos sobre la importancia de conservar estos tesoros naturales, tanto desde el punto de vista medioambiental como el económico: un elefante vivo vale más que 75 cazados. Es el caso de Botsuana, que ha prohibido la caza en la reserva en la que lo hacía el rey Juan Carlos I para mejorar su imagen de cara al turismo. Sudáfrica, uno de los mayores graneros de biodiversidad del continente, ya se plantea crear un mercado legal de cuernos de rinoceronte para evitar que los asesinen. Ya quedan menos de 5.000 rinocerontes negros en África y sólo cinco de la subespecie de rinoceronte blanco del norte.

El comercio ilegal y la financiación de grupos terroristas han desbordado claramente al medio ambiente. No es un problema ambiental clásico con una solución convencional. Es un problema de seguridad nacional, de aduanas, de comercio internacional, de terrorismo, de lavado de dinero, con implicaciones en la medicina tracidional y en la alimentación.

De continuar con las matanzas, los grandes de África, como los elefantes, se extinguirán. O por selección natural, las nuevas generaciones serán de menor talla y perderán sus espléndidos colmillos de marfil, que podrán verse entonces sólo en los museos.