La inmigración ha sido siempre un punto bastante delicado en las políticas de este país. Todos sabemos que Estados Unidos ha sido, es y será un gran foco de inmigración a nivel mundial. Ciudades como Chicago, Nueva York o Los Ángeles son destino de cientos de miles de inmigrantes cada año. Lo mismo pasa con las ciudades situadas en el sur como Miami o San Francisco o las que bordean la frontera con México (El Paso); las cifras siguen subiendo.

El gobierno sabe que la inmigración tiene un impacto muy positivo en la economía de este país. En concreto, algo más de 30.000 millones de dólares al año. Además, la inmigración incrementa la media de los salarios de los ciudadanos estadounidenses, gracias entre otras cosas, a que su aportación aumenta la producción total de la economía.

[En 2006 los inmigrantes sumaron el 15 por ciento de la fuerza laboral de Estados Unidos]

El informe que el Consejo de Asesores Económicos del presidente George W. Bush ha elaborado a propósito de este debate acerca de la inmigración, subraya que los inmigrantes tienden a “completar y no a sustituir” a los nativos con sus trabajos, y recalca que por eso, “limitar la inmigración sería un camino poco eficiente para ayudar a los americanos con un salario relativamente bajo”. Según los datos recopilados en este estudio, en 2006 los inmigrantes sumaron el 15 por ciento de la fuerza laboral de Estados Unidos y en los últimos diez años fueron responsables de aproximadamente la mitad del crecimiento del empleo en este país.

fotoUna de las claves por la que esta reforma en las leyes de inmigración es tan importante, es lo que ya se denomina como la “esquizofrenia migratoria aguda” que sufre América. Todos los días vivimos claros ejemplos de lo que parece un miedo crónico al inmigrante. Y es que aunque el año 2001 nos empiece a parecer lejano, en este país, todo el mundo tiene demasiado fresco el fatídico 11 de Septiembre. Ese día, la mentalidad estadounidense sufrió un duro golpe en lo que “miedo al inmigrante” se refiere. Desgraciadamente, este miedo se ha mantenido vivo en parte, por culpa de un gobierno que así lo desea. La tristemente famosa construcción del muro de 700 millas (1,126 Km.), en la frontera de Estados Unidos con México, para evitar la entrada de indocumentados, da gran muestra de ello.

Pero ahora, las propuestas de ley que George W. Bush tramita desde hace semanas, vienen cargadas de polémica por todos los frentes. Para empezar, la sociedad americana ya ha llegado al punto de total desconfianza ante su presidente. Hay que decir que según el sondeo realizado por la cadena NBC News y por el diario Wall Street Journal, la tasa de aprobación del presidente Bush, entre sus ciudadanos ha alcanzado su nivel más bajo desde que está en el poder, no alcanzando ni el 29 por ciento.

Por otro lado, los demócratas que se quejaban de la difícil situación de los inmigrantes, se encuentran con nuevas resoluciones que no dejan de tener una doble cara. Las nuevas propuestas apuestan por lograr la regularización de los indocumentados, a la vez que por el control sobre la inmigración ilegal. Pero, como casi todo en este país, a un precio muy alto.

[“Las personas que no quieran ser parte de este proceso se van a ver casi como no personas”]

Para obtener una tarjeta (a prueba de falsificación) con la que acceder a un visado de trabajo, los inmigrantes ilegales que superen ciertos requisitos de tiempo de residencia, ingresos etc. deberán abonar unos mil dólares. Si además se quiere optar a la ciudadanía, el proceso es algo más engorroso y además de pruebas de inglés y de educación cívica, se deberá regresar al país de origen para postular y abonar cinco mil dólares. Eso si, a cambio, también, se tendrán que someter a investigaciones sobre antecedentes, el pago de impuestos con efecto retroactivo y la obligación de poseer un trabajo fijo. Lo peor es que, como explica el director de los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos, Emilio T. González, “las personas que no quieran ser parte de este proceso se van a ver casi como no personas. Las tasas de deportaciones van a subir y no van a poder trabajar y mantener su estatus en la sociedad norteamericana”.

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fotoLa nueva ley, también contempla un reforzamiento de los controles fronterizos, así como un aumento en las sanciones a las empresas que contraten indocumentados. Se podría decir que esta es la parte creada para contentar al sector republicano mas conservador, que considera que este proyecto de ley ofrece una amnistía a las personas que han transgredido la ley.

El gasto total para reforzar los controles fronterizos se estima en 4.400 millones de dólares. Una suma abultada que desembolsaría el Departamento del Tesoro en vistas a recuperarlo con las multas a los inmigrantes. El cálculo no es difícil; cinco mil dólares multiplicado por 12 millones de personas, es mucho dinero. “Más agentes de Patrulla Fronteriza, más cercas, más cámaras infrarrojas y otras tecnologías” es lo que nos promete el presidente. Además se contempla un cambio en la política de visados donde los lazos familiares pesarían menos que el dominio del inglés y el nivel educativo alcanzado por los postulantes. Un sistema por puntos que probablemente reducirá las posibilidades de los sudamericanos, que suelen viajar con conocimientos rudimentarios del inglés.

[Juegos de dobles palabras y omisiones parecen la tónica en este tema]

Otro de los puntos que mas críticas ha recibido es el que prevé que se prohíba de por vida la entrada a Estados Unidos, incluso con un visado de trabajo o como turista, a cualquier inmigrante que sea detenido intentando cruzar ilegalmente la frontera. Y es que en cuanto se nombra la posibilidad de “no retorno”, del país de origen, es cuando la ansiedad colectiva se desata. De hecho, la mayoría de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos están dispuestos a acatar las disposiciones de este proyecto de ley si así consiguen legalizar su situación.

En total se calcula que un 83% solicitaría el nuevo “Visado Z” de trabajo, para trabajadores inmigrantes ilegales que se encuentran en Estados Unidos. Pero un 14% dijo que no pediría el visado al considerar que “era más fácil” seguir viviendo indocumentadamente.

Todavía tenemos que esperar al veredicto final sobre este nuevo proyecto de ley, pero para ser sinceros, no suena nada alentador. Sería fabuloso que todos los inmigrantes que residen en Estados Unidos se informaran en profundidad acerca de todos estos cambios antes de emitir un juicio de los mismos. Por supuesto, el gobierno estadounidense, así como los medios de comunicación aquí, no lo ponen nada fácil; juegos de dobles palabras y omisiones parecen la tónica en este tema. Pero eso, por desgracia, tampoco es nada nuevo.