El Presidente George Bush ya ha ratificado su intención de llevar a cabo un incremento en la dotación de tropas, tanto en el Ejército como en los Marines (entre 15.000 y 30.000), con el objetivo de zanjar la guerra que comenzara en el año 2003 y dotar a los militares de los efectivos necesarios para mantener esta lucha durante un largo periodo de tiempo.

Según palabras del propio presidente, el pasado 2006 “ha sido un año difícil para las tropas”, pero la gente en la calle ya esta cansada de palabrería y esta empezando, poco a poco, a despertar del encantamiento que los discursos de Bush han estado produciendo todo este tiempo. Las cifras que se manejan a día de hoy son bastante elocuentes; la muerte a finales del pasado diciembre ha elevado la cifra de bajas en Irak desde 2003 a 2.982 soldados, dato que sobrepasa el número de 2.973 personas que murieron en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Si que es verdad que la sociedad estadounidense se siente “obligada”, tras los fatídicos atentados contra el World Trade Center, a combatir cualquier tipo de terrorismo, en especial el islámico extremista. Y es precisamente ese sentimiento de compromiso, junto con un patriotismo exacerbado, el que mantiene un mínimo de comprensión hacia una devastadora guerra que tantas vidas se ha cobrado y se cobrará.

Esperemos que este país, tan maravilloso cuando quiere, encuentre pronto la manera de entender que hay muchos otros modos de tratar cualquier tipo de desavenencia, por peliaguda que sea y que en una guerra, nunca hay vencedores, solo vencidos

Los rumores sobre las nuevas estrategias que el presidente quiere guardar en secreto por ahora, junto con la publicación de los resultados del informe Baker-Hamilton, que recomiendan un cambio de estrategia en Irak, mantienen expectante, la opinión de la calle aquí, en Nueva York. Pero todos sabemos que sea cual sea la nueva estrategia, el objetivo final del presidente es la victoria en Irak y la retirada de las tropas, por desgracia, no entra ni por asomo en sus planes.
fotoSu juego es tratar de convencer a todos de que donde no hay una victoria, hay una derrota y hoy por hoy, decirles a los Americanos que “las consecuencias de la retirada afectarían a la credibilidad de América”, hace que de momento, el grueso de la opinión norteamericana ceda ante el alargamiento del conflicto.

Uno de los principales opositores a la medida, es el jefe del Mando Central de Estados Unidos y máximo responsable militar para Oriente Medio, el teniente general John Abizaid, quien a finales del año pasado anunció que abandonará su puesto a comienzos de 2007. Lo cual va a suponer un obstáculo menos para que la Casa Blanca adopte nuevas decisiones sin problemas.

Todos sabemos que las elecciones legislativas de noviembre y las últimas encuestas, demuestran que la posición de los ciudadanos sobre la guerra es contraria a este incremento en tiempo y en numero de tropas, pero Bush, hace caso omiso a las presiones internas que ahora está recibiendo, y juega la baza patriótica acerca del apoyo a los soldados. Lo cual, de momento, funciona. Quizás no tanto en grandes ciudades como Nueva York, pero recordemos que el grueso norteamericano, vive en pequeñas y autistas poblaciones. “Si usted ve a un soldado, marinero, aviador, infante de Marina o miembro de los Guardacostas, dedique un momento para detenerse y decir, ‘Gracias por su servicio'”, llegó a comunicar en su discurso navideño.

Hillary Clinton se mantiene firme en su opinión contra dicha medida. Pero el tema no debe estar tan claro cuando frente a esta opinión de Clinton, su compañero de partido, Harry Reid, ha defendido la idea de incrementar el número de soldados por un período limitado de tiempo. Incluso ella misma ha llegado a apuntar que se niega a esta disposición salvo que forme parte de un plan mayor.

Esperemos que este país, tan maravilloso cuando quiere, encuentre pronto la manera de entender que hay muchos otros modos de tratar cualquier tipo de desavenencia, por peliaguda que sea y que en una guerra, nunca hay vencedores, solo vencidos.