La Nueva Economía o Economía Alternativa que aglutina las actividades incluidas en la Economía Colaborativa, las Finanzas éticas y la Economía Social y Solidaria, se plantea como su razón de ser, repensar nuestra relación con el dinero, para que este sea un medio y no un fin, apostar por el desarrollo humano y no por el crecimiento económico, y en consecuencia, acortar el ciclo de producción, distribución y consumo, promoviendo la economía circular, la colaboración entre personas y entre empresas, y repensar el papel de la empresa en la actividad económica.

Esta comunidad de economía alternativa se está desarrollando entre otras actividades, en torno al ecodiseño, a la bioconstrucción y el urbanismo sostenible, a la energía asequible y renovable, la soberanía alimentaria, las Smart cities, el bienestar personal, la moda sostenible, o la creación de espacios de intercambio y el consumo y producción locales.

En medio del caos político en el que se desenvuelve el mundo, la defensa numantina de intereses económicos dominantes, la desigualdad creciente, los perennes desafíos sociales y las amenazas del calentamiento global y la escasez de recursos naturales, este movimiento supone un soplo de aire fresco y de esperanza en otra forma de convivencia social y económica.

Y es que la economía alternativa ha dejado de ser ya un movimiento para convertirse en una realidad con datos bien contrastados:

– en economía colaborativa, según PwC el conjunto de plataformas tecnológicas analizadas (275) generaron en 2015 unos ingresos de 3.600 millones de euros y un volumen de operaciones por valor de 28.100 millones

la economía social y solidaria, según CEPES, cuenta en Europa con 2 millones de empresas y 14,5 millones de empleos que producen el 8% del PIB comunitario.

– por su parte, en finanzas éticas, el Estudio global de inversión sostenible 2016, de la Global Sustainable Investment Alliance, revela que en 2015, 22.89 trillones de dólares se gestionaron bajo criterios de inversión sostenible, un aumento del 25% respecto a 2014.

La inversión de impacto, el informe anual de la Global Impact Investing Network (GIIN) organización mundial referente en inversión de impacto, muestra que la inversión de impacto captó 77.400 millones de USD en 2015 con un rendimiento neto de la deuda del 5,4% en mercados desarrollados y 8,6% en mercados emergentes; y una rentabilidad en las inversiones en capital del 9,5% en los mercados desarrollados y un 15,1% en los mercados emergentes.

Ahora bien, en este ecosistema también hay fraudes, ruido y desafíos, muchos desafíos que marcarán su futuro próximo.

Fraude, porque como en las peores prácticas de la economía ortodoxa, el éxito de algunas de estas iniciativas ha dado lugar a un crecimiento rápido, cincelado a golpe de marketing y de un abuso de los derechos laborales, o del aprovechamiento hasta el límite del marco jurídico existente.

Ruido, porque la nueva economía ha sabido articular un relato atractivo basado en su misma razón de ser (la democratización del mercado, el valor conjunto para consumidores, empresa y sociedad, un lenguaje universal donde las diferencias culturales son menores y los lazos sociales y el fortalecimiento del tejido cívico y el respeto al medioambiente su seña de identidad) pero no puede dejarse llevar por las modas y los ismos que están acompañando el desarrollo de la responsabilidad social, las certificaciones, auditorías de escasas garantías o las propias figuras de la economía alternativa como las B-Corps (hasta ahora empresas con fines sociales estatutarios y con escasos controles).

La nueva economía debe apostar por unos marcos jurídicos sólidos y globales a la hora de liberar el potencial de todo su ecosistema y aumentar al máximo posible su incidencia social positiva en cuanto a empleo y crecimiento.

Desafíos. La supervivencia y el éxito de la economía alternativa dependen de algunos factores críticos.

  • La dependencia de innovaciones disruptivas que solucionen problemas sociales, en medio de un entorno socioeconómico que aumenta las desigualdades a ritmo vertiginoso, y donde el poder de las grandes corporaciones ha secuestrado los valores democráticos y el potencial de la tecnología para salvar barreras de distinta índole.
  • El desafío de vencer resistencias regulatorias y jurídicas que frenan estos avances y donde los daños raramente son reparados en su integridad.
  • El desafío de educar a una población en un modelo de producción y consumo más cercano a la esencia del ser humano y la ecología, en una tarea contrarreloj que llevará varias generaciones y donde necesariamente hay que elegir entre coste y valor. Aquí es clave, mejorar la visibilidad de la economía social y el impacto que ésta tiene en la sociedad, para garantizar un conocimiento suficiente que ayude a la formulación de políticas públicas.
  • El desafío generacional. Se está produciendo lentamente un cambio de mentalidad, pero debemos saber inculcarlos en las generaciones venideras, especialmente teniendo en cuenta las diferencias culturales intergeneracionales. La nueva economía tiene su base social en personas sobre todo de la generación X y principios de la generación Y, pero ¿Sabremos inculcarla a jóvenes de la generación Y y la generación Z, para los que las perspectivas sociales y de empleo son bastante distintas a las nuestras?
  • Finalmente, la economía alternativa está ganando el relato pero falta mayor incidencia política. Hasta ahora, estas iniciativas han sido apoyadas por los poderes públicos de forma testimonial, anecdótica o a golpe de recursos ante los tribunales. A nivel europeo, la Comisión y el Consejo, han tenido en cuenta a la economía social, la innovación social y las políticas de inversión social en el marco de la Estrategia Europa 2020 y de su revisión, pero falta más contundencia en la diseminación de buenas prácticas, y en el apoyo por autoridades nacionales y locales.

La economía alternativa tiene que promover el diálogo con los círculos políticos para que la sociedad entienda mejor su papel al mismo tiempo que consolida la construcción de comunidades empresariales y sociales resilientes. Este foro es una muestra en esta dirección.

Pero sobre todo ha de incidir en varios temas claves:

  • Tiene que pasar de la pasión del relato a la medición de impactos, a través de KPI universales y no propietarios y sobre todo, incidir en la distribución de su valor social bien en sus trabajadores, y/o en las comunidades donde opera.
  • Trabajar con especialistas y los poderes públicos en la medición de la contribución real de la economía social a los principales agregados macroeconómicos.
  • Trabajar con entidades financieras para el acceso adecuado a la financiación.
  • Y sobre todo, para ganar en escala, tiene que hacer de las alianzas proactivas y transformadoras la llave para la innovación y las redes a largo plazo.