Desde hace tiempo venimos manifestando nuestro desacuerdo con las medidas económicas que se están adoptando en la Unión Europea para afrontar la crisis financiera por varios motivos:

  • No se ha reconocido claramente cual es el origen de la actual crisis, es decir, el exceso de avaricia del sistema financiero más desarrollado, el estadounidense, que “inventó” los derivados subprime y con la aquiescencia de las agencias calificadoras los extendió por todo el mundo, provocando la parálisis del sistema cuando estalló dicho invento.
  • No está claro que las estructuras políticas que gobiernan los estados europeos,  carezcan de intereses comunes con importantes actores del sistema financiero. Créditos pendientes, donaciones, mecenazgos y demás figuras, hacen difícil la tarea de aplicar medidas objetivas a los bancos.
  • No puede ser que la solución a los problemas generados por la crisis financiera, se basen fundamentalmente en la necesidad de sacrificios por parte de la ciudadanía. Puede ser que participásemos en el banquete del crédito, pero si ha habido un problema de intoxicación, deberá reclamarse al cocinero y no a los comensales.

Por eso, seguimos pensando que la rebaja de las condiciones laborales que se nos viene encima (esa que nos asegura que debemos competir en Europa con las condiciones de otros lugares para mantener nuestros puestos de trabajo), no deja de ser una respuesta obsoleta del sistema de economía capitalista, en su versión más rancia.

Los intereses del sistema económico nunca pueden estar por encima de los intereses de la sociedad. Debe ser aquel el que sirva, complemente y favorezca el desarrollo humano y social. Si las respuestas que ofrece son equiparar los derechos a la baja, será sólo el primer paso. Después vendrán los abusos derivados de la concentración de poder a nivel global sobre las condiciones de la oferta, la falta de respeto, por ineficiente, por las culturas más débiles, el  atropello al medio ambiente porque limita el desarrollo, etc.

No podemos asimilar este tsunami capitalista sin reflexionar. No podemos creernos que el sistema económico funcionará mejor cuando nuestras condiciones laborales sean similares a las del extremo asiático, porque no es verdad, sus ciudadanos trabajan en condiciones que aquí serían ilegales y con ello sus empresas y las que se trasladan allí, hacen claramente dumping social en su provecho.

Si asimilamos que los ciudadanos europeos debemos coger lo que nos pongan delante para conseguir un trabajo o mantener el que tenemos, puede que nos sirva para tapar las penurias de hoy, pero al hacerlo sin una sola protesta, sin una sola reflexión sobre lo que significará para las condiciones que tendrán nuestros hijos, estaremos  admitiendo como buenas las rancias recetas que nos imponen. Es necesario trabajar, eso está fuera de toda duda, pero también resulta necesario que se oigan nuestra opinión sobre las medidas que se avecinan.

Europa ha dado ejemplo de como combinar economía y desarrollo social durante décadas. Si ahora el miedo que se han encargado de difundir,  nos hace admitir sin una sola queja el desmantelamiento de años de progreso social, puede que el ejemplo de ésta noticia se acabe convirtiendo en más habitual de lo que podemos imaginar.