Cuando la ciudad despertó y desde la calle Empedrado, donde nos alojábamos, bajé por ella hacia la catedral y la bahía, su luz, el frescor de la mañana  junto al mar y el trajín de sus calles bulliciosas y dicharacheras me embriago de tal forma, que hoy todavía sigo deslumbrado. Esa perla del Caribe que con permiso de Dominique Lapierre he llamado la Ciudad de la Alegría, es alegre, vivaracha y jaranera, que no descansa ni de noche ni de día, que sin tregua ninguna te envuelve y arropa entre sus brazos seduciéndote sin importarle quien seas, como amante exigente y egoísta que se adueña de ti, dejándote una  huella profunda en el corazón.

Todo comenzó en el año 1508  cuando Sebastián de Ocampo recibió el encargo del comendador mayor de la orden de Alcántara frey Nicolás de Ovando, Gobernador de las Islas y Tierra firme del Mar Océano, en Santo Domingo, isla de La Española, de continuar la exploración de las costas y averiguar si la cercana Cuba era una península de las Indias Occidentales, por el contrario, una isla.

Cuba había sido descubierta ya por Cristóbal Colón en su primer viaje, sin embargo, su reconocimiento fue muy precario, pues, incluso el propio Almirante llegó a dudar de su insularidad.

La expedición de Ocampo partió de Santo Domingo en 1508 en dos carabelas y con una tripulación compuesta únicamente por marinos, se dirigió hacia el norte atravesando el estrecho que separa Cuba de La Española. Enfilaron la costa norte de la isla de Cuba, bordeándola en sentido Norte-Oeste. Navegaron por el canal de las Bahamas y dejaron constancia de la existencia de los principales hitos geográficos entre ellos la bahía de la Habana a la que llamo Puerto Carenas, ya que en ella entraron a carenar los barcos. Ocampo retorno navegando por la costa sur de Cuba hasta llegar a La Española viaje en el que tardo ocho meses debido en parte a realizarlo en contra de la corriente del Golfo, certificando definitivamente que Cuba es una isla.

La ciudad fue fundada por Pánfilo de Narváez lugarteniente del gobernador general de Cuba, Diego Velázquez de Cuellar en la costa sur entre abril y agosto de 1514 y fue bautizada como San Cristóbal de La Habana. Su denominación surge de la fusión del nombre del santo escogido como patrón, San Cristóbal y del nombre por el cual se le conoció en sus primeros asentamientos: Habana. Existen varias hipótesis sobre el origen del nombre “Habana”, la más aceptada de ellas, se deriva del nombre de un cacique taíno llamado Habaguanex, que controlaba la zona de su primer asentamiento, ubicado en zonas aledañas a la costa sur de la actual provincia de Mayabeque.

Tiempo después se trasladaría al norte en el sitio donde hoy se encuentra, las excelentes características del puerto de Carenas, hoy puerto de La Habana, como refugio para las naves y entonces rodeado de bosques de maderas preciosas y frutales propiciaron que se estableciera la ciudad en su lado oeste y que luego se extendiera a su alrededor. Hay una hipótesis de que hubo una segunda ubicación en las márgenes del río Almendares, que los indios llamaban Casiguaguas, donde los fundadores trataron de represar las aguas, conservándose en la actualidad los muros de contención de la obra hidráulica más antigua del Caribe.

El 16 de noviembre de 1519 se funda la incipiente villa con la celebración del primer Cabildo y la primera misa bajo la sombra de una Ceiba, donde en 1828 se erigiera El Templete, a un costado de la plaza de armas. La ciudad inicial con un trazado urbanístico irregular fue una humilde aldea con chozas de madera y techo de guano.

En 1555 el pirata francés Jacques de Sores llamado el “Ángel exterminador” arrasó la villa y durante un mes los piratas saquearon casa por casa matando a todos los españoles y esclavos africanos, destruyeron la fortaleza de la Fuerza Vieja  y quemaron gran parte de la ciudad. Quemaron además las naves del puerto y destruyeron gran parte de los alrededores. Destituido el gobernador civil don Gonzalo Pérez de Angulo y enviado a España preso acusado de imprevisor, cobardía y abusos por haber huido del ataque de los corsarios fue nombrado el primer gobernador militar capitán don Diego de Mazariegos que en los diez años de su mando reconstruyo la fortaleza de la Habana y cooperó con los vecinos para reparar los daños que los corsarios habían ocasionado a  la ciudad.

La importancia de la villa fue reconocida desde muy temprano gracias a las posibilidades que brindaba el puerto y refugio la bahía. Ente 1537 y 1541 se organiza el Sistema de Flotas y Armadas para la protección del comercio de Indias, y es elegida La Habana como punto de reunión de los convoyes. En 1553, La Habana se convierte en capital de la isla al trasladarse desde Santiago de Cuba el gobernador español. La villa adquirió el título de ciudad en 1592, coincidiendo con el final de la obra civil más importante del siglo XVI: la Zanja Real, primer acueducto construido en Cuba para llevar agua a la ciudad y se reconoce formalmente como capital de la isla por Cédula Real de 1607.

Entre 1558 y 1575 se construye el castillo de la Real Fuerza en sustitución de la Fuerza Vieja, comenzaron las labores de construcción de la fortaleza, bajo la dirección inicial del ingeniero Bartolomé Sánchez y luego de Francisco Colona. La fortaleza se alza en el espacio que ocupo la primitiva plaza de la villa frente al canal de entrada de la bahía. La Torre del Castillo de la Fuerza está coronada por una figurilla a manera de giralda que representa la Victoria, portando en su brazo derecho una palma de la que sólo se conserva el tronco, y a la izquierda, un asta, la cruz de Calatrava, de cuya orden era caballero Juan de Bitrián y Viamonte Gobernador y Capitán General de Cuba entre 1630 y 1634; en la parte inferior del asta se ven las grapas que sujetan la banderola que servía para dar dirección al conjunto por la acción del viento. La Giraldilla es uno de los símbolos más representativos de La Habana y el más antiguo. Cuentan que el escultor que la moldeó, se inspiró en una historia de esperanza, fidelidad y amor, que debido a la gran popularidad marcó un hito en la historia, la de Isabel de Bobadilla.

“La hermosa Isabel casada con Hernando de Soto, Capitán General de Cuba, cargo que le otorgó el rey de España Carlos I, fue quien dio origen a la leyenda.  Isabel es la única gobernadora de Cuba ya que así la nombra su marido mientras él está ausente en tierra firme, llegando desde la Florida hasta el río Misisipi. La gobernadora todos los días se paraba en lo alto de la torre, a esperar a su amado esposo, con la vista perdida en el horizonte esperando ver las velas que lo trajeran de vuelta. Inútil espera, el gobernador nunca regreso pues murió de fiebres a orillas del Misisipi.”

En 1556 el rey Felipe II ordena a Diego de Mazariegos, fortificar el morro que está a la entrada del puerto. En 1563 se alza una primera construcción una torre que sirva de atalaya en la altura del morro, el 10 de diciembre de 1558 Felipe II, en una real cédula decide como ha de llamarse el castillo de los Tres Reyes del Morro de la Habana y el castillo de Salvador de la Punta. El primer sistema defensivo de la Habana se sustentaría pues en estos tres edificios. Permitiendo divisar cualquier peligro en las costas y cruzar fuegos si un barco intentara forzar el puerto. En 1603, el ingeniero militar Cristóbal de Roda traza el carácter policéntrico de la ciudad y la forma rectangular de sus manzanas en la que los edificios símbolos del poder político, económico y religioso presiden plazas diferentes. La Habana se desarrolla alrededor de cinco plazas, “la de Armas, San Francisco, la Ciénaga, Santo Cristo y la Nueva hoy conocida como Vieja”.

En 1649 una epidemia de peste proveniente de Cartagena de Indias, diezma a una tercera parte de la población habanera.

Durante el siglo XVII La Habana se engrandece con construcciones monumentales civiles y religiosas. Se erige el convento de San Agustín y la ermita Del Humilladero, la fuente de la Dorotea de la luna en La Chorrera, la iglesia del Santo Ángel Custodio, el hospital de San Lázaro, el monasterio de Santa Teresa y el convento de San Felipe Neri. En 1728 se funda la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo en el convento de San Juan de Letrán.

En el año 1717 se dicta la Ley de Estanco del Tabaco y se crea la Real Compañía de Comercio de La Habana que monopolizo y concentro el comercio de la Isla y de todo el Caribe. A mediados del siglo XVII, la ciudad tiene más de 70.000 habitantes

El 6 de junio de 1762, apareció una gran armada inglesa, con más de 50 navíos y 14.000 hombres. Los ingleses se hacen con el cerro de La Cabaña posición elevada desde donde bombardean el Castillo del Morro y él castillo de Salvador de la Punta. La ciudad cae tras dos meses de sitio a causa de las desastrosas decisiones tomadas por los defensores como el hundimiento en la boca de la bahía de los mejores navíos de la escuadra española, el Neptuno de 70 cañones y los Asia y Europa de 60 cañones. Los ingleses tenían la flota española inutilizada sin hacer un solo disparo. Sir George Keppel  gobernó durante once meses, hasta mediados de 1763, en que los británicos devuelven La Habana a cambio de la Florida. A ese período se remontan las libertades de comercio y de culto. En un año de dominación inglesa abolieron el monopolio comercial español y abrieron al tabaco, al azúcar, a las maderas y a otros productos los mercados de Europa y Cuba a su vez queda abierta a la producción inglesa.

Al volver la soberanía de la corona española, a esta no le quedó otro recurso que liberar las trabas comerciales que frenaban el crecimiento de la colonia, en 1778, se aprueba la Ley de Libre Comercio con los puertos españoles habilitados al respecto.

Tras la recuperación de La Habana, el rey Carlos III ordenó la inmediata fortificación del cerro de La Cabaña, proyecto que se le encargo al ingeniero militar Silvestre Abarca. Desde su construcción, La Cabaña albergó a las unidades de élite del ejército español en Cuba. Durante la contienda por la independencia, sirvió de prisión y su foso fue sitio para fusilamientos. Ya en el siglo XX desaparecido el carácter defensivo, el fuerte cumplió funciones de almacén, alojamiento de tropas y prisión. Tras el triunfo de la revolución fue ocupada por Ernesto Guevara el “Che”, quien radicó allí su comandancia.  Desde La Cabaña, todos los días del año a las nueve de la noche se dispara un cañonazo. Convertida hoy día en una vistosa ceremonia, recrea un desfile militar con vestimentas y técnicas de la época colonial cuando se avisaba a los habaneros desde el siglo XVIII que a partir de ese instante permanecieran tras las gruesas murallas que rodeaban la Habana. Esta ceremonia está declarada Patrimonio Cultural de Cuba.

En 1764 aparece el primer periódico “La Gaceta de La habana” , 1773 se funda el Seminario de San Carlos y 20 años después se crea la Sociedad Económica de amigos del País y la primera Biblioteca pública. En 1776 durante la época del Marqués de la Torre, se comenzó la construcción de la Casa de Gobierno la cual concluyó en 1792 bajo el gobierno de don Luis de las Casas convirtiéndose en residencia de los gobernadores de Cuba. El Palacio de los Capitanes Generales está considerado la obra de mayor importancia arquitectónica del barroco en Cuba. El edificio albergaba además de la residencia del gobernador, la capitanía general y posteriormente la Real Audiencia. Al terminar el dominio español en 1898 fue la sede del gobierno interventor de los Estados unidos. Con la república se convierte en palacio presidencial hasta la llegada de Mario García Menocal (tercer presidente de Cuba), que lo traslada a su ubicación actual. El edificio quedó destinado al Ayuntamiento de La Habana. Al terminar la revolución en 1959 cambia la sede del Ayuntamiento a la llamada Casa de los Alcaldes, en 1967 se crea en el palacio el Museo de la Ciudad.

 

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