Ya no vale que los medios de comunicación intenten tapar algo que es tan evidente. La sociedad Americana atraviesa una crisis económica y todo el mundo se da cuenta.

A lo mejor no se comentan las medidas del gobierno o las conversaciones de Davos, pero si que todo el mundo habla de lo que hace meses se podía comprar con unos dólares, y lo imposible que es ahora moverse con dicha divisa.

[El presidente Bush se empeña en disipar la sombra de la desafortunada crisis]

Aun así, es curioso descubrir los esfuerzos de La Casa Blanca por suavizar una situación que todo el mundo sabe que es dramática. Las elecciones se acercan, y esta vez, con una expectación que desborda cualquier predicción. Así, el presidente Bush se empeña en disipar la sombra de la desafortunada crisis. Lo ultimo ha sido el discurso de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, en el Foro Económico Mundial de Davos.


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“La economía de EEUU es resistente, su estructura es sólida y sus fundamentos a largo plazo saludables”, comentaba Rice. Este optimismo de la Secretaria de Estado se respalda en la fe ciega que todo el partido republicano tiene en las medidas anunciadas por el presidente George Bush, para impulsar la economía estadounidense ante la crisis financiera, que ya llevó hace unos días al hundimiento de las bolsas mundiales.

La administración Bush ya ha aprobado un programa de apoyo al crecimiento económico de EEUU basado en reducciones fiscales a las empresas y devolución de impuestos a los hogares. Se trata de un conjunto de medidas de estímulo, para hacer crecer PIB norteamericano alrededor del 1 por ciento, lo que supone unos ciento cuarenta mil millones de dólares. Eso si, algunas voces han señalado que es insuficiente. Como no podía ser de otra manera, dichas medidas han puesto en desacuerdo a republicanos y demócratas. Los primeros quieren incluir más medidas fiscales a favor de empresas y los segundos, sin rechazar esto, votan más por las rebajas impositivas inmediatas a las personas y familias.

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La sensación de urgencia con respecto a las medidas fiscales para estimular la economía de EE UU ha crecido tanto como la ansiedad de los mercados. Por ello, la Casa Blanca y el Congreso están trabajando en ello con una vitalidad inimaginable. Una de esas “constructivas’ discusiones es la cuestión de las devoluciones fiscales. El presidente, George Bush, quiere que los cheques lleguen a todos los contribuyentes, pero los demócratas quieren que lleguen también a los que no tienen lo suficiente para tributar. También se trabaja en otro tipo de medidas como la ampliación de los cupones de alimentos destinados a las clases de menores ingresos, o una mayor cobertura de paro.

[La economía norteamericana esta entrando en un periodo de recesión]

La Oficina Presupuestaria del Congreso informaba hace unos días que estima que en 2008, el déficit presupuestario suba a 219.000 millones de dólares frente a los 163.000 de 2007. Eso si, esta proyección no incluye los gastos bélicos ni este “estímulo” económico que ahora se debate.


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Todo parece indicar que efectivamente, la economía norteamericana está entrando en un periodo de recesión. Pero tampoco es seguro, ya que los signos de dicho retroceso son muy confusos. Se habla de las bajas ventas en la pasada campaña de Navidad; pero muchos medios de comunicación apuntaban en su momento lo increíble de la vorágine consumista ante un periodo de incertidumbre económica. Se habla también de un crecimiento de PIB norteamericano, pero también, dependiendo de la fuente, el aumento se convierte en descenso. ¿Cómo no se puede conocer con exactitud el Producto Interior Bruto de Estados Unidos, cuando supone mas de la quinta parte de toda la economía mundial? “La situación real en EEUU nadie la sabe”, denunciaba el premio Nóbel de Economía y profesor de la Universidad de Columbia, Joseph Stiglitz, hace tan solo unas semanas. Por cierto que según él, la crisis económica estadounidense es mas grave de lo que parece a simple vista. Pero como en este mundo hay siempre opiniones para todos los gustos, algunos se auto inyectan algo de optimismo diciendo que al dólar le gustan mucho más los gobiernos demócratas que los republicanos. Así que, esta crisis pasará pronto y la situación volverá a una normalidad en la que nada será como antes. Es decir, lo que ha ocurrido siempre.

Lo que está claro es que Estados Unidos atraviesa un momento muy delicado en su economía y esta inquietud se traslada de manera inevitable a la población. Así, la economía ya se ha convertido en la base de los últimos mítines electorales, olvidando los prejuicios raciales o de genero con los que de manera tan enérgica comenzaron los candidatos unos meses atrás.