La verdad es que ha sido un sping de infarto. Todo Estados Unidos ha estado pendiente del desenlace de la primera parte de esta trepidante historia electoral en la que ha habido insultos, descalificaciones, dudas… Pero ahora que todo se ha serenado un poco, es cuando empiezan las reflexiones y sobretodo los planes ante la dura batalla que esta por llegar.

Pocos se atreverán a negar que la campaña del senador de Illinois ha estado mejor dirigida y ejecutada que la de Clinton. Ya sabemos que el dinero es una de las partes fundamentales del éxito de una campana electoral estadounidense y en esto, Obama ha sabido crear una organización más potente, presente a lo largo y ancho del país, que ha conseguido recaudar más fondos, y movilizar a todos sus votantes. De hecho, el dinero ha sido y es uno de los grandes problemas que Hillary Clinton ha tenido presente a lo largo de toda esta carrera. Y es que las deudas de la campaña de la senadora ascienden a casi 13 millones de euros, de los que al menos 7,6 millones salieron del propio bolsillo de los Clinton.


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Este asunto del dinero se ha convertido en uno de los más delicados y decisivos para hacer la paz en las filas demócratas y unir un poco más a ambos políticos ante la carrera presidencial. En concreto, ha sido en un acto especialmente simbólico que tuvo lugar en el pequeño pueblo de Unity (unidad, en inglés), donde hace seis meses, cuando volaban los improperios y descalificaciones entre ambos, los dos políticos obtuvieron 107 votos cada uno en las primarias de New Hampshire. Obama y Clinton se esforzaron en demostrar, en este primer acto electoral juntos, que aquellos enfrentamientos forman parte del pasado y que ahora prefieren centrarse en su amistad y en su voluntad de trabajar para que el candidato demócrata obtenga la victoria el próximo mes de noviembre.

Aunque todavía no se puede decir que Clinton no necesite dinero para saldar sus propias deudas electorales, la noche anterior al encuentro de New Hampsire, Hillary había presentado a Obama a un grupo de generosos donantes de su extinta campaña, para convencerles de que recauden ahora para el candidato de todos. Por lo visto, Obama correspondió a ese gesto firmando también un cheque de 2.300 dólares (1.460 euros) y otro su esposa, Michelle, por la misma cantidad (la máxima permitida por la ley en los USA), para ayudar a que la campaña de Clinton pague las deudas contraídas. Además de esta donación personal, Obama ha pedido a sus seguidores que sean generosos con la antigua contrincante.

Una buena aliada de la recaudación de fondos para las cuestiones políticas en Estados Unidos ha sido siempre una buena estrategia de marketing y esta vez, no es ninguna excepción. En pleno fervor político, alimentado en gran medida por todos los medios de comunicación, los adeptos de Obama y McCain compran camisetas, pegatinas, llaveros y gorras con la cara de ambos, lemas e insignias de su líder político favorito.

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Si las cifras del merchandising revelaran la inclinación del país por uno u otro candidato, tendríamos que decir que Obama gana por goleada. Esta claro que hoy por hoy es el hombre de moda en Estados Unidos. Su popularidad ha calado en prácticamente todos los sectores de la población: jóvenes, familias, latinos, judíos, gays… todos quieren a Obama y todos compran sus productos. Según la Gaceta de los Negocios, la web “CafePress” contempla hasta 33.000 artículos sobre ambos candidatos. Además, la página lleva un registro de ventas y según dicho registro, el 70% de las ventas se han corresponden con el merchandising de Obama, mientras que McCain debe contentarse con un humilde 10%. Si estos resultados fuesen reveladores en cuanto a la situación electoral, la victoria de Obama sería aplastante. Pero no podemos olvidar que los fans de McCain, debido a diferentes factores, no parecen ser amigos de la ventas online. Se podría decir que McCain es casi como una marca de lujo. Tiene una clientela más restringida: mujeres, irlandeses y veteranos de guerra; y su precio es algo más elevado.


Nada tienen que ver con el dinero otros factores que ahora están en juego. Y es que desde que se conoció la victoria de Obama, ambos partidos han comenzado con un ritmo muy fuerte la segunda parte de estas elecciones de Noviembre de 2008. Entre otros asuntos, uno que ha tenido muy preocupado al publico estadounidense, ha sido el supuestamente dudoso sentimiento patriótico del candidato demócrata. Algo totalmente inaceptable en un político (o en cualquier otra persona tenga la profesión que tenga) a los ojos de la sociedad americana.


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Obama ha tenido hasta que pedir disculpas por sus propios “descuidos” a la hora de hablar durante la contienda hacia las elecciones. Incluso recientemente, Obama ha comenzado a lucir un pin con la bandera estadounidense en un esfuerzo por acallar las críticas. “Por primera vez he visto mi patriotismo puesto en duda, a veces como resultado de mis descuidos, más a menudo como resultado del deseo de algunos de anotarse puntos políticos y generar miedo acerca de quién soy y lo que defiendo”, dijo Obama en uno de sus discursos. En otro intento de apaciguar la controversia creada por este tema, ha paseado por todo el país a su amigo y partidario el general jubilado Wesley Clark. En una de esas comparecencias publicas, Clark dijo que el historial militar de John McCain durante la guerra de Vietnam no significa que esté mejor cualificado para ser comandante en jefe de las fuerzas armadas, función que corresponde al presidente. Ya que McCain fue un piloto y además fue capturado como prisionero de guerra durante más de cinco años.

Ahora que ya estamos en la autentica recta final, a tan solo cuatro meses de las elecciones presidenciales, la gran duda que asalta a todos los americanos es si Hillary Clinton conseguirá su deseo de convertirse en la vicepresidenta. De momento, ella hace todo lo que puede y toda la critica coincide en que nunca antes había hablado con tanta energía, autoridad y con tanta aparente convicción de las cualidades de Obama como líder.

Todo parece apuntar que Obama no quiere a Clinton en su candidatura. Pero la verdad es que parecen faltarle argumentos para rechazarla. Ella misma se ha encargado de recordarle todos sus argumentos; sus 18 millones de votos en las primarias, las reservas de muchos de sus seguidores para votar por Obama, la actitud acechante de McCain y sobre todo la experiencia de haber vivido ya en la tan codiciada Casa Blanca. Obama de momento lo reconoce “vamos a necesitar a Hillary y Bill Clinton para ganar estas elecciones”, dijo en el encuentro de Unity, pero no hizo ningún gesto que permita adivinar realmente el papel futuro de Hillary.