image29-667x500Esto, desde luego, no es nada específico del sector en cuestión.  Pero sí lo es el grado en el que sus productos influyen en la calidad de vida de sus consumidores (que somos todos), en los procedimientos que utiliza para su producción y en cómo consigue  impulsar la demanda de dichos productos, generando distorsiones de una gravedad sin duda diferencial.

No es una cuestión desconocida: muchos expertos vienen insistiendo en esta situación ya desde hace años, y a veces con tintes inequívocamente dramáticos (como la  imprescindible obra de J. BraihwaiteCorporate Crime in the Pharmaceutical  Industry, 1984, o, desde otra perspectiva, la estupenda novela de John Le Carré  El jardinero fiel, 2001, llevada posteriormente al cine). Pero la intensidad creciente de los problemas que la actuación del sector provoca parece estar despertando un renovado interés en la actualidad, del que son buena muestra los recientes libros de los psiquiatras Ben Goldacre  (Mala farma,Paidós, 2013) y Allen Frances (¿Somos todos enfermos mentales?, Ariel, 2014 )  y, sobre todo, la obra del médico danés  Peter C. Gøtzsche  Medicamentos que matan y crimen organizado (Los libros del Lince, 2014), Director y fundador del Nordic Cochrane Center y catedrático de Diseño e Investigaciones Clínicas en la Universidad de Copenhague.

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