Nueva York es una ciudad gigante (mas de dos veces toda la ciudad de Madrid) formada por cinco enormes barrios y habitada por mas de dieciocho millones de personas. Esto hace que existan miles de rincones que visitar y conocer. Pero todos estos lugares no son tan obvios como los monumentos o las míticas calles y avenidas. A veces, hay mundos enteros que se esconden a la inocente mirada de nuestros ojos y creo que viviendo aquí, es un placer y un deber el desvelarlos y conocerlos.


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Cualquier persona que venga a la Gran Manzana ya sea por largos periodos de tiempo, cortos intervalos, vacaciones, trabajo, etc., ha de usar el metro; uno de los mas increíbles submundos newyorkinos. A parte de sorprendente, este sistema de transporte público urbano es el más grande en los Estados Unidos y uno de los más grandes del mundo, con un total de 468 estaciones y mas de mil kilómetros de vías, literalmente, uno puede entrar en una estación y estar viajando todo el día sin repetir paradas. Evidentemente, no es una buena manera de conocer la ciudad, aunque solo el sesenta por ciento de las vías sean subterráneas, pero desde luego es una manera increíble de encontrarle el tono a la gente que vive en sus calles. Todos, absolutamente todos los newyorkinos usan el metro para moverse por la ciudad, independientemente de su estatus social, cultural o racial. Hoy por hoy, se estima que una media de 8,5 millones de usuarios usa el metro cada día laborable. Además, funciona las 24 horas, todos los días del año, (sólo tres Metros en todo el mundo lo hacen).

Se trata, sin lugar a dudas, de una parte integral de la ciudad. Casi se podría decir que representa el sistema circulatorio de Nueva York; sus venas, sus arterias y sobre todo, su sangre. Ha sido cuna de gran parte del movimiento cultural newyorkino durante años. No olvidemos su enorme presencia en la escena graffitera o en el hip hop, movimiento musical nacido precisamente en uno de los barrios de Nueva York, el Bronx. También ha formado parte de innumerables peliculas como The French Connection, King Kong y quien no recuerda la mítica The Warriors, los amos de la noche (The Warriors) que basa su argumento en el viaje nocturno de una pandilla callejera desde el norte del Bronx hasta Coney Island, en el sur de Brooklyn o aquel jovencísimo Travolta viajando de Brooklyn a Manhattan en Fiebre del sábado noche.

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Su historia se remonta a 1869, año en que se abrió al publico la primera línea elevada (la primera subterránea se construyo 35 años después). Entonces contaba con apenas 15 kilómetros de recorrido y su precio era de cinco centavos. Desde entonces se han ido añadiendo sucesivas líneas y estaciones, a la vez que se clausuraban las que iban quedando obsoletas. Todavía, en pleno corazón de Maniatan, se usan vías construidas en aquellos años, en concreto, la de la Avenida Lexington, una de las áreas mas cotizadas de la ciudad.

En la época en la que el metro comenzó su andadura, las líneas estaban agrupadas en dos sistemas separados de propiedad privada, la BMT (Brooklyn-Manhattan Transit Corporation) y la IRT (Interborough Rapid Transit Company), de ahí, que haya vías paralelas en varios puntos de la ciudad, como las de la Séptima y la Octava avenida. A toda esta red en manos de ambas compañías hay que sumar las lujosas líneas privadas de metro de las que se tiene constancia, y que la adinerada clase alta neoyorquina decimonónica hizo construir para conectar sus mansiones con los lugares más frecuentados por la gente de su clase (hoteles, salas de fiestas), sin tener que utilizar las vías públicas para desplazarse. No fue hasta 1940 que el Ayuntamiento compro ambas compañías y unió todo el sistema de transporte subterráneo.


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Esta suma de construcciones publicas y privadas, nuevas estaciones y estaciones obsoletas da como resultado es una complejísima red de túneles y estaciones, unos sobre otros, que se situa bajo la roca de Manhattan a una increíble profundidad. Las estaciones abandonadas simplemente dejan de usarse y quedan en una especie de cápsula del tiempo con el mismo aspecto y mobiliario que el día en que se clausuraron. Obviamente, cualquier tipo de acceso a estas áreas clausuradas es ilegal, pero para saciar la curiosidad de los más aventureros, se organizan visitas guiadas a muchas de estas estaciones y andenes abandonados, como la estación del City Hall (el Ayuntamiento). Sin embargo, lo que se puede visitar es apenas una pequeña parte de lo que permanece oculto. De hecho, muchas de estas estaciones, las más recónditas e inaccesibles, son las que sirven de morada a la “mole people”, la gente topo.

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Hoy en día el metro es un lugar tremendamente vivo. En casi todas las grandes estaciones nos podemos encontrar con un buen numero de cantantes, bailarines, músicos etc. Pero lo que a mi mas me fascina de este metro Newyorkino, es la variedad de estos artistas callejeros. No es difícil encontrar en Union Square a una mujer que ameniza la gigante estación, con sorprendentes sonidos que saca de un serrucho gigante usado a modo de violonchelo o también, a un anciano chino que toca preciosas melodías con un hu ch’in o violín de dos cuerdas. Y es que si en el siglo XX, las aceras eran los espacios públicos donde se las diferentes sociedades se mezclaban y exponian, en el siglo XXI el metro aumenta la densidad y diversidad a la vez que supone un espacio público fascinante en si mismo


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El pasado mes de Abril se celebró en todo el mundo el dia de la Tierra y el metro también tuvo su particular celebración. De hecho, la Autoridad Metropolitana del Transporte (MTA) anunció la emisión de cinco millones de tarjetas MetroCard conmemorativas. Estas son de color verde y llevan en el anverso frases alusivas al medio ambiente, como por ejemplo: “Cada vagón de tren completo quita de la carretera de 75 a 125 coches”, “El transporte público sustituye el consumo de combustible en unos 1.400 millones de galones (5.299.600.000 litros) cada día”, “Cada autobús completo quita de la carretera 40 coches”.

Desde luego que por dos dólares que cuesta el billete sencillo, el metro o “subway” es una de las mejores opciones no solo de moverse por la ciudad, sino de conocer uno de los ámbitos mas puramente newyorkinos.