Llega de nuevo la Navidad….

Para muchos la Navidad es una rutina que se repite todos los años, una tradición en la que son los niños quienes la viven con más ilusión; los mayores también tenemos ese espíritu navideño que sale a relucir en cada hogar todos los años ya que no pierde su magia.

La rutina de la navidad se debe a que estas fiestas en la actualidad, son una celebración popular comercial, sobre todo desde que la Navidad empezo a tener el carácter combinado, en el siglo XIX, cuando se popularizó la costumbre del intercambio de regalos; se popularizó a Santa Claus y regalar tarjetas de Navidad. Pero fue Norteamerica que logro globalizar la costumbre que con el tiempo la convirtieron en una fiesta comercial y con un carácter distinto al religioso, y con temas que poco o nada tienen que ver con la tradicional celebración navideña.

Pero si nos propusiéramos recuperar el sentido religioso de la Navidad y su verdadero significado, tendría que tener un significado auténtico. Los evangelios revelan la innegable verdad de que Jesús se conmovía ante las necesidades humanas y respondía mediante actos de misericordia, como el tener amor preferencial por los pobres; y los pobres de hoy son muchos: indígenas, minusválidos, excluidos, marginados, inmigrantes, refugiados, enfermos, y todos aquellos que viven en niveles de mera subsistencia y en el terror de la guerra. Si alguien no tiene esa compasión y empatía, no tiene a Jesús. De nada nos vale que en nuestras casas decoremos el arbolito de navidad y nacimiento, recemos mucho, y asistamos a Misa o al Templo. La celebración de la verdadera Navidad tiene un signo: el amor a los más necesitados. Esta no es una moda o una rutina, sino una realidad.

Pero habría que hacerlo sin una actitud paternalista, que los pobres necesitan caridad, y sin embargo los pobres tan sólo necesitan ”Justicia”, puesto que la pobreza extrema es el resultado de: injusticias globales e injusticias locales. Para la religión cristiana, “Jesús viene para todos, y su salvación no admite exclusividades”. Pero sí, la actitud de sentar bases para construir una sociedad nueva, de justicia y fraternidad. Haciendo participar a los mismos pobres para que, de esa manera, puedan ser protagonistas de su propio desarrollo e integración social.

Los avances tecnológicos, la economía, y el desarrollo de la investigación, hacen que el mundo sea, hoy por hoy, más próspero que nunca. Por lo mismo, la pobreza no tiene justificación en el mundo actual. Pero nuestros lideres, no están cumpliendo sus promesas de acabar con el hambre. Los objetivos de solucionar los problemas que aquejan a las naciones solo sobresalen en las promesas de sus campañas electorales para con ello mejorar su imagen y envolver con su demagogia y populismo a todos los ingenuos que a falta de alternativas no nos queda otra que “escoger al menos peor”.

Pero a parte de todo, no podemos echarle solo la culpa a nuestros incorregibles políticos, porque lamentablemente a las personas nos ha ganado la indiferencia, puesto que a nivel individual estamos muy inquietos y ocupados en tratar de acumular bienestar, en divertirnos, en obtener seguridad, aún a costa de ser más esclavos del trabajo. Nuestro esencial objetivo es escalar, asegurarnos comodidades y sacarle brillo a nuestra vanidad. No queremos ni pensar en los que quedaron detrás, sólo miramos a los que tenemos delante, para motivarnos y quizá superarles. Nos sentimos más seguros y resignados con nuestra suerte al conocer cuantos pobres hay detrás de nosotros. Nos conformamos pensando ”hay casos peores”.

Para muchos la pobreza es concebida como un mal social, que es combatible y se puede superar, pero nos cunde el pánico solo el pensar que podamos llegar adquirir esa temible “enfermedad”. Es un razonamiento ”justificable” puesto que la pobreza y los pobres siempre han existido, forman parte de la historia del hombre, y forman parte de lo que algunos antropólogos han conceptualizado como ”la cultura de la pobreza”, porque son parte de la cultura social, con su propia estructura y razón de ser, como un modo de vida que pasa de una generación a otra en las familias.

Lo que entristece amigos lectores, es que precisamente, es en esta época del año, que de manera sorprendente se puede observar las diferencias abismales entre ricos y pobres. La Navidad de los ricos es la Navidad creada por la Mercadotecnia; ellos hacen una ostentación obscena de su riqueza al punto que al mismo tiempo queda al desnudo su miseria moral. Para los pobres es el Espiritu Navideño de compartir lo poco que se tiene, si es que se tiene para compartir.

En todo caso, despedimos el año observando pasado y presente, con la finalidad de corregir errores, para así darle una nueva visión a nuestro futuro. Les deseo a todos que esta Navidad la vivan de la mejor manera. Deseando que en este mundo en guerra nazca la Paz, que de la indiferencia nazca la Empatía, y del egoísmo nazca el Amor.