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Esta táctica a gran escala nació en los años 20 del siglo pasado, de la mano del cartel Phoebus, según el Centro Europeo del Consumo. Por aquel entonces, la duración media de las bombillas incandescentes era de alrededor de 2500 horas.

Los fabricantes, que formaban un pequeño oligopolio, tenían por argumento de venta la larga duración de sus productos, hasta que percibieron que este hecho iba en detrimento de sus beneficios ya que la población renovaba con menor frecuencia sus compras. Así, el 23 de diciembre de 1924, los principales fabricantes de bombillas en Europa se unieron en el cártel mecionado, con dos propósitos: la reducción de la vida útil de las bombillas y prevenir la entrada en el mercado de nuevos competidores. Nacía la obsolescencia programada, esto es, la posibilidad de fijar la duración de la vida de un producto.

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