Pero no cabía duda, la cama se estaba meciendo; Y ese hamaqueo tremendamente familiar me devolvió por unos segundos la sensación, ya casi olvidada y aunque pueda parecer contradictorio para algunos, extrañamente “añorada”, del excitante subidón de adrenalina junto al automático sentido de alerta inmediata, preocupación, y determinación por empezar a actuar, con la que de forma natural reaccionamos todos aquellos que en algún momento hemos estado expuestos a terremotos, en mi caso como trabajadores humanitarios, o simplemente como población afectada.

– ¿Lo habéis sentido?, ¡Ha temblado! – despierto a todo el mundo de mi casa-

– ¿Qué dices?, ¿un terremoto en Madrid?, estarías soñando – me replican-

De nada me sirve insistirles que conocen perfectamente que una de las “nuevas habilidades”, bajo mi punto de vista, y obviamente “nuevos traumas” parte de mi ya conocido síndrome de ET en la opinión de ellos, que me acompaña desde mi estancia en El Salvador, es una sensibilidad especial para sentir cualquier tipo de vibración y movimiento de las superficies a mi alrededor, por leves que éstas sean. ¡Ni por esas!

Y es que yo sé, aunque parezca increíble, que lo que acabo de sentir hoy domingo 12 de agosto del 2007 a las 09:47 hrs en mi ciudad, Madrid, era un terremoto.

Conozco demasiado bien esa sensación de vaivén, que cuando la experimentas por primera vez atribuyes a no sabes que, buscando explicaciones curiosas y hasta divertidas al hecho en sí, como algunas de las que he leído en diversos foros estos últimos días, pero que una vez que ya conoces, y sobre todo has sufrido con cierta regularidad, pasa a ser algo natural con lo que aprendes a convivir cada día, y desde luego tu única, o al menos eso sí, tu primera referencia instintiva ante cualquier temblor a tu alrededor. Y me basta recordar el inmediato cruce de miradas de preocupación, y la carcajada posterior que intercambiamos mis amigos de batallas en El Salvador, Eneko, Carmen y yo en un restaurante de Bogotá en el 2003 ante la vibración que un tráiler que pasaba por la calle provocó en el suelo del restaurante donde nos encontrábamos cenando con otros amigos, los cuales sin embargo ni se inmutaron y nos miraban estupefactos sin entender el por qué de nuestras risas nerviosas, el respingó que pegué en la silla en la que estaba sentada en el aeropuerto de Londres al sentir la vibración del suelo provocada por el despegue de los aviones en una zona próxima, o mi insistencia a una dependiente del Corte Ingles por saber si había algún sistema o motor de aire acondicionado cerca de unos probadores donde claramente- para mí, no para mis acompañantes- se percibía una sutil vibración en el suelo y tintineo en la puerta, y así podría seguir con miles de anécdotas más . A lo mejor ahora que lo pienso voy a tener que dar algo de razón a mi familia cuando maneja la teoría de mi trauma post-seísmos.

Aunque parezca increíble, que lo que acabo de sentir hoy domingo 12 de agosto del 2007 a las 09:47 hrs en mi ciudad, Madrid, era un terremoto

Pero, al menos esta vez no puedo darles la razón. Claramente el movimiento provocado por el terremoto ha sido de tipo horizontal hacia un lado y otro, iniciándose suavemente con la sensación de un ligero mareo, pero que va ganando poco a poco en intensidad para luego cesar bruscamente. Sin embargo en otras ocasiones he tenido oportunidad de comprobar lo extremadamente violentos que pueden ser, con movimientos de arriba abajo como si te agitasen dentro de una coctelera, visualizado esa imagen desenfocada, casi mágica, como de espejismo en el desierto que se produce cuando en medio del terremoto miras a tu alrededor viendo entre el efecto óptico de una pseudo neblina la curvatura del suelo y el movimiento de los edificios como si fueran de mera mantequilla.

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fotoLas causas de que el movimiento provocado se sienta de uno u otro modo depende por supuesto de una combinación de múltiples factores : si el epicentro ha sido en el mar, es decir se ha producido por fenómenos de subducción o el sismo es resultado de la activación de una falla terrestre local, de su profundidad, los grados de su intensidad, y por supuesto de donde se encuentre una misma ubicada en ese momento, ya sea en términos de distancia al epicentro, tipo de construcción, altura, caminando, acostado, etc.…, etc.… ). Reconozco incluso el ruido especial, unas veces ensordecedor, otras extremadamente sutil, el conocido como “retumbo”, que se percibe unas milésimas de segundo antes del terremoto y el ruido atronador que el mismo seísmo también provoca.

Revivo hoy por tanto perpleja, esos mismos primeros segundos de espera, de tanteo, en los que cuando el temblor te pilla acostada, decides por intuición, experiencia, o simple agotamiento a cuenta de haber ya sufrido múltiples replicas a un gran terremoto, que va a pasar rápidamente y entonces te dejas llevar por el suave balanceo cual bebe mecida en su cuna, y que pase lo que tenga que pasar, o resuelves que es algo más serio y pinta que es necesario salir con calma de donde estés a un lugar abierto y despejado, si es que eso es posible con cierta rapidez y sin correr muchos riesgos, o es mejor tratar de protegerte bajo una mesa solida, pegarte a la pared o pararte bajo el quicio de una puerta.

En un alarde de osadía, y de claro desafío a la incredulidad familiar ante este acontecimiento en la capital, me atrevo incluso a vaticinar su intensidad:

– ¡Ha sido de alrededor de 4.5 grados!- les insisto-,

– Si, si – sonríen con sorna- , y me preguntan con picardía pero ¿en la escala de Richter o en la de Mercalli?

En El Salvador vi como más de uno y más de dos, consultores, cooperantes, voluntarios expatriados no fueron capaces de superar el stress continuo y muchos se volvieron a sus países

Bueno pienso, al menos algo han aprendido de los que les contaba sobre mi trabajo en Centroamérica, aunque habría que ver si se acuerdan de la diferencia de lo que miden una escala y la otra, pero paso de comprobarlo y ponerlos en ridículo. Por el contrario, me dejo llevar unos segundos por nuevas imágenes que acuden a mi memoria sobre las “porras” que hacíamos durante los miles, si si, no me he equivocado porque fueron miles, de replicas que toda la población de El Salvador sufrimos tras los dos grandes terremotos que asolaron parte del país hace ya 6 años. El 13 de enero de 2001 a las 11:35 a.m. ocurrió un sismo de magnitud 7,9 en la escala de Richter en El Salvador que afectó a gran parte del país. Justo un mes después, otro sismo de magnitud 6,6 afectó la zona central produciendo grandes daños tanto en zonas ya afectadas por el primer sismo como en otras que no habían sufrido mayores daños.

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fotoOtros sismos de menor magnitud y una serie de réplicas continuas mantuvieron a la población en una gran zozobra durante los primeros casi 7 meses del año. Sólo en el periodo comprendido entre el 13 de Enero y el 13 de febrero hubo más de 3.678 réplicas, y que yo recuerde, y por lo menos eso si, la memoria aún me funciona, estuvo temblando permanentemente desde el 13 de Enero hasta bien entrado el mes de Julio del mismo año un promedio de 4/5 veces si no más todos los días y todas las santas noches. Casi llegué a creerme el rumor popular de que los terremotos habían sido provocados por una maldición que trajo un así llamado “niño feo” nacido unos días antes, que milagrosamente recién nacido habló y vaticinó una serie de desastres y desgracias para el país.

Hacer porras era algo natural, y no hay en ello ni pizca de frivolidad ni falta de respeto. Nada más lejos de mi intención, y mucho menos con lo que ya os he contado en el capítulo anterior que admiro y me identifico con el sentir y en ese caso con el sufrimiento del pueblo salvadoreño. Se trataba simplemente de una forma de canalizar el stress, una terapia basada en el humor y en la relativización de las circunstancias para la mera supervivencia. Por que hasta eso me han enseñado mis queridos cheros salvadoreños. Recuerdo incluso los chistes que ellos mismos hacían en los campos de refugiados, en el Cafetalón por ejemplo, como reacción natural al hecho vivido. Y es que seis meses en esas circunstancias o lo enfrentas con humor, y salud mental, o no hay cuerpecito que lo soporte, y de verdad que los salvadoreños vivieron intensos momentos de stress ese año. Cuidar la salud y trabajar la atención psicológica y stress post-traumático de las personas afectadas, además de cubrir sus necesidades inmediatas más obvias como el rescate de posibles supervivientes, su atención sanitaria, la provisión de agua y alimentos, cobijo, etc.. es también un componente primordial, prioritario y transversal de cualquier proyecto de ayuda humanitaria. Y a veces desgraciadamente, aunque cada vez es más frecuente el incluirlos, no se le presta la atención oportuna. La población sufre muchísimo ante las perdidas humanas de familiares, amigos o vecinos, la quiebra económica que les supone perder sus casas, sus negocios, el tiempo que lleva si es que pueden recuperar sus ahorros en el banco, etc… Pero sobre todo cuesta recobrar la ilusión y esperanza para afrontar el futuro, para comenzar de nuevo. Si bien se suele estar abonado con demasiada fe a la socorrida y creída a pies juntillas frase de “Dios proveerá”, bien es cierto que en algunos momentos los afectados se dan cuenta de que ante tal catástrofe Dios tiene mucho trabajo como les comentaba yo entre sonrisas mutuas en algunos momentos y que tendremos que echarle una manita, ¿vale?.

No se trata de ser un héroe aunque tu compromiso y ganas te impulsen a apurar al máximo tu resistencia, nadie te va a pedir eso

Y si la población sufre, no lo hacemos menos los propios trabajadores humanitarios, hecho al que las organizaciones internacionales responsables de ellos/as van poco a poco, aunque también aún con graves carencias, prestando más y más atención. En El Salvador vi como más de uno y más de dos, consultores, cooperantes, voluntarios expatriados no fueron capaces de superar el stress continuo y muchos se volvieron a sus países ante la imposibilidad de trabajar. Por ello es importante la formación e inducción previa en la preparación del personal para este tipo de misiones, realizar una selección de perfiles profesionales y psicológicos adecuados, desarrollar programas continuos de seguimiento y apoyo al staff durante las misiones por parte de los responsables de RRHH de las organizaciones, prever y proveer recursos al terreno desde los donantes y las sedes de las organizaciones para atender estas necesidades, disfrutar los espacios de descanso y breaks necesarios, etc…. No se trata de ser un héroe aunque tu compromiso y ganas te impulsen a apurar al máximo tu resistencia, nadie te va a pedir eso y además es contraproducente porque al final quienes sufren las consecuencias de tu colapso son las personas que en teoría iban a recibir tu colaboración, la cual se verá retrasada o perdida si caes enfermo o te tienes que ir.

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fotoEn El Salvador conformábamos un grupo de más de 60 Voluntarios de Naciones Unidas nacionales e internacionales, y parte de mi responsabilidad, entre muchas otras como su selección, era su seguimiento y poner en práctica técnicas de escucha activa escucha activa y desciframiento del lenguaje corporal para poder identificar su situación psicológica, sus angustias y ser el “pepito grillo” que más allá del cumplimiento de normas y procedimientos de la propia organización, tenía el radar, las antenitas como digo yo, siempre activas para identificar alarmas y desarrollar iniciativas innovadoras y creativas, principalmente por la falta de recursos económicos, que aminoraran ese stress postraumático de mis compañeros y colaboradores. Hay que tener en cuenta que también los trabajadores humanitarios , sobre todo los nacionales, han sido victimas de los destrozos del terremoto en sus casas o han perdido familiares, que a cada temblor no saben ni donde están ni que les ha podido pasar a sus hijos o parejas, pero tienen que ponerse a trabajar, y que todos nosotros además de las exigencias del trabajo que desarrollamos y de todas esas preocupaciones adicionales, vamos acumulando sobre los hombros nuestros propios miedos y sufrimientos además de los que nos cuentan y compartimos con la población objeto de nuestro trabajo para la que nos convertimos muy a menudo en el único paño de lágrimas. Y eso puede volverse muy muy duro de soportar si nosotros mismo no contamos con nuestros mecanismos y herramientas para contárselos también a otras personas, para descargar nuestras angustias. Sonrío ahora al acordarme del memorable fin de semana que tras dos meses de trabajo bestial que siguieron al primer terremoto el 13 de Enero nos pasamos los 60 voluntarios/as con sus familias en una casa alquilada en la costa. Ilusionante los preparativos, los comités conformados ( compras, cocina, salud, hasta uno de orgias y desenfrenos había, sorprende mas el nombre que a lo que nos dedicamos ¡¡os lo aseguro!!), la comitiva o caravana de pick ups llena de colchones de camino a la casa, etc.. etc….. Allí dimos rienda suelta a nuestro sentimientos y miedos a través de talleres de stress post-traumático, reímos, lloramos, pero sobre todo convivimos, descasamos, disfrutamos de los hijos y parejas las 24 horas del día y volvimos con unas fuerzas y alegría renovada al trabajo. Obviamente tuve que hacer milagritos para conseguir la financiación de esta actividad, pero con imaginación, insistencia y muchas muchas ganas, pudimos hacerlo, y os aseguro que fue un ejemplo para muchas otras de las agencias del sistema de NU en El Salvador que hubieran querido hacer lo mismo, y que por A o por B circunstancias no pudieron.

Además, ¡PUCHICA! – sonrío si ahora de satisfacción- mi cordura queda por fin, aunque sea solo por esta vez, totalmente a salvo con la familia

Pero sigo con mi historia, que con tanto recuerdo aún no he terminado de relatar mi particular odisea de este 12 de agosto. Ante la persistencia en la falta de receptividad familiar, aumentada por supuesto exponencialmente tras mi intento de práctica adivinatoria sobre la intensidad del seísmo, me asomo al balcón buscando alguna evidencia que mostrarles, alguna confirmación procedente de alguien más cuerdo que yo. Afortunadamente veo a algunas personas asomadas a las ventanas con mi misma cara de perplejidad ante lo extraordinario de la situación. Me engancho a internet, busco foros de testimonios, leo la página web del Instituto Geográfico Nacional, etc.…. Finalmente, unos quince minutos más tarde, la radio informa que ha habido un terremoto de 5.1 grados en la escala de Richter con epicentro en Ciudad Real que se ha dejado sentir en muchas zonas de España, y con cierta intensidad en Madrid. Ha provocado mucha alarma y preocupación en la población, al no saber de que se trataba, más que nada por la falta de costumbre. Afortunadamente, no ha producido victimas que era lo que más me preocupaba, y solamente mínimos daños estructurales en algunos edificios. Además, ¡PUCHICA! – sonrío si ahora de satisfacción- mi cordura queda por fin, aunque sea solo por esta vez, totalmente a salvo con la familia.

A parte de esta pequeña anécdota, La realidad es que, en las dos últimas semanas se han producido una serie de acontecimientos además del mencionado, como el fuerte seísmo ocurrido en Perú el pasado día 15 de agosto de 8 grados en la escala de Richter con consecuencias tan diferentes al de España, y el inicio de la época de Huracanes en el Caribe, con el paso del “Dean” por diversos países, que como veis han hecho presentes más que nunca muchos de mis recuerdos y experiencias laborales en Centroamérica. Por eso, la actualidad me ha llevado a cambiar el contenido que tenía pensado para este capítulo, y además de compartiros algunas de mis anécdotas relacionadas con las emergencias , terminar el capítulo con meras pinceladas de una manera nueva de mirar los Desastres, de un enfoque de trabajo conocido como “La Gestión de Riesgos”, el cual tuve ocasión de descubrir y desarrollar tanto en El Salvador como posteriormente en mi asignación en Nicaragua. Si tras este aperitivo, os ha parecido interesante, os animo a ampliar sobre su conocimiento en alguna de las páginas web o referencias que aparecen al final del artículo.

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La GESTIÓN DEL RIESGO es un proceso de decisión y de planificación que le permite a los actores sociales analizar su entorno, tomar de manera consciente decisiones y desarrollar una propuesta de intervención concertada tendente a prevenir, mitigar o reducir riesgos existentes, actuando para la reducción de las amenazas y/o las vulnerabilidades presentes en su territorio, y en esta medida encaminar una localidad hacia el Desarrollo Sostenible

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La Visión de los Desastres como fenómenos naturales peligrosos difíciles de prevenir y controlar, ha sido la concepción que ha prevalecido durante mucho tiempo. Los desastres considerados como agresiones externas producto de la “furia de la naturaleza” contra los seres humanos hace que no nos quede ningún mecanismo de protección frente a ellos que no sean enfrentarse y responder ante lo inevitable. Son a fin de cuentas “algo natural”. Adicionalmente y con ese mismo enfoque, los desastres han sido vistos como sucesos aislados, detenidos en el tiempo, dimensionados en fases ( 1.antes, 2.durante y 3.después = 1.preparativos y acciones de prevención, 2.respuesta inmediata de emergencia vía iniciativas de ayuda humanitaria, y 3. Proyectos a más a largo plazo de rehabilitación y reconstrucción), en donde no hay espacio para la interacción causa-efecto entre los tres estadios. Esta visión estrecha y mermada de la realidad ha generado políticas y acciones únicamente dirigidas a la atención de las emergencias en el momento en que éstas transcurren.

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En Centroamérica, sobre todo tras la catástrofe y las inmensas perdidas materiales y humanas provocadas por el paso del Huracán Mitch en 1998, empezó a resurgir y desarrollarse con fuerza renovada el enfoque de trabajar bajo el Prisma de la Gestión de Riesgo, al ser obvio que las políticas y acciones tomadas hasta ese momento habían sido insuficientes para disminuir significativamente los daños y pérdidas resultantes. Se apuesta por la importancia de identificar, analizar y entender las condiciones de riesgo de un territorio con el fin de eliminar o disminuir la probabilidad de que ocurra un futuro desastre.

Resurge así el trabajo que desde hacia algunos años se había iniciado por un grupo de académicos y trabajadores internacionales y que conformaron “La Red de Estudios Sociales para la Prevención de Desastres en América Latina”, más conocidos como “LA RED”. En resumen, se basa en que la existencia de condiciones de riesgo, y la ocurrencia o no de posibles desastres , no solo están determinadas por la AMENAZA de que se presente un fenómeno peligroso de origen natural, humano o mixto, sino fundamentalmente por la existencia de condiciones de VULNERABILIDAD. Surge ahí la importancia de identificar, analizar y entender estas condiciones con el fin de incidir sobre las diversas variables de ambos elementos de la ecuación y así eliminar y/o disminuir la probabilidad de que ocurra un desastre.

El riesgo no manejado por tanto – no identificado, no conocido y sobre el cual no se actúa adecuadamente- es el que favorece la ocurrencia de desastres

La amenaza y la vulnerabilidad mantienen una relación de complicidad mutua y juntos determinan el riego y por tanto la probabilidad de que se produzca un desastre.

El riesgo no manejado por tanto – no identificado, no conocido y sobre el cual no se actúa adecuadamente- es el que favorece la ocurrencia de desastres.

Dado que el espacio y el tiempo donde confluyen las condiciones de riesgos – las amenazas y las vulnerabilidades- son tremendamente importantes para delimitar sus posibles efectos y consecuencias el enfoque de gestión de riesgos trabaja a nivel local y habla de Escenarios de Riesgo.

La verdad es que es muy interesante conocer en profundidad el inmenso desarrollo, y eso que queda mucho por hacer, que han experimentado en toda América Latina desde 1998, las iniciativas nacionales y regionales para introducir esta nueva forma de enfocar los desastres : a nivel político con el nacimiento y reforma de los organismos nacionales de atención a desastres en muchos países y el desarrollo de reformas legislativas, la proliferación programas y proyectos para la elaboración y desarrollo y herramientas de formación en el tema, la construcción con los actores sociales de mapas de riesgos a lo largo y ancho de cada una de las comunidades de cada país, las en principio tímidas, pero cada vez más evolucionadas propuestas de indicadores de vulnerabilidad y riesgo para incorporarlos a los proyectos de desarrollo, la iniciativa de un índice para medir el grado de riesgo de los países. etc… etc.. etc..

Valgan las siguientes breves menciones introductorias que os he compartido sobre este modelo, casi copiados literalmente de las publicaciones y materiales didácticos elaborados en el marco de proyectos en los que participé por los que admiro y considero mis amigos, Alan Lavell, Linda Zilbert, Laura Aquaviva, Ángeles Arenas, John Smith, etc.. como un homenaje y un sincero recuerdo y agradecimiento por todo lo que me enseñaron desde el punto de vista académico, pero sobre todo humano y especialmente a disfrutar de la vida, por su generosidad, coraje y determinación en seguir trabajando por el desarrollo de América Latina .


ALGUNOS LINKS DE INTERÉS

· (http://www.desenredando.org/)

· (http://www.desinventar.org/desinventar.html)

· (http://www.cepredenac.org/)

· (http://www.undp.org/cpr/we_do/integrating_risk.shtml)

· (http://www.eird.org/)

· (http://www.undp.org/cpr/disred/english/regions/latinamerica/cepredenac.htm)

Todo la información contenida en el artículo relativa al enfoque de riesgos y este esquema esta sacada del material de apoyo en gestión local de riesgo elaborado por la consultora Linda Zilbert Soto, en el marco del proyecto “ Formación de Recursos Humanos para la Integración del Sistema Nacional de Prevención, Mitigación y Atención a Desastres” ejecutado por la Secretaria Ejecutiva del Sistema Nacional ( SE- SNPMAD) y el Programa de Naciones Unidas para El Desarrollo (PNUD_Nicaragua) y el APOYO FINANCIERO DE LA OFICINA DE Ayuda Humanitaria de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE). 2002/2003