Al terminar la contienda civil, como tantos españoles que se veían abocados a un incierto destino, Rafael Alberti y su mujer, María Teresa León, abandonaron su patria y se trasladaron a París. Allí residieron hasta que el gobierno de Pétain, que les consideraba peligrosos militantes comunistas, les retiró el permiso de trabajo. Ante la amenaza de las tropas alemanas, en 1940 decidieron cruzar el Atlántico rumbo a Chile, acompañados por su amigo Pablo Neruda
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rezumando azul de mar.
¡Dejadme ser, salineros,
granito del salinar!
¡Qué bien, a la madrugada,
correr en las vagonetas,
llenas de nieve salada,
hacia las blancas casetas!
¡Dejo de ser marinero,
madre, por ser salinero!
Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!
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SUPER!!!
Con la mirada de marinero, en el insondable azul mar ..
Siento el susurro del silencio entusiasmado al acariciar y encontrarse con el bote en el medio del mar…
Al echar una mirada a la distancia en esos oceánicos azules me empapa la abstracción de ese instante y viajo en el vaivén de los sentidos por lo vivo y en los sueños por conquistar
Adelante me digo, adelante marinero que el alba con su sol se prestan a entrar en el magnifico esplendor del azul mar…..