Si el director y realizador ya levantó ampollas con Bowling for Columbine (con la que ganó un oscar) o con Fahrenheit 9/11 (convirtiéndose en el documental que más dinero ha recaudado en la historia del cine), Sicko no va a dejar indiferente a nadie. Esta vez, la sanidad estadounidense es el objetivo de su cámara.

Todos sabemos que en Estados Unidos no existe lo que en España conocemos como seguridad social. Cada ciudadano o empleado es responsable de contratar un seguro médico privado que por lo general, cubre hasta un tope máximo de cuota sanitaria. Pero hay problemas ya que, si por ejemplo, tienes más de 50 años, que te aseguren es un hecho prácticamente milagroso. No digamos si padeces de alguna enfermedad o algún mal habito. La gente llega al extremo de mentir a los médicos: “¿Fuma?; No”. Pues de lo contrario esa información pasará a un archivo compartido con todas las aseguradoras que sin lugar a dudas, utilizarán estos datos para cobrar más o incluso para no asegurarte.

[En el país más rico del mundo, hay 40 millones de personas sin seguro médico]

Hablamos de un tema muy peliagudo ya que cuando no tienes un buen seguro, gran parte de los gastos corren por tu cuenta y este, no es precisamente un país barato en este tipo de cuestiones. Como ejemplo, puedo citar que un parto puede costar unos 6.000 u 8.000 dólares. Los precios de las consultas son astronómicos y pueden llegar a 400 dólares por una simple visita al ginecólogo o a más de mil por acudir a urgencias con un cólico. Y si hablamos de terapias largas, como una “quimio” para enfermos de cáncer, directamente nos vamos a la ruina económica del paciente.

fotoComo es lógico, estos precios no están al alcance de cualquiera y la realidad es que en el país más rico del mundo, hay 40 millones de personas sin seguro médico. Son muchos americanos los que aprovechan cualquier oportunidad para viajar a Canadá o a México, para obtener medicinas a un precio mas asequible. Incluso, para temas que no son demasiado urgentes, como problemas dentales, verrugas, etc. es muy típico, que se organicen vacaciones a los ya famosos centros médicos en las fronteras de estos países. En México sobretodo, existen auténticos hoteles – hospitales, en los que puedes pasar quince días de lo mas relajado disfrutando de la playa, el spa, las vistas al mar o las verbenas veraniegas, mientras te haces una ortodoncia, por ejemplo, por la mitad del precio de lo que te costaría, solo el tratamiento, en cualquier consulta americana.

Estados Unidos nunca ha creído en el carácter publico de cualquier institución. Aquí todo es privado y evidentemente, si quieres algo, lo pagas. El Estado sólo cubre a las personas de ingresos muy bajos, a ancianos, jubilados y personas dependientes. Pero tampoco al cien por cien. El sistema “Medicare” de ayuda a estos sectores de la población solo cubre un numero reducido de enfermedades y tratamientos. Por algo la sanidad americana ocupa el número 37 en la lista mundial de asistencia sanitaria (justo un poco por encima de Eslovenia).

[Sicko, será para la necesaria reforma del sistema de salud de EE UU, lo que el documental de Al Gore para la lucha contra el
cambio climatico]

Pero el tema de la sanidad privada estadounidense tiene un gran aliado: la empresa farmacéutica. También muy lucrativa y muy cara. Para hacernos una idea, un frasco de relajante muscular con 15 pastillas, cuesta en Nueva York, alrededor de 150 dólares. No es de extrañar que se calcule que en EEUU, entre el 14% y 21% de los pacientes no toma el medicamento prescrito. Pero sea como sea, el coste de los medicamentos no es la pieza principal del gasto sanitario. Ni mucho menos. Este gasto representa tan solo un 10%, mientras que la partida hospitalaria asciende a un 33% y los gastos administrativos oscilan entre el 20% y el 30%.

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fotoEste tipo de barbaridades es lo que Michael Moore ha querido plasmar en Sicko, con documentos tan escalofriantes y por desgracia tan reales, como los de pacientes muriendo en condiciones infrahumanas en Los Ángeles; o el de la víctima de un accidente que tiene que elegir qué dedo se le reimplanta, porque no se puede permitir pagar dos implantes. De hecho algunos legisladores en el Capitolio han llegado a decir que Sicko, será para la necesaria reforma del sistema de salud de EE UU, lo que el documental de Al Gore para la lucha contra el
cambio climatico.

La diferencia es que Gore ha triunfado con un simple sistema de fotografías mostradas por ordenador y Moore decidió viajar hasta la bahía de Guantánamo, para demostrar que los detenidos sospechosos de ser parte de Al Qaeda, reciben una asistencia médica inalcanzable en Estados Unidos: dentista, oftalmólogo… y por supuesto, gratis. Pero claro, esto le está costando al director una amenaza (que tiene toda la pinta de llegar a hacerse realidad) de ir a la cárcel. Y es que el polémico e irreverente cineasta ha violado las leyes de comercio de Estados Unidos al viajar a Cuba; atrevimiento gravísimo aquí. Lo peor es que lo hizo llevando a tres afectados por los atentados del 11-S, para que recibieran asistencia médica gratuita en la isla. Asistencia que les fue negada en su propio país.

La verdad es que Sicko ha llegado a las salas de Nueva York con una gran ovación, una semana antes de la fecha prevista para su estreno. ¿La razón? Hay para elegir. La oficial: las expectativas eran tan altas que se anticipó un pase para los neoyorquinos. La oficiosa: el temor de Moore a que la película no llegue a estrenarse si el Departamento del Tesoro dicta el embargo de la obra. Ante esta posibilidad, el director ha puesto una copia a buen recaudo en Canadá. Solo como curiosidad, quiero apuntar que para este litigio, el cineasta ha contratado los servicios de David Boies, el abogado que en su día defendió al demócrata Al Gore en el polémico recuento de votos en Florida, que dio la presidencia al republicano Bush en el año 2000. La historia se repite; esperemos que esta vez haya mas suerte.