El pasado fin de semana tuve la oportunidad de ver nuevamente el documental “Inside Job” con unos amigos que llevaban ya un tiempo interesados en conocerlo.
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Los bancos europeos, que el pasado viernes captaron 489.190,75 millones de euros del BCE al 1%, han depositado hasta un total de 411.813 millones de euros en el banco emisor al 0,25%, antes que prestárselo entre ellos, a particulares, a empresas o a deuda pública. Está claro que el sistema bancario europeo sigue bloqueado.
¿A la espera del Draghi put? Arrancamos la semana con más preguntas que respuestas. La cumbre europea terminó con este resultado algo inesperado de reforzar la unión política bajo el control de Alemania y gracias a la autoexclusión de Londres.
La semana después del acuerdo en la UE para enmendar la crisis del euro comienza con más incertidumbre. Los inversores deciden recoger beneficios y Bolsas caen más de un 1%. La alerta de Moody’s sobre la inconsistencia de la soluciones adoptadas y su impacto en los ratings soberanos tampoco ayuda.
El ‘derroche’ periférico no causó la crisis, sino la falta de una política fiscal supranacional y un Tesoro común.
La agencia de calificación norteamericana Standard and Poor’s, otrora aliada del liberalismo europeo, puso bajo vigilancia la deuda de la Unión Europea y extendió su sanción al sistema bancario.
Abaratan y amplían las líneas de liquidez en dólares entre bancos centrales, y en la práctica el mundo se inunda de billetes verdes para relajar la tensión
La economía solidaria o economía de solidaridad es una búsqueda teórica y práctica de formas alternativas de hacer economía, basadas en la solidaridad y el trabajo. El principio o fundamento de la economía de solidaridad es que la introducción de niveles crecientes y cualitativamente superiores de solidaridad en las actividades, organizaciones e instituciones económicas, tanto a nivel de las empresas como en los mercados y en las políticas públicas, incrementa la eficiencia micro y macroeconómica, además de generar un conjunto de beneficios sociales y culturales que favorecen a toda la sociedad.
En la audiencia, dedicada a la seguridad alimentaria, la Presidenta afirmó que el problema del precio de los commodities reside en el sistema financiero y solicitó a los líderes mundiales incrementar los controles.
Ciertamente las palabras no ayudan a despejar la sospecha que desliza el personaje de la novela de Sábato sobre si no nos encontraremos, al hablar de las finanzas, ante una religión. Dos rasgos asientan esa percepción entre el ciudadano común: por un lado, el carácter misterioso de las mismas, sólo accesible a la comprensión de unos pocos exégetas e iniciados; por otro, su aparente naturaleza totémica, que desemboca en una idolatría sacrificial. Es tal la complejidad del mundo de las finanzas y tantos los sacrificios exigidos en su nombre, que no parece disparatado abusar de la comparación. La creciente monetarización de las relaciones sociales ha conducido a que el dinero sea apreciado no sólo por su utilidad como medio de pago o depósito de valor, sino también como “dador de sentido” de la existencia social de las personas. Dussel, reflexionando acerca de las metáforas teológicas presentes en el ensamiento de Marx, se sirve de los textos del autor alemán para resaltar el carácter idolátrico del capital, básicamente en su forma financiera: «La total cosificación, inversión y el absurdo (es) el capital como capital […], que rinde interés compuesto, y aparece como un Moloch reclamando el mundo entero como víctima ofrecida en sacrificio (Opfer) en sus altares».1

