A raíz de la crisis financiera fueron varios los artículos que abordaron la relación entre riesgo y niveles de testosterona (en el Financial Times , o  Xala-i-Martín en “¡La Falta de Mujeres en las Altas Finanzas puede haber causado la Crisis!” comentando un estudio de psicólogos de la Universidad de South Florida, o yo misma, en Sexismo en la Finanzas –desde la perspectiva de los sesgos de género en el acceso laboral a estos mercados).

El tema vuelve a estar de actualidad, decimos, en relación con la publicación de un estudio de Daniel Ladley y Xin LI, The Role of Hormones in Financial Markets,  que con amplia bibliografía, viene a confirmar, ya pasados los rigores de la crisis financiera, esta relación de proporcionalidad directa.

El estudio parte de la premisa de que la testosterona afecta a las actitudes individuales frente al riesgo. Las personas con niveles más altos de testosterona son más propensas a asumir riesgos más grandes y no sólo en la toma general de decisiones (The impact of sex hormone concentrations on decision-making in females and males ), sino también en los mercados financieros (Gender differences in financial risk aversion and career choices are affected by testosterone  ).

No obstante, al existir una relación directamente proporcional entre esta hormona y el riesgo, también es cierto que los niveles de hormonas, cambian con el tiempo en respuesta a los resultados de los acontecimientos. Si se asume un riesgo y se pierde, bajan los niveles de testosterona, y de forma inversa, a su exposición a situaciones de ganancia. De ahí que los individuos que juegan y ganan, tendrán mayores niveles de testosterona y serán más propensos a hacer apuestas más grandes a medio plazo. Este efecto es más fuerte en los hombres que en las mujeres debido a que sus niveles de esta hormona son más altos, por lo que la aversión y el atractivo del riesgo en los hombres son más volátiles en el tiempo.

Trasladando estos resultados a los mercados financieros, mayoritariamente empleadores de hombres, tendríamos una especial predisposición a asumir riesgos entre el género masculino frente al femenino y un efecto general de mayor inestabilidad ( Cortisol and testosterone increase financial risk taking and may destabilize markets).

Ahora bien, los autores son conscientes de la imposibilidad de generalizar los datos de estos estudios, resultado de un muestreo en pequeños grupos, y  que el efecto global en los mercados se compensará por las pérdidas en algunas operaciones y las ganancias en otros. Los efectos en la estabilidad global de los mercados no están pues, claros. De ahí que para aclarar la relación de los niveles de testosterona y sus efectos en los mercados financieros, y conseguir resultados más robustos, Daniel Ladley y Xin LI, construyen un modelo que analiza cómo la fluctuación en los niveles hormonales puede afectar a las decisiones de los operadores masculinos. Su modelo viene a confirmar las conclusiones de estudios previos, y se observa menos aversión al riesgo cuando logran beneficios, y experimentan mayor aversión al riesgo en respuesta a las pérdidas. Y el tamaño de este efecto se determinó por el factor género, siendo los hombres los que sufren mayores oscilaciones en su comportamiento de riesgo que las mujeres.

Sus conclusiones retroalimentarían a su vez, los sesgos de género en la profesión, pues a pesar del mejor desempeño en promedio, de las mujeres en los mercados financieros, las empresas prefieren reclutar al hombre frente a la mujer, por su mayor beneficio a corto plazo.

El control del riesgo en los mercados financieros estaría entonces también ligado a una mayor presencia de mujeres en la industria financiera.

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