Basado única y exclusivamente en cuestiones comerciales y mercantiles, los países de Méjico, Estados Unidos y Canadá, firmaron este tratado que entró en vigor el primer día del año 1994, con la decisión de reafirmar lazos de cooperación y con el fin de crear un bloque comercial denominado “zona de libre comercio” de manera que los flujos inversores entre los tres países miembros fluyan sin trabas. Para favorecer en intercambio de mercancías, así como las inversiones mutuas, se acordaron una serie de medidas prioritarias, entre ellas, la supresión paulatina de aranceles, la instauración de una serie de normas que todo productor o inversor debe cumplir, la definición de los mecanismos de resolución de conflictos, etc.

Los principios fundamentales en los que se basa el TLC son la transparencia, el tratamiento especial de los firmantes como nación favorecida respecto a otros países ajenos al tratado, la ventaja de movimiento de los servicios y bienes a través de las propias fronteras de cada nación miembro, un sistema de regulación y control del cumplimiento de todos los derechos de propiedad intelectual, la implementación de los procedimientos internos necesarios para velar por el correcto cumplimiento del Tratado y por último instituir una serie de reglas que faciliten la aplicación del Tratado siempre basado en los principios del Derecho Internacional.

El germen del TLC surgió gracias a dos convenios que Estados Unidos firmó con los otros dos países integrantes en 1965. Con Canadá, cuando rubricó el Pacto Automotor y con Méjico cuando se establece el programa de las maquiladoras en el Norte. Décadas después, en 1990, fecha Méjico y Estados Unidos acuerdan comenzar la negociación de un acuerdo de libre comercio, mostrando Canadá gran interés por formar parte del tratado final. Las negociaciones internacionales se llevaron a cabo a lo largo de los años 1991 y 1992, llegando a ser aprobado el Tratado definitivo durante el año 1993 por las Asambleas de cada uno de los tres países integrantes. En 1994 iniciaba su andadura.

Es entonces cuándo se acuerdan también los objetivos del TLC. Estos son los siguientes:

• Promover las condiciones para una competencia justa,

• Incrementar las oportunidades de inversión,

• Proporcionar la protección adecuada a los derechos de propiedad intelectual,

• Establecer procedimientos eficaces para la aplicación del TLC y para la solución de controversias,

• Eliminar barreras al comercio entre Canadá, México y Estados Unidos, estimulando el desarrollo económico y dando a cada país signatario igual acceso a sus respectivos mercados.

Los beneficios generados por el TLC son los obvios y lógicos de este tipo de tratados internacionales, es decir, el comercio de las zonas comunes se ve potenciado, mejorado y ampliado, provocando a su vez una mejora en la eficiencia de las transacciones comerciales y de servicios. El auge del comercio conlleva, en el mejor de los casos, un crecimiento económico de la zona, rediciendo las tasas de pobreza y aumentando el ingreso percápita local.

El beneficio obtenido por la potencia menos desarrollada de las tres integrantes, es decir, Méjico, fue mayor, en tanto en cuanto, permitió asumir una serie de reformas económicas anunciadas a mediados de los años 80 y consolidar su apertura económica internacional. Válgannos unas cifras para reflejar esta mejora: el comercio entre Méjico y Estados Unidos se ha visto incrementado en un 67% desde la aplicación de la normativa del Tratado, la tasa de desempleo ha bajado considerablemente y el producto interior bruto del país ha crecido por encima de la media del continente. Todo ello unido atrae las inversiones de capita extranjero a la zona que redunda en más beneficios económicos a corto y largo plazo.


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Por su parte Estados Unidos obtuvo como beneficio principal un nuevo mercado para sus productos, un mercado mejicano emergente gracias al repunte de su economía. Sin embargo, su mayor beneficio fue político, ya que su nueva relación comercial con Méjico logró reforzar una serie de campos fundamentales en su política exterior tales como el tema de las drogas (históricamente introducida en el país a través de su frontera con Méjico), la migración y cuestiones medioambientales.

En un tercer lado de este triángulo comercial se encuentra Canadá que básicamente firmo el TLC para no quedar al margen de esta pujante simbiosis internacional, asegurándose así de que sus tierras siguieran siendo un lugar atractivo para la inversión y encontrando un mercado nuevo para sus productos y servicios.

Sin embargo, y tras esta exposición de hecho y parabienes del TLC no podemos concluir sin reseñar que no todos los ciudadanos integrantes del Tratado lo encuentran tan beneficioso para sus actividades. Sin ir más lejos a principios de 2008 las organizaciones obreras y campesinasde Méjico coordinaron una serie de marchas contra el TLC, concretamente para intentar renegociar con el gobierno el acuerdo agropecuario en defensa de la soberanía alimentaria y en contra de la reforma energética. Según los organizadores doscientas mil personas marcharon en la capital mejicana protestando. Todas las manifestaciones concluyeron de manera pacífica.