Nadie en Estados Unidos se ha recuperado aún de la masacre de Virginia Tech cuando el calendario señala el 20 abril, una fecha negra en la historia del país porque en 1999 dos estudiantes asesinaron a 12 compañeros y a un profesor en Columbine (Colorado), una masacre que ha estado en el recuerdo de todos en estos días y de la que se han cumplido ocho años.

Dos estudiantes llamados Eric Harris y Dylan Klebold irrumpieron con armas de fuego, en el centro donde estudiaban en Littleton (Colorado), con la única intención de cometer el máximo número de asesinatos. “Espero poder matar a más de 250 de vosotros… Será el momento más excitante de mi vida, después de que coloquemos las bombas y entremos disparando en la escuela. Los segundos parecerán horas”, decía Klebold en uno de los cinco vídeos previos a la matanza, grabado media hora antes.

[¿cómo ha podido volver a suceder “otro” Columbine?]

fotoAhora, Estados Unidos intenta asimilar otra masacre, la del surcoreano Cho Seung-Hui, autor de la mayor matanza jamás cometida en la historia de un centro educativo de Estados Unidos. En total, 32 estudiantes y profesores fueron asesinados antes de que él se suicidara. Además de los muertos, 29 personas resultaron heridas. La gran pregunta es: ¿cómo ha podido volver a suceder “otro” Columbine?.

El recuerdo y la relación entre ambos acontecimientos es si cabe, aún más dura por la mención que hizo Cho en su macabro mensaje al declarar su admiración por los “mártires Eric y Dylan”. Ahora todo el país recuerda a las víctimas mientras trata de digerir otra nueva historia de terror en un centro educativo que destapa los mismos errores.

Muchos interrogantes siguen sin respuesta y en el campus de Virginia Tech todos se peguntan cómo un estudiante conocido por sus tendencias suicidas y sus escritos macabros pudo hacerse con armas tan fácilmente. Cho Seung-Hui, estudiante de origen surcoreano de 23 años de edad. Fue objeto de una investigación a finales de 2005, tras denuncias de acoso a dos estudiantes, y había tenido un breve paso por un hospital psiquiátrico. Este drama, no sin precedentes en los centros educativos norteamericanos, ha relanzado por otra parte el debate sobre el control de las armas de fuego en Estados Unidos.

[Una semana antes de la barbarie de Virginia, Estados Unidos vivió su feria anual del rifle]

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fotoEl presidente estadounidense, George W. Bush, ya ha ordenado que su gobierno examine las preguntas surgidas tras la masacre y le remita “recomendaciones” para evitar una nueva tragedia. También ha ordenado a responsables del gobierno recorrer comunidades de todo el país para “entrevistarse con educadores, expertos de salud mental y autoridades de los Estados y dirigentes locales”. Pero Bush no ha hablado en absoluto de la peliaguda cuestión sobre el control de armas. Y es que en Estados Unidos portar armas es un derecho consagrado en la Constitución. Según la propia Secretaria de Estado, Condoleeza Rice, “el derecho a tener armas es tan importante como el derecho a la libertad de expresión”. Esa es la mentalidad de la sociedad norteamericana. Hablamos de un país en el que la población civil tiene más de doscientos millones de armas. Casi una por habitante.

Suena curioso que una semana antes de la barbarie de Virginia, Estados Unidos vivió su feria anual del rifle. Un escaparate de las últimas novedades armamentísticas para que la gente siga comprando armas y alimentando una industria de máxima influencia tanto en la Casa Blanca como en el Parlamento.

Tras el suceso de Columbine muchos dirigentes políticos y activistas, exigieron restricciones inmediatas y reformas sobre actuales normas al respecto en el Congreso legislativo. Pero dichos esfuerzos, se quedaron dormidos con el tiempo. En esta ocasión, aun con el tema en plena actualidad, no hay claros signos de que vaya a ser muy diferente por desgracia. Los legisladores más nuevos, que ocuparon sus escaños en enero tras las elecciones de noviembre en que los demócratas recuperaron la mayoría de ambas cámaras, no han mostrado ningún tipo de voluntad por regular la tenencia y el comercio de armas.

[“El derecho a tener armas es tan importante como el derecho a la libertad de expresión”]

Si que es verdad que ya se han renovado o revitalizado algunas cuestiones, como la prohibición de los rifles de asalto propuesta formalmente en febrero por la senadora Carolyn McCarthy, del estado de Nueva York. La ley más reciente en esta materia data de 2005, cuando, tras años de gestiones de legisladores del gobernante Partido Republicano, el Congreso prohibió demandar en los tribunales responsabilidad civil a los fabricantes, distribuidores, vendedores e importadores de armas de fuego.

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fotoDicen los críticos a este régimen que el proceso de asignación de permisos de posesión de armas en Estados Unidos, es el más liberal del mundo. Cierto o no, lo que si es verdad es que existen grandes vacíos legales en el proceso de venta. Sin ir más lejos, la mayoría de los gobiernos de los estados no obligan a los propietarios de armas de fuego a contar con licencia, ni a registrar las que adquieren.

Sea como sea, hay que reconocer que este tema de la violencia y las armas de fuego, se ha convertido ya en un problema de salud pública, y como tal, se debe atender muy de cerca y con gran inmediatez. Las cifras son escalofriantes, según la Coalición para Frenar la Violencia de las Armas, cada día mueren 18 personas en Estados Unidos a causa de disparos. Según el gubernamental Centro para el Control y Prevención de Enfermedades, la tasa de muerte de niños y niñas por disparos es en este país es 12 veces mayor que en otros 25 países industrializados.

Seguro que también es necesario preguntarse, qué puede llevar a adolescentes como estos a realizar semejantes barbaridades sin sentido. Porqué precisamente en el país más rico del mundo, en el que más oportunidades ofrece, la violencia sigue manteniendo un papel predominante entre los mas jóvenes. Tal vez estas preguntas de corte más sociológico necesiten reflexiones más exhaustivas, pero lo que si queda claro es que el fácil acceso por parte de la sociedad, a las armas de fuego, ha de cambiar de forma radical en Estados Unidos.