La Fiscalía pidió investigar si el banco contrató a Cenyt para espiar a diferentes personas con el objetivo de obtener diversa información sobre la constructora Sacyr, empresa que planteó una OPA hostil contra el BBVA y que trató de relevar a Francisco González de la presidencia en 2004 y 2005. Según una nota remitida por la Audiencia Nacional, la Fiscalía había considerado “que desde el BBVA se produjeron contrataciones y pagos ilícitos a la mercantil Cenyt, cuyo titular era Villarejo, que afectaron a varias áreas sensibles del banco y a diversos ejecutivos de la entidad, durante un prolongado periodo temporal”. Villarejo prestó servicios al banco desde 2004 a 2017.

Junto al banco, están imputados ocho directivos y exdirectivos del BBVA  —entre ellos, el que fuera consejero delegado, Ángel Cano— al entender que los pagos realizados a Villarejo por parte del banco, que superaron los 10 millones de euros, eran sospechosos de ser ilícitos y que supuestamente percibieron dádivas de Cenyt por facilitar tales contrataciones.  Estos hechos afectaron además a áreas sensibles del banco, como seguridad y finanzas.

Como se recordará, desde diciembre de 2010, donde se reformó el Código Penal, la Ley Orgánica 5/2010, en el artículo 31 bis del Código Penal  establece que puede existir “responsabilidad de la persona jurídica derivada del comportamiento ilícito de la persona física dentro de la estructura empresarial”. Es decir, que una empresa puede cometer un delito cuando alguno de sus directivos realiza una acción ilícita e imponérseles importantes multas, porque la sociedad pudo haberse beneficiado de esas acciones ilegales.

Por otra parte, hoy mismo se han presentado los resultados trimestrales del BBVA y quizás sorprendentemente, BBVA ha “salvado los trastos”. El mercado sigue ignorando la implicación del BBVA en el caso Villarejo y ningún analista ha preguntado al CEO sobre este hecho. Las preocupaciones se han centrado en los tipos del BCE o en la situación en México.

¿Falta de sensibilidad de los analistas ante esta posible crisis reputacional? ¿Podemos hablar de crisis reputacional si los analistas e inversores no se preocupan de ello? ¿Cuál es la actitud de los clientes minoristas?

Puede que estos hechos que se están dilucidando no tengan impacto en la evolución del negocio o en la cotización, pero precisamente por ello queremos plantear aquí algunas reflexiones.

  • En primer lugar, la todavía falta de sensibilidad de los mercados a este tipo de crisis reputacionales, que como en el caso, apunta a serios indicios delictivos.

Es cierto que la banca ética y las fintech, están creciendo rápidamente pero todavía no suponen una amenaza al negocio de la banca tradicional. Por otra parte, desde el punto de vista de la sostenibilidad, los analistas se centran más en los aspectos medioambientales –apoyados también por Bruselas-que por los criterios sociales o de gobierno corporativo.

  • En segundo lugar, la reputación presenta gran elasticidad dependiendo del tipo de industria de la que estemos hablando. En este caso, la gestión de la reputación ha sido francamente mejorable, pero todavía y especialmente en nuestro país, no parece despertar un nivel de reproche por analistas, inversores y clientes minoristas que suponga una amenaza para el banco.
  • En tercer lugar, la política de compliance del banco. Parece que los controles internos han fallado en la segunda entidad bancaria del país.

El BBVA, independientemente de la depuración futura de responsabilidades penales, debe diseñar y plantear una política clara de intransigencia con conductas punibles y poco éticas y una hoja de ruta para subsanar las fallas en su sistema interno de complianceLa red interna de áreas y directivos implicados apunta al diseño de nuevos esquemas de gobierno corporativo acordes con entidades modernas y sobre todo, al examen continuo de la honorabilidad de su cúpula directiva. Así por ejemplo, en otros casos, el BCE ha sido tajante y ha pedido la salida de los directivos afectados para evitar problemas de reputación en los bancos.

Hay que tener en cuenta además que como banco sistémico, el Banco Central Europeo ha reclamado varias veces al BBVA “rapidez y un análisis lo más profundo posible” sobre su informe interno y la relación con Villarejo. En este sentido, parece que el análisis interno va por detrás de la investigación judicial, cuando ya se ha empezado a imputar a directivos y exdirectivos.

  • Finalmente, algunas reflexiones a propósito de la RSC del banco. Parece que se pone de manifiesto un claro divorcio entre la “cultura” directiva, la RSC declarada y la profesionalidad de las mayoría de los empleados del banco. A nivel interno, la plantilla del BBVA merece transparencia y una explicación de lo que pasó y cuál es la política que va a seguir el banco, eliminando cualquier incertidumbre sobre respaldos a conductas ilícitas y contrarias a derecho. La primera premisa de toda cultura y gestión de la RSC, el compromiso del consejo de Administración y de su cúpula directiva, ha fallado. ¿Se puede sostener la RSC de un banco cuando falla este compromiso?

Quizás no afecte esta crisis su valor en los mercados, ni a la reputación del banco, y aunque una imputación no implica una acusación formal, por el número, relevancia funcional de los imputados y áreas del banco afectadas, sí afecta a la credibilidad de su política de responsabilidad social y al trabajo desarrollado todos estos años por muchos profesionales.