Otro Mundo Es Posible

Ceuta, Melilla y el peso de la memoria histórica

El tema surgió a raíz de referencias que describían a Ceuta y Melilla como territorios «administrados por España». Madrid rechazó rápidamente esa descripción. Para muchos observadores externos, la reacción pudo parecer exagerada o meramente diplomática. Sin embargo, desde la perspectiva española, la distinción tiene un peso enorme.

Ceuta y Melilla no son colonias bajo el marco constitucional español. Son ciudades autónomas españolas con gobiernos electos, representación parlamentaria, ciudadanía española e integración constitucional dentro del propio Estado español.

Sus residentes votan en elecciones españolas. Portan pasaportes españoles. Sus hijos crecen bajo la ley española y la Constitución española. Sus representantes participan en las instituciones democráticas nacionales de España a través del Congreso de los Diputados y el Senado.

Y no se trata de pequeños enclaves simbólicos.

Ceuta tiene una población aproximada de 85,000 habitantes. Melilla cuenta con alrededor de 87,000 residentes. Juntas representan a más de 170,000 personas viviendo bajo soberanía española  familias, trabajadores, negocios, universidades, escuelas, puertos, hospitales, iglesias, mezquitas y economías locales profundamente conectadas con España y Europa.

Ubicadas cerca del Estrecho de Gibraltar, estas ciudades ocupan además uno de los cruces marítimos más estratégicos del mundo, conectando el Océano Atlántico con el Mar Mediterráneo. Su importancia económica y militar ha sido reconocida durante siglos.

Ceuta ha estado vinculada a soberanía ibérica  y posteriormente española  desde principios del siglo XV. Melilla permanece bajo control español desde 1497.

Aunque Ceuta y Melilla han estado vinculadas a la soberanía española durante siglos, su condición moderna como ciudades autónomas fue establecida oficialmente en 1995 dentro del marco constitucional democrático de España.

Eso significa que estos territorios han estado ligados a España por más tiempo del que los Estados Unidos han existido como nación.

Y eso es precisamente parte de lo que hace esta controversia tan llamativa.

Durante casi dos siglos, los Estados Unidos invocaron la Doctrina Monroe como advertencia contra la interferencia política europea en el hemisferio occidental. Sin embargo, hoy miembros del sistema político estadounidense se encuentran comentando sobre la legitimidad territorial de territorios españoles al otro lado del Atlántico.

Intencional o no, el lenguaje utilizado llevaba implicaciones que España claramente consideró políticamente sensibles.

Las palabras importan en la diplomacia.

La forma en que se presentan las cosas importa.

La historia importa.

Y para muchos puertorriqueños, discusiones como esta resuenan de manera distinta porque la propia historia de Puerto Rico con España y los Estados Unidos permanece profundamente conectada a cuestiones de soberanía y lenguaje político.

En 1897, Puerto Rico recibió la Constitución Autonómica de 1897 (Constitución Autonómica), un Real Decreto firmado por la Corona de España que estableció a Puerto Rico como una entidad constitucional autónoma dentro del Reino de España. Puerto Rico poseía instituciones electas, su propio gobierno autónomo y representación parlamentaria dentro del sistema político español.

Cuba también recibió una estructura autonómica similar durante ese mismo período histórico.

Aunque Ceuta y Melilla obtuvieron oficialmente su condición moderna de ciudades autónomas en 1995 bajo el marco constitucional democrático de España, Puerto Rico y Cuba ya habían recibido formas avanzadas de autonomía constitucional casi un siglo antes mediante la Constitución Autonómica de 1897. Para su época, el modelo autonómico otorgado a Puerto Rico representaba una de las formas más avanzadas de autogobierno territorial dentro del sistema político español.

Luego llegó 1898.

Los Estados Unidos invadieron Puerto Rico durante la Guerra Hispanoamericana. Los propios puertorriqueños nunca fueron consultados durante las negociaciones del Tratado de París. El sistema autonómico que Puerto Rico apenas comenzaba a implementar fue abruptamente interrumpido y posteriormente desmantelado bajo la nueva administración colonial.

Esa experiencia histórica dejó una huella duradera en la conciencia política puertorriqueña.

Los puertorriqueños también conocen cómo el lenguaje político puede transformar la percepción internacional. Durante la década de 1950, los Estados Unidos implementaron la estructura del Estado Libre Asociado (ELA) en Puerto Rico en medio de crecientes presiones internacionales relacionadas con los territorios coloniales y los debates de descolonización en las Naciones Unidas.

Aunque el nuevo modelo amplió ciertos aspectos del autogobierno local, Puerto Rico continuó clasificado legalmente bajo la ley constitucional estadounidense como un territorio no incorporado sujeto a la autoridad plenaria del Congreso de los Estados Unidos.

A diferencia de Hawái, que se convirtió en un territorio incorporado en su camino hacia la estadidad, Puerto Rico nunca recibió un estatus territorial incorporado dentro del sistema constitucional estadounidense.

Para muchos puertorriqueños, esta distinción reforzó la diferencia que puede existir entre la terminología política y la realidad subyacente de la soberanía.

Por eso el lenguaje diplomático puede tener un significado que va mucho más allá de simples palabras.

Describir territorios con siglos de integración constitucional, política y nacional simplemente como «administrados» inevitablemente genera preguntas sobre legitimidad, soberanía y percepción internacional.

Imaginemos por un momento que gobiernos extranjeros comenzaran a describir oficialmente a Puerto Rico, Hawái, Alaska o Guam como territorios simplemente «administrados» por los Estados Unidos. Washington probablemente reaccionaría de inmediato.

El tema aquí no es alarmismo ni especulación sobre conflictos. No existe evidencia de que los Estados Unidos busquen una confrontación con España, ni esas comparaciones corresponden a las realidades geopolíticas de 2026. España forma parte tanto de la OTAN como de la Unión Europea, y el sistema internacional moderno es profundamente distinto al de 1898.

Pero la memoria histórica continúa influyendo en la manera en que las personas interpretan el lenguaje político.

Especialmente para los puertorriqueños, las conversaciones sobre soberanía rara vez se observan separadas de la historia. Los acontecimientos de 1897 y 1898 continúan influyendo en cómo muchos interpretan el lenguaje diplomático, la legitimidad territorial y las acciones de las grandes potencias.

La historia no siempre se repite de la misma manera, pero muchas veces deja lecciones que las sociedades ignoran bajo su propio riesgo.

Salir de la versión móvil