Otro Mundo Es Posible

Entrevista a Edwin Ortíz, presidente de la Iniciativa Nacional Puerto Rico y España

Buenos días Sr. Ortíz, es un verdadero placer para nosotros contar con su presencia en nuestro medio, y poder conocer sus opiniones, como Presidente de Iniciativa Nacional Puerto Rico y España, respecto a la situación actual de Puerto Rico, sobre su futuro, y sobre su relación con España.

Usted es una persona importante dentro de un movimiento que está surgiendo en Puerto Rico de un tiempo a esta parte, y según el cual se valora positivamente una relación más estrecha de la isla con España, por eso sus opiniones respecto a la relación Puerto Rico-España son muy interesantes.

Por ponernos en contexto, en Puerto Rico nunca se produjo un movimiento contra la pertenencia de la isla a España como sí ocurrió en Cuba, sin embargo, tras la firma del Tratado de Paris en 1898, España tuvo que dejar Cuba y ceder la soberanía de Puerto Rico a Estados Unidos.

Pregunta- ¿Realmente, a estas alturas, alguien en Puerto Rico sigue teniendo el sentimiento de que nunca quisieron dejar de ser españoles?

Edwin Ortíz- Sí, ese sentimiento existe, aunque durante mucho tiempo ha sido silenciado, minimizado o tratado como algo marginal. No necesariamente se expresa de la misma manera en todas las personas, ni siempre se articula políticamente, pero sí existe una memoria histórica profunda de que Puerto Rico no tuvo un proceso de separación de España comparable al de otros países hispanoamericanos.

Puerto Rico no se levantó masivamente contra España para romper definitivamente con ella. Al contrario, en 1897 Puerto Rico recibió la Constitución Autonómica, establecida mediante Real Decreto firmado por la Reina Regente María Cristina de Austria, en nombre del rey Alfonso XIII. Esto no fue un simple experimento político ni una promesa abstracta. Fue una implementación constitucional concreta dentro del marco del Reino de España, que autorizó la formación de un gobierno autonómico puertorriqueño.

Ese marco contemplaba una estructura de gobierno propio, representación política, participación electoral y un Parlamento insular. De hecho, el 27 de marzo de 1898 se celebraron elecciones en Puerto Rico bajo ese nuevo sistema autonómico.

Esto es fundamental, porque demuestra que Puerto Rico ya había comenzado una etapa de autogobierno dentro de España antes de la invasión estadounidense. Esa realidad fue interrumpida por la guerra hispano-estadounidense, la invasión de 1898 y luego el Tratado de París.

Por eso, muchas personas en Puerto Rico sienten que la relación con España no terminó por voluntad plena del pueblo puertorriqueño, sino por una decisión geopolítica tomada entre imperios. Ese sentimiento no siempre se expresa simplemente como “queremos volver a ser españoles”, pero sí como una conciencia creciente de que nuestra historia con España fue cortada de manera abrupta y que merece ser revisada con honestidad.

P- Sin embargo, más de un siglo después, lo lógico es pensar que todos los ciudadanos puertorriqueños quieren pertenecer de forma integral a Estados Unidos como un Estado miembro más, ¿no es así?

R- No necesariamente. Esa es una percepción común fuera de Puerto Rico, pero la realidad interna es mucho más compleja. En Puerto Rico existen sectores que favorecen la estadidad, otros que defienden la independencia, otros que apoyan alguna forma de soberanía asociada, y también sectores que están comenzando a mirar nuevamente hacia España como una posibilidad histórica, cultural y política.

Hay un punto importante que muchas veces se omite: para Puerto Rico, tanto la estadidad como la independencia serían fórmulas nuevas, no vividas históricamente como realidad política propia. Puerto Rico nunca ha sido un estado de la Unión americana, y tampoco ha sido una república independiente plenamente constituida. En cambio, Puerto Rico sí tuvo una experiencia constitucional autonómica dentro de España en 1897 y 1898, interrumpida por la invasión estadounidense.

Por eso, cuando algunos presentan la relación autonómica con España como una idea “experimental”, habría que recordar que lo verdaderamente no probado en la historia puertorriqueña son la estadidad y la independencia. La autonomía con España no era una teoría. Había sido formalmente decretada, organizada y puesta en marcha mediante elecciones.

También es importante entender que Puerto Rico no es simplemente un territorio en espera automática de convertirse en estado. Puerto Rico es un territorio no incorporado de Estados Unidos. Eso significa que nunca fue absorbido plenamente dentro del sistema constitucional estadounidense como un estado ni como un territorio con un camino garantizado hacia la estadidad o la igualdad plena.

Esa condición no incorporada es precisamente lo que hace que el debate sobre el futuro de Puerto Rico siga abierto. Muchos puertorriqueños están despertando a esa realidad. Están entendiendo que Puerto Rico no fue incorporado plenamente a Estados Unidos, que la estadidad nunca ha sido garantizada y que el Congreso nunca ha tomado una decisión final y vinculante para resolver el estatus político de la isla.

Después de más de 125 años bajo soberanía estadounidense, Puerto Rico sigue sin ser un estado de la Unión. Durante ese período, ambos partidos principales en Estados Unidos han tenido múltiples oportunidades históricas para actuar. Ha habido más de dos docenas de ocasiones políticas —incluyendo momentos en que un mismo partido ha controlado la Casa Blanca, la Cámara de Representantes y el Senado— y, aun así, ninguna de esas oportunidades produjo una decisión definitiva para convertir a Puerto Rico en el estado 51 ni para resolver de manera vinculante su futuro político.

La realidad es que no todos los puertorriqueños quieren ser estadounidenses en términos políticos plenos. Muchos valoran la ciudadanía estadounidense por razones prácticas, pero culturalmente se sienten profundamente puertorriqueños, hispanos y caribeños. Ahí es donde la relación con España vuelve a tener importancia, porque ofrece una conversación distinta: una relación basada en historia, lengua, cultura y pertenencia hispánica.

P- ¿Al ciudadano puertorriqueño de a pie le afecta que Puerto Rico sea un Estado Asociado y no un Estado más, o más bien es un tema que no está en el debate del día a día?

R- Sí, Puerto Rico siente ese impacto todos los días. Lo siente cuando una persona se levanta y compra café. Lo siente cuando va al supermercado. Lo siente cuando paga la electricidad. Lo siente cuando busca atención médica. Lo siente cuando ve cerrar escuelas. Lo siente cuando un hijo, un hermano o un padre tiene que irse de la isla porque no encuentra oportunidades.

El problema es que muchas personas no siempre conectan esas dificultades diarias directamente con el estatus político, pero la conexión existe. La condición territorial actual de Puerto Rico afecta la economía, el costo de vida, los servicios públicos, los salarios, la migración, la salud, la educación, la agricultura y la capacidad del pueblo puertorriqueño de gobernarse plenamente.

Uno de los ejemplos más claros es la Ley Jones. Por estar Puerto Rico bajo el sistema marítimo estadounidense, gran parte del comercio marítimo entre puertos estadounidenses debe realizarse en barcos construidos, registrados, tripulados y propiedad de estadounidenses. Para una isla que importa la inmensa mayoría de lo que consume, esto tiene un impacto directo en el costo de los productos. El puertorriqueño lo siente en el supermercado, en los materiales de construcción, en los medicamentos, en el combustible y en los artículos básicos del hogar.

Al mismo tiempo, la capacidad agrícola de Puerto Rico ha sido profundamente debilitada durante generaciones. La isla importa la mayoría de lo que consume, mientras gran parte de su base productiva ha sido descuidada o desmantelada. Eso crea dependencia, vulnerabilidad y costos más altos. Un pueblo que tuvo una base agrícola más fuerte hoy vive dentro de un sistema donde la supervivencia básica depende demasiado de las importaciones.

También están leyes y políticas como PROMESA, que es uno de los ejemplos más claros de la falta de autogobierno pleno en Puerto Rico. PROMESA creó la Junta de Supervisión y Administración Financiera, conocida por muchos como “La Junta”, para supervisar los planes fiscales, presupuestos, reestructuración y proceso de pago de la deuda de Puerto Rico. Independientemente de cómo cada persona explique la deuda, la realidad para el puertorriqueño común es que una junta no electa ha tenido enorme autoridad sobre las finanzas de la isla y sobre prioridades de política pública.

Eso significa que los funcionarios electos en Puerto Rico pueden proponer medidas, presupuestos y políticas, pero operan bajo la sombra de la supervisión federal. El gobierno de Puerto Rico no funciona con la soberanía de una nación ni con la igualdad política de un estado de Estados Unidos. Funciona dentro de un marco territorial donde la democracia local puede ser limitada, revisada o anulada por autoridad federal.

Por eso PROMESA es tan importante. Expone la contradicción del estatus político de Puerto Rico. Los puertorriqueños eligen un gobernador y una legislatura, pero una junta creada por el gobierno federal puede ejercer control sobre decisiones fiscales mayores. Eso envía un mensaje claro: Puerto Rico tiene elecciones locales, pero no tiene poder político pleno.

El impacto se ve en todas partes. Han cerrado escuelas. Los hospitales y servicios médicos han enfrentado enormes dificultades. Médicos y profesionales se han ido. Los salarios siguen siendo bajos en comparación con el costo de vida. Familias enteras han sido separadas por la emigración. Cientos de miles de puertorriqueños se han mudado a Estados Unidos porque no encontraron en la isla la estabilidad, los recursos, la atención médica o las oportunidades que necesitaban.

Así que sí, el ciudadano puertorriqueño común siente el impacto del estatus todos los días. Quizás no siempre utiliza lenguaje constitucional para describirlo. Quizás lo llama “el costo de vida”, “la falta de empleos”, “la deuda”, “La Junta”, “el cierre de escuelas”, “los hospitales en crisis” o “mis hijos se tuvieron que ir”. Pero debajo de todo eso está la misma realidad: Puerto Rico es gobernado como territorio, no como un pueblo plenamente empoderado.

También hay que decirlo claramente: Puerto Rico ha celebrado múltiples consultas de estatus, incluyendo siete plebiscitos hasta el presente, pero esas consultas no han producido un cambio político vinculante porque no han sido procesos plenamente diseñados, comprometidos y ejecutados por el Congreso de Estados Unidos. En la práctica, han funcionado más como expresiones políticas internas que como mecanismos capaces de obligar a Washington a actuar.

Ese es uno de los grandes problemas del debate político puertorriqueño. Los partidos locales utilizan el tema del estatus para movilizar electores, crear entusiasmo partidista y mantener viva una promesa, pero al final el poder decisivo no está en San Juan, sino en Washington. Si el Congreso no inicia, reconoce o aprueba un proceso vinculante, el resultado vuelve a quedar en el aire.

Por eso muchas personas sienten frustración. Han votado, han escuchado promesas, han visto campañas completas alrededor del estatus, pero el resultado práctico sigue siendo el mismo: Puerto Rico continúa como territorio no incorporado de Estados Unidos.

P- Hay quien defiende que la reincorporación a España significaría una mejora de las condiciones económicas de los ciudadanos de Puerto Rico. Según el Banco Mundial el PIB per cápita ajustado por Paridad de Poder Adquisitivo de España ronda los 48.500 dólares, mientras que el de Puerto Rico se sitúa en los 39.000 dólares. ¿Esa diferencia de unos 10.000 dólares reales de mayores ingresos por habitante es motivo para pedir reincorporarse a España?

R- La diferencia económica puede ser un elemento de análisis, pero no debe ser el único motivo. La conversación sobre una relación más estrecha con España no puede reducirse solamente a una cifra de PIB per cápita. El asunto es más profundo: se trata de estabilidad política, acceso a un marco europeo, derechos ciudadanos, movilidad, oportunidades educativas, desarrollo regional, seguridad jurídica y posibilidades de integración económica con Europa.

España forma parte de la Unión Europea. Eso representa un espacio de derechos, movilidad, inversión, educación y desarrollo que Puerto Rico actualmente no tiene. Para muchos puertorriqueños, especialmente jóvenes, profesionales, emprendedores y familias, el acceso a Europa significaría una apertura histórica.

Dicho eso, la economía sí importa. Puerto Rico lleva décadas enfrentando crisis fiscal, emigración masiva, deuda pública, deterioro de servicios esenciales y falta de desarrollo productivo. Si una relación con España pudiera abrir nuevas oportunidades de inversión, comercio, agricultura, turismo, educación y movilidad, entonces es legítimo analizarlo seriamente.

Pero para nosotros el argumento no es simplemente “España tiene un PIB más alto”. El argumento es que Puerto Rico necesita salir del estancamiento colonial y explorar alternativas reales, dignas y viables. El desarrollo no se mide únicamente por ingresos individuales, sino también por estabilidad institucional, servicios públicos, acceso a oportunidades, seguridad social, educación, salud, movilidad y futuro para las familias.

P- Estados Unidos nunca ha querido que Puerto Rico se integre como un Estado más a la nación. ¿Es una postura que tiene justificación?

R- Eso depende de desde qué perspectiva se mire. Desde la perspectiva de muchas personas en el Congreso de Estados Unidos, seguramente han existido razones políticas, estratégicas, económicas, culturales y partidistas para no integrar plenamente a Puerto Rico como estado. Pero desde la perspectiva del pueblo puertorriqueño, no, no es una postura justificada.

Estados Unidos ha mantenido a Puerto Rico en una condición territorial por más de 125 años. Durante ese tiempo, Puerto Rico ha sido utilizado estratégicamente, económicamente, militarmente y políticamente, pero no se le ha concedido igualdad plena dentro del sistema constitucional estadounidense. Eso no es justicia. Eso es una relación colonial vestida con lenguaje legal moderno.

También tenemos que abordar el asunto que muchas veces se evita: en Washington, el estatus de Puerto Rico se trata muchas veces menos como una cuestión de justicia y más como una cuestión de poder político. Muchos demócratas apoyan la estadidad para Puerto Rico, pero no siempre porque estén motivados por la dignidad puertorriqueña o por una reparación histórica. Para algunos, también es un cálculo estratégico, porque la estadidad de Puerto Rico podría añadir nuevos escaños en el Congreso, dos senadores y votos electorales que muchos asumen que favorecerían al Partido Demócrata.

Al mismo tiempo, muchos republicanos se oponen a la estadidad precisamente por esa razón. Ven a Puerto Rico como una amenaza a su poder político. El exlíder republicano del Senado, Mitch McConnell, se opuso públicamente a la estadidad de Puerto Rico y Washington, D.C., dentro del marco de lo que llamó una agenda socialista demócrata. La exsenadora republicana Martha McSally fue aún más directa cuando advirtió que, si Washington, D.C. y Puerto Rico se convertían en estados, los republicanos “nunca recuperarían el Senado”.

Eso nos dice algo muy importante: para muchos en Washington, Puerto Rico no es evaluado primero como un pueblo con derechos, historia, lengua, cultura y aspiraciones democráticas. Puerto Rico es evaluado como un posible cambio en el balance de poder político estadounidense.

Las razones históricas para negar la igualdad plena a Puerto Rico también han sido culturales, lingüísticas, raciales y estratégicas. Puerto Rico es una nación cultural hispana, caribeña y de habla española, con una identidad muy fuerte. Estados Unidos intentó durante décadas asimilar a Puerto Rico y hacerlo parecer más al continente. Se empujó el inglés en las escuelas, se impusieron instituciones estadounidenses y se colocó a la isla bajo un sistema diseñado para transformar su identidad. Pero ese intento fracasó en su sentido más profundo. Puerto Rico puede consumir productos estadounidenses, muchos puertorriqueños pueden hablar inglés y muchos pueden entender muy bien a Estados Unidos, pero la lengua, la cultura, la memoria y la identidad nacional puertorriqueña no desaparecieron.

Y esto no es una suposición. El récord histórico demuestra que desde temprano las autoridades legales y políticas estadounidenses hablaron sobre Puerto Rico y otros territorios insulares con lenguaje abiertamente discriminatorio. En los llamados Casos Insulares, el Tribunal Supremo de Estados Unidos creó la doctrina del territorio no incorporado. En esencia, Puerto Rico pertenecía a Estados Unidos, pero no era plenamente parte de Estados Unidos.

En el caso Downes v. Bidwell de 1901, el Tribunal Supremo utilizó expresiones que reflejaban una mentalidad colonial, hablando de territorios habitados por “razas extranjeras” con costumbres, leyes y modos de pensamiento distintos. Ese lenguaje importa, porque revela el pensamiento detrás del sistema territorial. Puerto Rico no fue tratado como un igual. Fue tratado como una posesión.

La misma actitud apareció en la política federal temprana. El secretario de Guerra Elihu Root expresó que, antes de confiar plenamente el autogobierno al pueblo de Puerto Rico, este debía aprender primero una lección de autocontrol y respeto por los principios del gobierno constitucional. Esa visión paternalista contradice el hecho de que Puerto Rico ya había comenzado a operar bajo la Constitución Autonómica de 1897 antes de la invasión estadounidense.

Entonces, cuando preguntamos si la postura de Estados Unidos está justificada, tenemos que ser claros: el Congreso puede tener sus justificaciones, pero muchas de esas justificaciones han estado basadas en prejuicio, conveniencia política, resistencia cultural e intereses imperiales. Esas justificaciones no se alinean con la dignidad ni con los derechos democráticos del pueblo puertorriqueño.

Puerto Rico está despertando a esta realidad cada vez más. Muchos puertorriqueños están entendiendo que Puerto Rico nunca fue incorporado plenamente a Estados Unidos, que la estadidad nunca fue garantizada y que el sistema territorial fue diseñado para mantener a Puerto Rico bajo autoridad estadounidense sin concederle igualdad plena.

Esa realidad nos obliga a hacer una pregunta más profunda: si después de más de un siglo Estados Unidos nunca ha aceptado plenamente a Puerto Rico, ¿por qué Puerto Rico debe seguir limitando su imaginación política a un sistema que nunca lo ha tratado como igual?

Por eso muchas personas están mirando nuevamente hacia España, no por nostalgia, sino por conciencia histórica. Puerto Rico tuvo un gobierno constitucional autonómico bajo España antes de 1898. Tuvo Parlamento. Tuvo elecciones. Tuvo una estructura política que fue interrumpida, no rechazada. Si Estados Unidos ha pasado más de 125 años sin integrar plenamente a Puerto Rico, entonces Puerto Rico tiene todo el derecho de volver a examinar el camino que le fue arrebatado.

P- ¿Puede que Puerto Rico sea víctima de rechazo por ser su población hispana?

R- Es una pregunta delicada, pero hay que responderla con honestidad. La dimensión cultural, lingüística e hispana de Puerto Rico sí ha influido en la manera en que Estados Unidos ha tratado la posibilidad de convertirlo en estado.

Puerto Rico es una nación cultural hispana, de habla española, caribeña y latinoamericana. Su integración plena como estado significaría incorporar a la Unión una población mayoritariamente hispanohablante, con una identidad nacional muy marcada y con una historia distinta a la de los estados continentales.

No diría que el rechazo se explica solamente por ser hispanos, porque también hay factores económicos, partidistas y estratégicos. Pero sería ingenuo negar que el idioma, la cultura y la identidad puertorriqueña han sido factores de resistencia dentro de sectores estadounidenses.

Y precisamente por eso muchos puertorriqueños comienzan a preguntarse: si nuestra lengua, nuestra cultura y nuestra identidad son obstáculos para ser aceptados plenamente por Estados Unidos, quizás debemos mirar hacia un espacio donde esas mismas características no sean obstáculos, sino puentes. España representa precisamente ese vínculo histórico, lingüístico y cultural.

P- Dentro del movimiento político que lucha por el acercamiento e incluso incorporación de Puerto Rico a España, se defiende la inclusión en las consultas legislativas de la opción de la reunificación. ¿Realmente alguien dentro del establishment oficial puede apoyar que se haga algo así?

R- En este momento sería difícil decir que el establishment político tradicional en Puerto Rico apoyaría abiertamente esa opción, porque el sistema político puertorriqueño ha estado dominado durante décadas por tres marcos repetidos: estadidad, Estado Libre Asociado e independencia. La opción de una relación con España ha sido excluida del debate oficial.

Pero precisamente ahí está el problema. Si durante más de 125 años las opciones tradicionales no han producido una solución definitiva, entonces Puerto Rico tiene derecho a ampliar la conversación. La democracia no debe limitarse a repetir las mismas alternativas cuando ninguna ha resuelto la situación colonial o territorial de la isla.

También hay que cuestionar el uso de la palabra “experimento”. Reincorporarse a una relación autonómica con España no surge de la nada. Puerto Rico ya tuvo una estructura autonómica formalmente implementada en 1897 y puesta en marcha en 1898 con elecciones. En cambio, la estadidad y la independencia sí serían modelos no vividos por Puerto Rico como realidad política propia. Eso no significa que no puedan discutirse; significa que no deben presentarse como las únicas opciones serias mientras se descarta automáticamente la alternativa española.

Aquí también es importante señalar que nuestra organización, The National Puerto Rico and Spain Initiative, ha tomado la posición de que el futuro de Puerto Rico no puede continuar atrapado dentro del mismo marco político limitado. El debate actual ha sido reducido durante décadas a estadidad, independencia o el arreglo territorial existente. Pero esas opciones no atienden plenamente la realidad histórica y legal única de Puerto Rico.

Puerto Rico no es un territorio incorporado de Estados Unidos. Esa condición no incorporada es fundamental, porque demuestra que Puerto Rico nunca fue absorbido plenamente dentro del sistema constitucional estadounidense. Puerto Rico continúa en una condición territorial, y por eso su futuro político sigue sin resolverse de manera definitiva.

Por esa razón, The National Puerto Rico and Spain Initiative presentó una petición ante los tribunales federales, y uno de los puntos centrales de esa petición es la restauración del gobierno autonómico de Puerto Rico tal como existía bajo la Constitución Autonómica de 1897, incluyendo un Parlamento pleno.

Esto no se trata simplemente de nostalgia. Se trata de reconocer que Puerto Rico tenía un camino constitucional de autogobierno antes de 1898, que ese camino fue implementado por Real Decreto, que hubo elecciones el 27 de marzo de 1898, y que esa estructura fue interrumpida sin el consentimiento directo del pueblo puertorriqueño.

Nuestra posición es sencilla: si Puerto Rico va a consultar a su pueblo sobre su futuro político, no debe limitar artificialmente las opciones. La reunificación o reincorporación a España debe poder estudiarse, debatirse y, eventualmente, incluirse como opción si existe respaldo ciudadano suficiente. No pedimos que se imponga. Pedimos que no se censure.

La democracia no debe temerle a una pregunta. Si la idea no tiene apoyo, el pueblo lo dirá. Pero si hay un sector creciente interesado en explorarla, entonces excluirla de antemano sería antidemocrático.

P- Existen expertos que mantienen que el primer paso que se debería dar para que la reunificación tenga opciones es conseguir la nacionalidad española. ¿Opina usted lo mismo?

R- Sí, considero que la nacionalidad española reparativa para los puertorriqueños sería un paso fundamental, aunque no necesariamente el único. La nacionalidad permitiría reconstruir un vínculo jurídico entre Puerto Rico y España, y abriría una puerta concreta para que muchos puertorriqueños puedan estudiar, trabajar, residir e invertir en España y en la Unión Europea.

Además, tendría un valor simbólico enorme. Puerto Rico fue parte de España durante más de cuatro siglos. La separación no ocurrió por una independencia nacional puertorriqueña, sino por una guerra entre España y Estados Unidos. Por eso, hay quienes argumentan que los puertorriqueños deberían tener una vía especial de acceso a la nacionalidad española como reparación histórica.

Dicho esto, la nacionalidad no sustituye el debate político sobre el futuro de Puerto Rico, pero sí puede crear las condiciones humanas, sociales y culturales para fortalecer nuevamente la relación entre ambos pueblos.

También es importante aclarar que existen distintas iniciativas y voces trabajando este tema desde diferentes ángulos. Algunas se enfocan en la nacionalidad española reparativa. Otras, como la nuestra, trabajan también el aspecto comunitario, cultural, migratorio y de revitalización territorial a través del Proyecto Puerto Rico en España. Todas estas conversaciones, aunque separadas, demuestran que el vínculo Puerto Rico-España está recibiendo nueva atención.

P- En los últimos tiempos estamos asistiendo a un nuevo escenario internacional fruto de la política del presidente Trump, alejándose de sus socios tradicionales en Europa y buscando una mayor influencia y presencia en todos los países del continente americano. ¿No significa esto que el tiempo del reunificacionismo en Puerto Rico ha perdido toda opción real?

R- No necesariamente. De hecho, podría significar lo contrario. Cuando el escenario internacional cambia, también cambian las conversaciones que antes parecían imposibles. Si Estados Unidos adopta una política más unilateral, más distante de Europa y más enfocada en su propio interés hemisférico, Puerto Rico debe preguntarse con mayor razón cuál es su lugar en el mundo.

El reunificacionismo no depende solamente de la voluntad inmediata de Washington. Depende también de la conciencia del pueblo puertorriqueño, del interés de España, del desarrollo de vínculos culturales, jurídicos y económicos, y de la capacidad de presentar una propuesta seria y responsable.

Es evidente que cualquier cambio político de gran magnitud enfrenta obstáculos. Nadie debe presentar esto como algo fácil o inmediato. Pero tampoco debemos aceptar la idea de que Puerto Rico está condenado eternamente a una sola conversación política. Los pueblos tienen derecho a pensar, a revisar su historia y a explorar alternativas.

Además, cuando una potencia deja claro que sus decisiones responden principalmente a sus propios intereses, los pueblos bajo su influencia tienen aún más razón para preguntarse si deben buscar relaciones más equilibradas, más dignas y más coherentes con su identidad histórica. En el caso de Puerto Rico, esa reflexión nos lleva inevitablemente a mirar también hacia España y hacia Europa.

P- Usted es también fundador y coordinador del Proyecto Puerto Rico en España, una iniciativa que abre una solución alternativa a una preocupación de rigurosa actualidad, como es la España vaciada. Los pueblos abandonados, la falta de natalidad y la repoblación como incertidumbre en cuanto a adaptación. ¿Cree que este proyecto, contando con personas de repoblación hispana, con costumbres, lengua y pasado español, sea aún más atractivo para los distintos gobiernos autonómicos y del propio Gobierno de España?

R- Sí, absolutamente. El Proyecto Puerto Rico en España nace precisamente de una idea muy concreta: Puerto Rico puede aportar una solución humana, cultural y económica a una de las grandes preocupaciones de España, que es la España vaciada.

No estamos proponiendo simplemente que personas se muden a España de manera individual y dispersa. Estamos proponiendo un modelo de comunidad, de revitalización y de integración. La idea es que familias puertorriqueñas, emprendedores, profesionales, retirados, trabajadores remotos y pequeños empresarios puedan establecerse en zonas con baja población, ayudando a reactivar viviendas, negocios, servicios, vida comunitaria y actividad económica.

La ventaja del perfil puertorriqueño es muy clara: hablamos español, compartimos una raíz cultural hispana, tenemos una historia común con España, una tradición familiar fuerte, una cultura alegre, caribeña y emprendedora, y una capacidad natural de integrarnos sin romper la identidad local española.

Nosotros no queremos llegar a España a imponer nada. Queremos integrarnos, aportar, respetar y construir. El concepto de “Little Puerto Rico in Spain” no busca crear una comunidad aislada, sino un espacio cultural vivo, parecido a lo que representan Little Italy o Chinatown en otras partes del mundo: una comunidad con identidad propia que también enriquece al país que la recibe.

Este proyecto puede resultar atractivo para gobiernos autonómicos y locales porque no se limita a una idea cultural. También tiene una dimensión económica concreta: repoblación, vivienda, pequeños negocios, consumo local, turismo cultural, servicios, agricultura, emprendimiento y recuperación de vida comunitaria. Puerto Rico puede aportar personas que ya comparten idioma, valores familiares, vínculos históricos y una identidad compatible con España.

P- Suponemos que ya habrán investigado diversas opciones para el proyecto. ¿Hay ya poblaciones, provincias o Comunidades Autónomas elegidas?

R- Estamos en una etapa de exploración, análisis y acercamiento institucional. Hemos identificado varias zonas de interés por su realidad demográfica, su necesidad de repoblación, su potencial económico y su capacidad de recibir nuevos residentes.

Entre las áreas que estamos evaluando se encuentran Extremadura, Andalucía, Murcia y la zona de Alicante/Valencia. Estas regiones tienen características muy atractivas para el proyecto: pueblos con necesidad de revitalización, posibilidades agrícolas, patrimonio histórico, oportunidades para pequeños negocios, turismo rural, vivienda más accesible y conexión con comunidades locales.

También hemos mantenido interés en otras regiones de España, pero en este momento queremos ser estratégicos y concentrarnos en zonas donde el proyecto pueda tener mayor viabilidad. No se trata de escoger un lugar al azar. Tenemos que analizar vivienda, servicios médicos, escuelas, conectividad, transporte, oportunidades económicas, receptividad institucional y calidad de vida.

Nuestro objetivo no es simplemente mudar personas. Nuestro objetivo es construir una comunidad sostenible. Por eso estamos desarrollando conversaciones, evaluando posibles alianzas, explorando opciones legales de residencia y observando qué regiones podrían tener mayor apertura a una propuesta de repoblación hispana, organizada y respetuosa.

P- ¿Tiene una estimación de cuántas personas podrían apuntarse a esta iniciativa y de qué perfiles serían?

R- Todavía estamos en una fase inicial, pero el interés ha sido muy significativo. Desde que comenzamos a presentar públicamente el Proyecto Puerto Rico en España y a hablar de la relación histórica entre Puerto Rico y España, hemos visto una respuesta muy fuerte en redes sociales, especialmente entre puertorriqueños de la isla y de la diáspora.

Para dar una idea concreta, uno de nuestros vídeos más recientes directamente relacionado con Proyecto Puerto Rico en España alcanzó 96,175 visualizaciones, con 7,312 “me gusta”, 511 comentarios, 5,835 compartidos y 1,471 guardados. También generó 662 horas, 50 minutos y 14 segundos de tiempo total de reproducción, con un promedio de visualización de 25.9 segundos, y produjo aproximadamente 1,369 nuevos seguidores.

Esos números son muy importantes porque demuestran que esto no es simplemente una propuesta teórica o una idea aislada. Las personas están mirando, reaccionando, comentando, guardando la información, compartiéndola con otros y siguiendo el proyecto para recibir actualizaciones. Ese nivel de interacción demuestra que existe un interés real y creciente entre puertorriqueños, tanto en la isla como en la diáspora, en explorar a España como un destino serio para relocalización, construcción comunitaria y reconexión cultural.

Es importante decirlo con prudencia: no todas las personas que ven o comparten un video están listas para mudarse a España. Pero estos números sí demuestran algo muy importante: existe curiosidad, emoción, conversación pública y una base creciente de personas interesadas en explorar una relación más cercana con España desde el punto de vista histórico, cultural, migratorio y comunitario.

Los perfiles son variados. Hay personas retiradas que buscan una vida más tranquila y segura en España. Hay trabajadores remotos que podrían cualificar para visados como el de nómada digital. Hay profesionales, emprendedores, familias jóvenes, personas interesadas en abrir pequeños negocios, restaurantes, cafeterías, panaderías, servicios turísticos, hospedajes rurales, agricultura, educación, salud y proyectos culturales.

También hay personas que no necesariamente están listas para mudarse inmediatamente, pero quieren formar parte de la visión. Eso es importante, porque un proyecto de esta magnitud no se construye solamente con quienes se mudan primero, sino también con quienes apoyan, difunden, conectan, invierten o participan desde la diáspora.

Nuestra aspiración es que, con el tiempo, podamos organizar un grupo inicial serio, preparado y bien orientado legalmente, que sirva como base para demostrar que el modelo funciona. Si se logra establecer una primera comunidad exitosa, el proyecto podría crecer y replicarse en otras zonas de España.

Antes de terminar, quiero agradecerles por esta oportunidad. Para mí, hablar de Puerto Rico y España no es simplemente hablar del pasado. Es hablar de una relación histórica que puede tener futuro. Puerto Rico necesita nuevas alternativas, y España también enfrenta retos importantes en sus zonas rurales. Si ambos pueblos se miran nuevamente con respeto, seriedad y visión, pueden surgir oportunidades muy valiosas.

El Proyecto Puerto Rico en España no nace del rechazo a nadie. Nace del deseo de construir, de reconectar y de darle a miles de puertorriqueños un sentido de propósito dentro de una historia común que nunca desapareció del todo.

 

Estimado Sr. Ortíz, somos nosotros quienes le agradecemos enormemente la amabilidad de atendernos y exponernos sus opiniones sobre temas tan interesantes para Puerto Rico y para España. Sus reflexivas y objetivas palabras estamos convencidos que contribuyen al acercamiento entre dos pueblos que siempre debieron ser unos solo. Muchas gracias.

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