Otro Mundo Es Posible

Las tres hermanas: Casi un cuento de hadas

Llegaron nuestros primeros habitantes en pequeñas embarcaciones por el océano enorme. Con el tiempo nos convertimos en taínos, con una misma lengua y costumbre. Sin embargo, el destino nos tenía trazado otra conversión más. Una que ha durado más de quinientos años, y de esa es la que os quiero hablar hoy.

Cristóbal Colón navegó y llegó hasta las orillas de las tres. Primero nombró a la Juana, la mayor de las tres. Luego, La Española y, después, la San Juan Bautista. Las primeras tres hijas del Nuevo Mundo que España parió. Las tres consentidas. Las tres caribeñas. Las hijas de Fernando e Ysabel.

Fuimos España en todo su esplendor y gloria.

Nuestra primera historia con España también fue toda igual. Aprendimos una misma lengua castellana. Obtuvimos nuevas costumbres. Un nuevo vestir y un nuevo caminar, y los tambores de la Quimbamba nos enseñaron a bailar al mismo son español. Una isla por aquí, otras dos por allá, pero las tres hemos estado juntitas siempre, siempre.

No obstante, un día España se vio obligada a irse y desde entonces sí que llegaron reales cambios a nuestras historias, a nuestras vidas. Nos encontramos divididas, apartes, solas. Hemos llorado verdaderas lágrimas que nos han sumido.

Entre diversos países y amos raros que nos han conquistado, y a quienes nos hemos acostumbrado a un medio vivir incompleto. A medias hemos adquirido otras lenguas y costumbres de algunos amos tiranos. Unos han sido medio benévolos, mientras que otros dictadores y otros más, a saber qué.

Ya no somos lo que éramos y ya no bailamos con el mismo ritmo, pero sí a uno parecido. Pero eso sí, NADIE, absolutamente NADIE, nos ha podido quitar la lengua que España nos regaló hace siglos. Con tantos cambios a nuestro diario vivir, aún hablamos el español, el castellano, la lengua de Miguel de Cervantes, que es la nuestra también.

Algunos quisiéramos volver a ella y ser parte de ella otra vez. Muchos aún amamos lo que fue nuestra bandera y damos testimonio de su rojo y amarillo, de sus leones y castillos, y de sus columnas, que nos ha servido de timón alguna vez porque sabemos que aún somos España y que latimos al mismo sentir.

¿Cómo lo lograremos? No se sabe. Quizás la Juana, por ser la mayor, pueda encontrar su camino hacia nuestra verdadera madre, o no, otra vez. Luego la San Juan Bautista pueda correr a sus brazos nuevamente… y para darle punto final, que La Española llegara a regresar a los brazos que la vio nacer, en conjunto con las demás, sería un sueño realizado.

Pero el tiempo pasa y las tres aún seguimos igual, juntas – una al lado de la otra con destinos apartes e inciertos, añorando volver, sin saber la que nos irá a tocar.

Las tres hermanas, una lengua, una nación, una misma madre, España. ¡Olé!

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