En tiempos convulsos es complejo hablar de Navidad. Ponerse en el lugar de aquellos que sufren y sentir como propio su dolor, es prioritario. No están para regalos y fiestas pues la realidad del mundo se encuentra repleta de guerras, muertes, tragedias conflictivas y pobreza. Pero el Niño que cada año nace en Belén, cambia corazones. Nos trae AMOR y aleja rencores.
Hay personas que sienten añoranza. Ven las luces por las calles y resbala una lágrima por las mejillas recordando momentos más felices. Otros guardan recuerdos inolvidables. Por eso la Navidad no es una fiesta de luces y colores. Cualquier época del año recordamos a los que no están y a los que sufren. Por eso vivir una feliz Navidad será posible si sentimos amor hacía nuestros semejantes. Navidad difiere según las creencias de cada uno. Unos pueden pensar que es una ¨historia¨ anclada en el pasado y por eso las compras y los adornos, etc., Otros sienten ¨horrible» esta semana y se van de vacaciones o a dormir. Otros sentimos más compasión y amor. Miramos al Niño pues la Fe vence al tiempo. y valoráramos lo auténtico y lo sencillo. A veces nos preguntamos ¿Que podría mitigar los problemas del mundo ya que la dignidad humana no puede ser pisoteada por nadie ¿Que sentiría si me pusiera en el lugar de aquellos que pasan calamidades? Resulta inevitable que ante los que piensan de forma diferente puede que no entiendan el sentimiento piadoso que propicia la conmemoración de unos días tan cargados de emoción. Porque celebrar Navidad ante el padecer humano les resulta incomprensible. Puedo entenderlo, salvo que la Espiritualidad y creencias nos haga sentir que nuestra humanidad, necesita algo más para ser libres y en ellas encontramos la clave de la esperanza.
No trato de hacer un elevado análisis teológico del significado litúrgico de esta celebración. Históricamente hace más de dos milenios nació un Niño, que predicó la caridad, la justicia social, el perdón y el amor (Existen estudios al respecto) Pese al tiempo transcurrido, este Niño, es la figura central para gran parte de la humanidad. Él enseñó que la Fe se tiene que sentir para ser expresada con palabras, acciones y conductas. Vuelve a ser refugio en el que protegerse de invasiones: de plagas o epidemias de hoy, del materialismo que ha conducido a la humanidad hasta el borde del precipicio ante la perdida de los valores éticos y humanos. Un refugio de esperanza para tantos desesperanzados. Ser felices es un equipaje necesario para viajar por este mundo, aunque esa felicidad, a veces viene de la mano de la adversidad. «Las alegrías y las penas son un componente inevitable de la aventura de vivir, risas o lágrimas, éxitos y errores están presentes en nuestras vidas» La igualdad de pensamientos es imposible entre los hombres, pero el respeto a nuestras ideas, igual que nosotros respetamos a los que opinan de otra forma, pues entendemos que la pluralidad en las mismas es la base de la convivencia.
En este sentido me impresionó el discurso que Steve Jobs, genio de la informática, fallecido a los 56 años y que realizó en la Universidad de Stanford el 12 de junio de 2005 pronunció «No viváis con los resultados del pensamiento de otras personas. No permitáis que el ruido de opiniones ajenas silencie vuestra voz interior. Y más importante todavía, tened el valor de seguir vuestro corazón e intuición, porque de alguna manera ya sabéis lo que realmente queréis llegar a ser «
Siempre han existido las crisis, guerras, epidemias, tiempos oscuros y los seres humanos han sabido sobreponerse, a pesar de no comprender gran cosa de lo que acontecía. Por eso, este tiempo Navidad, es bueno para remover nuestro interior y hacernos mejores personas para conseguir un mundo mejor, pese a los fuertes vientos que soplan y a veces nos resultan inentendibles. Eric Hofeer, escritor y filósofo estadounidense nos trasladó su pensar: «Es una paradoja que en nuestra época de drásticos cambios, cuando el futuro está entre nosotros, devorando el presente ante nuestros ojos, nunca hemos estado menos seguros del porvenir que nos espera». Nadie duda que estamos viviendo un cambio y no se pueden aportar soluciones de futuro desde posiciones del pasado. Se hace preciso ir al río y acarrear arcilla nueva con la que empezar a modelar. He querido abrir una ventana a la poesía, a la tradición. Y para eso hago mía la frase de Eugène Ionesco, dramaturgo y escritor francés: «La libertad de la fantasía no es ninguna huida a la irrealidad; es creación y osadía»
Miles de personas se enfrentan al terror y su indignación es evidente. Otros adolecen de principios morales o éticos y si no hay una creencia, o una idea de amor universal no sobreviene la paz.
Con Fe y esperanza, seguiremos adelante, comprometidos con los que sufren. Y de esa manera os deseo Feliz Navidad
