Otro Mundo Es Posible

Caminando la costa asturiana: los bufones de Pría (Llanes)

Bufones de Pría.

Para poder llegar hasta allí en coche cogemos las autovías A-64 y A-8.

Lo primero que nos resulta, un poco chocante, es el nombre de bufón. ¿Qué significado tiene esa palabra?. El significado habitual sería “persona que se hace el gracioso” pero, evidentemente, en este caso el término bufón carecería de sentido. El término correcto a aplicar es “ fuerte ruido producido por un fuerte chorro de agua marina”.

Cuando hay fuerte oleaje y marea alta, el agua del mar penetra por las grietas inferiores y es expulsada por el orificio superior a gran presión. Todo este espectáculo natural es debido a la erosión cárstica. El agua marina al chocar constantemente durante unos 300-350 millones de años (edad Paleozoica) contra el acantilado fue erosionando las rocas calcáreas y otros materiales más endebles (arcilla, arenisca…) formando pequeñas oquedades y cuevas que con la constante erosión acabaron formando  chimeneas que conectan con el suelo de la rasa y, en algunas épocas del año, especialmente en otoño e invierno, entra con fuerza el agua del mar pudiendo esos chorros elevarse hasta unos 20 metros de altura. Además de agua estos chorros contienen algas, areniscas y piedras pequeñas que depositan con fuerza en el suelo, dando lugar a todo un maravilloso espectáculo natural. Pero, ojo, hemos de guardar una distancia prudencial pues ese chorro de agua nos puede atrapar y elevarnos unos cuantos metros provocando lesiones e incluso la muerte (como le sucedió a un hombre hace unos cuantos años).

Existe una leyenda popular en esta zona llanisca titulada: “El Cuélebre y sus gritos”:

“ En esta zona acantilada de Pría vivía un Cuélebre (especie de serpiente mitológica asturiana alada que vigilaba tesoros y personas encantadas) justamente en las cuevas y acantilados de la costa donde hoy están los bufones. Sus gritos y bufidos eran tan estremecedores que se oían a gran distancia del lugar. Una joven doncella que vivía en un castillo, intrigada por esos ruidos se acercó, por curiosidad, a ese lugar. El Cuélebre, al verla, se transformó en un apuesto caballero y ambos se enamoraron perdidamente hasta el punto de que no podía pasar uno sin el otro. El padre de la doncella al ver que su hija tardaba en regresar al castillo optó por espiarla y pronto descubrió a los dos enamorados abrazados y besándose. Éste encolerizado y furibundo se lanzó sobre ellos arrojando a los dos por el acantilado».

Según la leyenda, los impresionantes y profundos ruidos que producen los bufidos son, en realidad, los lamentos de la doncella y del Cuélebre que se pueden oír a kilómetros de distancia.

La extensión superficial de esta zona costera es de unas 31 hectáreas y es conocido como el campo de bufones más extenso de Asturias formando parte del Paisaje Protegido de la Costa Oriental del Principado. Los bufones se extienden junto con otras pequeñas formaciones cársticas por una llanura litoral denominada rasa (superficie elevada encima del acantilado) donde aparecen una serie de prados típicos del norte peninsular.

Campo de lapiaces en Pría (Llanes).

Otras formaciones cársticas menos relevantes que aparecen en esta zona serían una serie de sedimentos arenosos por descomposición del cuarzo que son arrastrados y depositados durante el funcionamiento de los bufones. Además, nos encontramos con otras formaciones de origen cárstico como los lapiaces (pequeños relieves irregulares creados por la disolución de las calizas) y dolinas (pequeñas depresiones cerradas).

Además de estas formaciones geomorfológicas que hemos destacado (lapiaces, cuevas, dolinas) debido a la erosión cárstica producida por el agua marina al infiltrarse en la roca caliza también conviene mirar el entorno natural próximo donde predominan los prados siempre verdes, la colleja de mar (Silene uniflora), matorrales de tojo y brezo, carballos, algunos árboles típicos de la ribera en la desembocadura del río Guadamia y algo más alejados algunos olivos (solo visibles en la zona oriental asturiana). En cuanto a la fauna salvaje de esta zona costera asturiana se pueden observar aves marinas como: la gaviota patiamarilla, gaviota sombría o el cormorán moñudo. En los prados y matorrales son frecuentes los zorros, cornejos, la tarabilla común y diversas especies de paseriformes.

A medida que va cayendo la tarde el cielo se va encapotando y aparece una ligera neblina que nos indica que ya es el momento de regresas y dejar, por el momento, este paisaje idílico de la costa oriental asturiana donde las formas geológicas caprichosas se mezclan con un paisaje verde y una senda costera que merece la pena caminar y mirar con interés y siempre respetando las señales e indicaciones para, por ejemplo, no tirar latas ni otros objetos por el acantilado o dejándolos en el suelo de cualquier forma y manera.

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