De la ciencia ficción al campo de batalla
En un planeta que se asienta sobre un polvorín y con conflictos bélicos en aumento, las armas tradicionales ceden paso a medios que hasta hace apenas dos lustros hubieran parecido de ciencia ficción.
La libre opinión de ciudadanos críticos dispuestos a escribir
En un planeta que se asienta sobre un polvorín y con conflictos bélicos en aumento, las armas tradicionales ceden paso a medios que hasta hace apenas dos lustros hubieran parecido de ciencia ficción.
Protestas sociales en aumento desafían desde hace varias semanas a una Europa debilitada por su propia crisis económica y social. Y revelan, además, el impacto de la guerra en Ucrania para un continente que se «apropió» de la misma.
Por primera vez en los últimos 15 años no le cierran los números a una sociedad planetaria atravesada por crisis estructurales, explosivo calentamiento climático y guerras multiplicadas.
Hacia 2030, Iberoamérica habrá logrado solamente un 19% de las metas que se propuso para ese año. El desarrollo sostenible se vislumbra como una quimera para un continente que avanza con muletas.
En el último año en varios países de Iberoamérica asumieron gobiernos que, como los de Chile, Ecuador, Colombia y Perú, se alinean detrás del presidente norteamericano Donald Trump y multiplican discursos integristas cuando no mesiánicos. En ese contexto de un continente que gira hacia la derecha tienen particular importancia las elecciones presidenciales en Brasil, así como la próxima visita de noviembre del papa León XIV a Sudamérica. En esta particular coyuntura de una región mayoritariamente cristiana – profundamente debilitada y polarizada en lo económico-, adquiere una dimensión particular la pregunta sobre qué permanece todavía vigente de la Teología de la Liberación promotora del cambio social y nacida allí en la década de los 60.
El pasado Mundial de Fútbol no hizo más que poner en evidencia, en la gran vidriera internacional, el peso cotidiano que tienen el racismo y la discriminación.
Los centros urbanos en todo el mundo son a la vez causa y víctima de la crisis climático-ecológica global. A pesar de ello, podrían convertirse en portadores de soluciones significativas.
Campos desecados, jardines amarillentos, árboles color sepia, como de otoño, lechos sin agua, glaciares en retirada acelerada. Un verano con Europa en brasas.
Todos tenemos cabida en un mundo donde el espíritu humano no esté segregado por lenguas ni por el color de la piel. Todos somos uno y todos anhelamos ser respetados y vivir dignamente.
La reconstrucción de la Franja de Gaza es un proyecto realizable, pero implicará un esfuerzo material, social y sanador de dimensiones colosales.