Hoy en día el petróleo es la materia prima más utilizada y la más importante de la sociedad actual. Si nos ponemos a pensar qué pasaría si se acabara repentinamente esta fuente de energía, enseguida nos daríamos cuenta de la dimensión de la catástrofe: los aviones, los automóviles y autobuses, gran parte de los ferrocarriles, los barcos, las máquinas de todo tipo, centrales térmicas, muchas calefacciones dejarían de funcionar; además de que los países dependientes del petróleo para sus economías se hundirían en la miseria y, prácticamente, todos los países del mundo dejarían de ingresar miles de millones de dólares procedente de los impuestos que, el petróleo en bruto y sus derivados, aportan a la hacienda pública de cada país.
Desde hace casi un siglo el precio del barril de petróleo lo fija el mercado internacional. En 1960, los países exportadores de petróleo consideraron que no podían quedarse de brazos cruzados ante los reajustes de precios efectuados por las compañías petroleras. Bajo esta premisa, y como respuesta a la deliberada caída de precios propiciada por las grandes compañías distribuidoras, conocidas como “Las siete hermanas”, Juan Pablo Pérez Alfonzo, ministro de Energía y Minas venezolano, y su homólogo Abdallah Tariki, de Arabia Saudí, propiciaron en Bagdad un encuentro de representantes de Venezuela, Arabia Saudí, Irán, Irak y Kuwait. Después de varios días de deliberaciones, acordaron la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, y fijaron como su sede inicial la ciudad de Ginebra.
En los estatutos de la OPEP podemos leer como su objetivo más importante es: “Coordinar y unificar las políticas petroleras entre los países miembros, con el fin de garantizar unos precios justos y estables para los productores de petróleo, el abastecimiento eficiente, económico y regular de petróleo a los países consumidores y un rendimiento justo del capital de los inversores”.
Los 12 estados miembros que forman la OPEP, son los dueños del 75% de las reservas de crudo en nuestro planeta, y son los suministradores del 43% del petróleo mundial aproximadamente.
De 1965 a 1973 la demanda mundial registró un crecimiento promedio anual cercano al 8% y la oferta OPEP lo hizo en 10%, consecuentemente el exceso de oferta trajo consigo un periodo de precios bajos y estables, situación que a partir de 1974 dejaría de ocurrir. Durante los inicios de la década de los setenta, la OPEP comenzó a implementar políticas más favorables para sus miembros, aumentando los precios de exportación de su crudo y reduciendo las concesiones a las empresas extranjeras y nacionalizando su industria petrolera.
En la década de los ochenta, del siglo pasado, con la desaceleración económica mundial, el precio del petróleo se corrigió a un promedio de 21 US$ el barril en diciembre de 1989.
A inicios de los años 90, del siglo XX, el precio del petróleo se elevó nuevamente 36 US$ el barril por la Guerra del Golfo Pérsico, para luego mantenerse estable en un promedio de 20 US$ el barril (entre los años 1992 -1996), situándose en 11 US$ el barril en el período 1997-1998 como resultado de la crisis asiática.
Durante las dos últimas décadas, los principales factores que han marcado el avance del precio del petróleo fueron la fuerte disminución de las cuotas de producción por parte de la OPEP, la guerra de Estados Unidos contra Irak y el crecimiento económico mundial de EE UU y China.
Según la agencia Efe, el precio del barril de crudo de la OPEP subió, el 3 de abril de 2013, hasta 108,16 dólares, un 1,11 % más que en la jornada anterior, según informó en Viena el grupo petrolero. En todo marzo de 2013, el barril usado como referencia por el grupo de doce países de la OPEP, se situó por debajo de ese nivel, cotizando a una media de 106,44 dólares, inferior en un 5,6 % al del mes anterior, y en un 13,4 % respecto al promedio de marzo de 2012. Se puede afirmar que, al precio de venta de los países exportadores, hemos de añadir los suculentos beneficios de las compañías multinacionales que suelen estar en torno al doble del precio de origen.
A modo de ejemplos, en el mes de septiembre de 2003, la OPEP vendía el barril de petróleo (159 litros) a 25 dólares y las compañías doblaban su precio hasta los 50,42 dólares el barril. Durante el primer trimestre de 2013, los precios señalados por la OPEP estuvieron entorno a los 104-108 dólares el barril, mientras que en estas mismas fechas, las compañías multinacionales lo estaban vendiendo entre los 200-202 dólares el barril de petróleo.
No obstante, el estudio señala que este crecimiento estará sujeto a fluctuaciones “significativas” a lo largo del tiempo que son “imposibles” de predecir aunque la tendencia es al alza.
Asimismo, la demanda de petróleo alcanzó los 88 millones de barriles al día en 2011 impulsada sobre todo por la región de Asia- Pacífico. Por su parte, la demanda mundial de petróleo estará próxima a los 120 millones de barriles diarios en 2020 debido al crecimiento de China, India y Oriente Medio y su precio continuará aumentando.
El precio de referencia del crudo de petróleo lo fija el West Texas Intermediate (WTI), que es un tipo de petróleo de alta calidad del Golfo de México muy usado en EE.UU. En Europa, se usa el precio referencial del petróleo Brent el cual se extrae en el Mar del Norte, mientras que en Asia y en algunos países del Golfo Pérsico se utiliza el petróleo de Dubai.
En la actualidad, el mercado mundial está dominado por dos grupos de compañías. Por un lado encontramos a las empresas transnacionales originarias de los países consumidores, y por otro, están las empresas estatales pertenecientes a los países productores. Este segundo grupo es particularmente importante, ya que posee cerca del 80% de las reservas conocidas de hidrocarburos del planeta.
Cabe destacar que mientras las compañías estatales concentran gran parte de su capacidad en el segmento de exploración y extracción (suministro de materias primas), las transnacionales privilegian las actividades de refinación, distribución y comercialización, debido a que son compradores netos de petróleo en el mercado.
Estas compañías petroleras multinacionales, que acabo de señalar, explotan unos 25 millones de barriles de petróleo diarios o, si se quiere, el 35% del total de barriles de petróleo puestos en el mercado diariamente.
En definitiva, la crisis económica que padecemos en los últimos años no incide en un menor beneficio para las compañías multinacionales del sector sino todo lo contrario, en el año 2008, las compañías petroleras obtuvieron el doble de beneficios respecto al año anterior, 2007. En el año 2011, el diferencial entre el precio de origen y el ofertado por las compañías petroleras llegó a un máximo histórico de más de 88 dólares el barril.
El precio del combustible depende de múltiples factores: de la oferta y la demanda del crudo, de decisiones políticas de países exportadores, del coste de transporte y logística, del consumo según la época del año y del tipo de cambio de las monedas, entre otros. No obstante, las petroleras tienen gran parte de culpa en el encarecimiento de un producto clave en la economía.
Debido a la subida en los precios del petróleo, también sus rivales consiguieron un fuerte incremento en las ganancias, como por ejemplo Chevron, que ganó 26.900 millones US$, anotando con ello un récord en la historia de la compañía.
Al final los consumidores, todos nosotros, tenemos que pagar por todos los productos derivados del petróleo unos precios cada vez más elevados, ya que al incremento del producto en origen y de las compañías multinacionales del sector, hemos de añadir una serie de impuestos añadidos.
Siguiendo las pautas señaladas por Eva González, vamos a ver, de una forma clara y sencilla, cómo se establece el precio de los carburantes. Una vez extraído el petróleo del subsuelo los barriles de petróleo en crudo se cargan en enormes petroleros o tuberías hacia las refinerías para la extracción de los diferentes productos derivados. De cada barril, el 18,5% se destina a gasolina y el 38% a gasóleo. Una vez refinados los productos, se ponen a la venta en el mercado al por mayor para, posteriormente, transportarlo a las gasolineras.
La más importante de esas dos partidas esenciales son los impuestos,que re presentan el 50% de su precio. En España existe un impuesto especial sobre los hidrocarburos, otro impuesto por venta al minorista y el IVA (23%).
La segunda partida son los costes añadidos para la comercialización del combustible, como su transporte, almacenamiento, gastos financieros o cambio de divisa del dólar al euro.
Por tanto, el precio de la gasolina y el gasóleo es muy voluble y sensible a factores externos como convulsiones políticas en el mundo árabe o latinoamericano. De este modo, en la actualidad, el precio que pagamos en una estación de servicio está dividido, a partes iguales, entre el coste real del producto y las cargas añadidas de impuestos.
Veamos, en concreto, que incidencia tiene en España, y en los países de la UE, los impuestos añadidos a los carburantes, tomando como referencia el último precio del carburante a finales de agosto de 2012 facilitados por el boletín petrolero de la UE. En dicho informe España es el segundo país de los 27 de la Unión Europea con el precio más alto de la gasolina (la de 95) del tramo fijado por las petroleras, sólo por detrás de Dinamarca. Los precios más bajos antes de aplicar impuestos son los de Reino Unido y Rumanía
Según la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP), con los datos del pasado mes julio de 2012, el valor real de la gasolina de 95 octanos es el 51,71% del coste final, mientras que el 48,29% restante se debería íntegramente a los impuestos. En el caso del gasóleo de tipo A, el 57,31% sería correspondiente al precio sin impuestos,y el 42,69% es achacable a la fiscalidad.
En España, los carburantes están gravados por tres tipos de impuestos. El principal es el Impuesto Especial de Hidrocarburos, que fue incrementado en junio de 2009 tanto para gasolina como para gasóleo.
El segundo en cuanto a cuantía en el cómputo del precio total es el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), que el pasado uno de septiembre de 2012, pasó a ser del 18% al 21%. El tercer gravamen es el impuesto sobre ventas minoristas de determinados hidrocarburos (IVMDH), que está determinado por el Estado y por las autonomías.
De acuerdo con los expertos, para el año 2020 los países en desarrollo consumirán aproximadamente la misma cantidad de petróleo que los países desarrollados. Según Javier Pérez existen dos teorías sobre la evolución del precio del petróleo, en los próximos años hasta el 2020. La predicción optimista indica que el precio del barril de petróleo estará alrededor de los 170 dólares el barril, en 2020, mientras que la predicción pesimista situaría el barril del crudo de petróleo cerca de los 240 dólares.
Según un estudio del Centro de Investigaciones Energéticas del Reino Unido, la producción convencional de combustibles fósiles podría alcanzar su tope entre las décadas de 2020-30. Se prevé que el mantenimiento del pre dominio de los combustibles fósiles, en los próximos años, implicará un incremento de las emisiones mundiales de CO2 superior al crecimiento del consumo de energía (2,1% anual por término medio). En 2030 las emisiones mundiales de CO2 serán más del doble de las registradas en 1990. Para Mariano Marzo:“La estrecha y aparentemente indisoluble relación existente entre petróleo y transporte constituye una clara amenaza para el medioambiente. No en vano, el escenario de referencia de la Agencia Internacional de la Energía calcula que las emisiones globales de dióxido de carbono generadas por el sector transporte pasarían de los 5.370 millones de toneladas (Mt) alcanzadas en 2005, a 6.524 Mt en 2015, y a 8.293 Mt en 2030”.
Las consecuencias de alcanzar el pico del petróleo significan que, a partir de ese momento, las reservas disponibles tenderán a agotarse de forma irreversible y, por consiguiente, las energías alternativas tendrían que ocupar un mayor espacio en el campo energético mundial.
