Elegí la mariposa como símbolo de este viaje porque representa la vida y la muerte, la destrucción y el renacimiento. Pocos lugares en el mundo encarnan esa metamorfosis con tanta intensidad como la India: un país emergente, de crecimiento económico vertiginoso, que convive con profundas desigualdades sociales y una pobreza que aún marca el destino de millones de personas.
Como la oruga que entra en la crisálida, la India atraviesa su propia transformación. En ese espacio oscuro y silencioso habita el rostro más invisible del país: los Dalits, los llamados “intocables” históricamente excluidos del sistema varna, representan entre el 15% y el 18% de la población. Aunque la Constitución prohibió la discriminación por castas en 1950, su sombra persiste, inscrita en la vida cotidiana.
La sociedad tradicional se estructura en cuatro grandes varnas. Los Brahmanes, guardianes del conocimiento y los rituales; los Kshatriyas, guerreros y gobernantes; los Vaishyas, comerciantes y agricultores; y los Shudras, trabajadores y servidores. En muchos casos, el apellido sigue siendo un marcador silencioso del lugar que cada persona ocupa en esa jerarquía ancestral. Para los más pobres, el linaje no es solo herencia, es una frontera.
Tener sueños es una forma de supervivencia. La risa, un acto de resistencia silenciosa. Pero el miedo, omnipresente, debilita y confunde, dejando al ser humano expuesto a fuerzas que lo superan emergiendo la mariposa entre cultos y rezos porque la otra cara de la India es luz.
Una luz profundamente ligada a la espiritualidad, a la celebración de la vida y a la presencia de lo divino en lo cotidiano. Esta conexión se revela durante el Diwali, el Festival de las Luces, cuando millones de diyas —pequeñas lámparas de arcilla— iluminan hogares, calles y corazones. Cada llama es una afirmación de esperanza, una victoria simbólica del conocimiento sobre la ignorancia y del bien sobre el mal.
Viajar a la India es sumergirse en un universo donde lo visible y lo invisible conviven. Poder y riqueza, pobreza y miseria. Imperando las divinidades manifestadas en la Trimurti: Brahma, el creador; Vishnu, el preservador; y Shiva, el destructor, cuya función no es el fin, sino la transformación.
Desde la mirada europea, el primer impacto es el caos. Un tráfico sin normas aparentes, donde vehículos, peatones, animales y sonidos se entrelazan en una coreografía imprevisible. No hay fronteras claras. Vacas, perros, monos y otros animales comparten el mismo espacio que millones de personas, mientras un olor penetrante impregna el aire y se convierte en parte inseparable del paisaje. Todo parece convivir en un equilibrio frágil, ajeno a la lógica occidental.
Recorrí el llamado Triángulo Dorado: Delhi, Agra y Jaipur. Más de setecientos kilómetros donde pude observar que a pocos kilómetros de distancia entre pueblos, la diversidad es tal que se siente un cambio significativo en la lengua, las costumbres, la vestimenta y la comida, es un espejo de contrastes.
En Nueva Dehli, el templo del Loto con sus 27 pétalos revestidos de mármol blanco, sin rituales ni imágenes se siente la unidad de todas las religiones: meditación y silencio en todos los corazones, porque todos somos uno.
Agra, nos abrió sus brazos con el Taj Mahal, altivo y desafiante, recordándonos que el amor puede sobrevivir al tiempo. En Jaipur, la Ciudad Rosa respiraba historia en cada piedra resplandeciendo el Palacio de los Vientos con una fachada que cuenta con 953 diminutas ventanas (jharokhas) permitiendo a las mujeres reales de la época, observar la vida callejera sin ser vistas. No muy lejos de allí, cientos de personas caminaban con prendas de mil colores, muchos de ellos descalzos, en peregrinación hacia el Templo de los monos, conocido localmente como Galta Ji, un lugar de culto activo dedicado a menudo al dios Hanuman, una deidad principal del hinduismo, venerado como el «dios mono» símbolo de fuerza, lealtad y humildad. Estanques escalonados permite a los peregrinos bañarse, a menudo compartiendo el agua con los monos.
Desde allí, el viaje continuó hacia Mumbai, la ciudad portuaria más poblada del país y su corazón financiero. Bañada por el Mar Arábigo, ofrece atardeceres de una belleza serena que contrastan con las heridas visibles del progreso. Una contaminación silenciosa por tierra y aire, recuerda el precio de la transformación y, aun así, la mariposa siguió volando porque lo que permanece no es el caos ni la contradicción, sino la humanidad.
La hospitalidad india se resume en un principio ancestral: Atithi Devo Bhava, “el invitado es Dios”. No es una frase: es una forma de vivir. Se manifiesta en gestos simples: una comida compartida, una sonrisa sincera que te llega como una brisa cálida y te acaricia.
En cada escuela que visitamos, en cada encuentro cultural vinculado a la antología internacional Hispanoamérica escribe a India y a nuestras propias presentaciones de libros y charlas a los alumnos, descubrí que el verdadero viaje no ocurre en el espacio, sino en el interior de uno mismo. Me llegó el respeto y admiración de todos los niños en sus aulas. Me llegó el esfuerzo y tenacidad por superarse en una lengua, “la española” que no era la suya. Me llegó la luz que, en cada una de sus miradas, sus ojos destellaban y dejé una parte de mí en cada lugar que recorrí y regresé transformada.
Comprendí que la metamorfosis no pertenece a la mariposa, sino a la vida.
Regresé con la certeza de que, incluso en medio de la incertidumbre y el caos, la luz siempre encuentra la forma de renacer y con el orgullo de saber que nuestra lengua, el español, crece en la India como un puente entre mundos, como una semilla de futuro, porque hay viajes que no terminan cuando el avión aterriza, hay viajes que continúan para siempre dentro de nosotros.
Mi especial agradecimiento a todas las personas que me han acompañado en este viaje:
Gladys Acevedo, Julia Cortes Palma, Laura Córdoba, Dores Grego (Grupo de España).
Dr. Dibyajyoti Mukhopadhyay, Sr. Rajdeep Sp St., Poeta Tanmoy Chakrabarti, Ramakrishna Mission Institute (Calcuta). Sr.Vinod (guía en Delhi, Agra y Jaipur). Dra. Rini Sinha Ghosh, Dra. Deepika Golatkar, Mrudul Nile, Mumbai University, Dra. Jayasri Chaudhuri, Dra. Usha Sahoo, D. Daniel Quer Confalonieri (Consul general en Mumbai), Universidad de Bombay, El Don Bosco High School, High School Matunga, Oberoi International School, Smt. Sulochanadevi Singhania School.
