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«La primera Mona Lisa»: original y primigenia

Mona Lisa (izquierda). El material preferido de Leonardo era la madera, no el lienzo, sobre el que está pintada la versión de Isleworth.

La gran similitud entre los dos retratos no deja lugar a dudas: son de la misma mujer. No obstante, existen diferencias importantes entre ellas: en La Primera Mona Lisa, el rostro de la modelo presenta un aspecto más juvenil, aparenta unos diez años menos; se trata de un lienzo, no de una tabla de álamo como La Gioconda del Louvre; el retrato está inacabado, pendiente de terminar el fondo y presenta cejas, pestañas, rubor en las mejillas, labios sonrosados y dos columnas flanqueando a la modelo. Estos elementos de La Primera Mona Lisa son de gran importancia, ya que Giorgio Vasari, el primer biógrafo de Leonardo, los incluyó en su descripción del retrato que Leonardo hizo a la esposa de Francesco Giocondo dentro del capítulo que dedicaba a Leonardo en su obra Vite2 (1550), basándose en los testimonios de familiares directos de los Giocondo, probablemente de su hijo Piero con quien Vasari mantuvo trato, por lo que no podía estar refiriéndose a La Gioconda del Louvre puesto que este retrato carece de ellos.

Durante siglos se sospechó de la existencia de otro retrato de monna Lisa salido de la mano directa de Leonardo da Vinci, no sólo por la descripción de Vasari, que podría ser inexacta o incluso con añadidos ilusorios, sino porque el historiador y pintor Paolo Lomazzo menciona expresamente y diferencia en su Tratado de Pintura (1584) dos cuadros pintados por Leonardo, uno llamado Mona Lisa y, otro, La Gioconda.

“La Primera Mona Lisa” es la primera “Mona Lisa”.

La existencia de dos retratos de monna Lisa ha quedado demostrada por los testimonios de Vasari y Lomazzo. Sin embargo, un testimonio crucial demuestra no solo la existencia de La Primera Mona Lisa, sino que esta obra es anterior a La Gioconda: el del pintor Rafael Sanzio. Las diferencias compositivas que se observan en los retratos femeninos pintados por Rafael Sanzio, durante su estancia en el taller de Leonardo en Florencia de 1504 a 1506, muestran claramente que Rafael se basó en dos planteamientos distintos durante su estancia y que se corresponden exactamente con las composiciones de La Primera Mona Lisa y con La Gioconda. Al llegar al taller de Leonardo en Florencia en 1504, Rafael imitó la composición que se observa en La Primera Mona Lisa, tanto de la figura, paisaje y de las columnas que  flanquean a la modelo, en Retrato de dama florentina (1504)3 y en La dama del unicornio (1505)4 . En esta última, la coincidencia casi milimétrica de las columnas de ambas pinturas, hace pensar en la posibilidad de que Rafael utilizara el cartón de traslado del boceto a la tabla empleado anteriormente por el maestro Leonardo. Sin embargo, a partir del retrato de Maddalena Doni5, entre los años 1505 y 1506, Rafael ya muestra cambios en la composición que se corresponden a los de La Gioconda. Esto quiere decir que Rafael fue testigo en el taller de Leonardo del proceso evolutivo y compositivo entre los dos retratos de monna Lisa pintados por Da Vinci entre 1503 y 1506.

¿Por qué Leonardo pintó dos veces un retrato a la misma mujer?

Antes de conocer cómo se llegó a esta situación, debemos recordar que no es la primera ocasión en la que Leonardo se ve en la tesitura de “repetir” una obra. Ya sucedió con La Virgen de las rocas, de la que tenemos dos versiones, una en el Museo del Louvre de París y otra, posterior, en la National Gallery de Londres.

Las investigaciones que he llevado a cabo me han llevado a la conclusión de que La Primera Mona Lisa fue encargada a Leonardo por Francesco Giocondo, no en 1503 en relación a la compra de su nueva casa como se ha interpretado hasta ahora, sino en 1495 con motivo de su matrimonio con Lisa Gherardini, como era costumbre entre la incipiente burguesía adinerada de la Florencia de finales del siglo XV.

Leonardo no residía en aquel entonces en Florencia, sino en Milán a las órdenes de Ludovico Sforza, el Duque de Milán. Pero en marzo de 1495, un par de semanas después del matrimonio de los Giocondo, Leonardo regresó a Florencia al haber sido convocado por el gobierno florentino para decidir, junto a otros reconocidos artistas, sobre la temática y estilo de la futura decoración del Salón de los Quinientos, sede del Gran Consejo del gobierno y cuya construcción como ampliación del Palazo de la Signoria se estaba finalizando.

Durante esta estancia de Leonardo en Florencia, Francesco Giocondo, cliente de la notaría del padre de Leonardo y un mercader de seda muy influyente en el gobierno florentino por ser dirigente del poderoso gremio de la seda, le propuso confeccionar un retrato de su reciente y joven esposa, Lisa Gherardini. Leonardo aceptó el encargo, consciente de que conviene tener a favor a alguien como Giocondo para recibir encargos importantes, más aún cuando se trataba del gestor del convento de la Annunziata del que también era notario su propio padre.

Así fue que Leonardo comenzó a pintar el retrato de una joven Lisa Gherardini de 16 años recién cumplidos y recién casada, La Primera Mona Lisa, contando con que dispondría de unos meses para llevarlo a cabo. Pero la estancia de Leonardo en Florencia resultó aún más breve de lo que él esperaba: el Duque de Milán, hastiado de las quejas del prior de Santa Maria delle Grazie, donde Leonardo había dejado pendiente la pintura del comedor del convento (y los andamios montados, todo hay que decirlo), le ordenó regresar antes de lo previsto para que continuara La Última Cena. Leonardo había bocetado el retrato de la esposa de Francesco Giocondo y acabado sólo el rostro de la mujer. El fondo del retrato y el resto de la figura quedaron pendientes. Se marchó a Milán con el lienzo inacabado, con la más que probable promesa a los Giocondo de terminarlo a su regreso.

Tras ocho años, Leonardo vuelve a Florencia en 1503 y recurre a la influencia de Giocondo ante el Consejo para conseguir el encargo de las pinturas de una de las grandes paredes del Salón de los Quinientos, cuya decoración ya se va a acometer, y el del proyecto de ingeniería del desvío del río Arno, con el que se pretende poner fin a la guerra con Pisa. Francesco Giocondo, como buen comerciante, acuerda con Leonardo conseguirle los votos necesarios en el Consejo para que le adjudiquen los dos proyectos, a cambio de que Leonardo acabe el retrato de su esposa, La Primera Mona Lisa, y todo apunta a que sin cobrar nada a cambio.

Leonardo aceptó sus condiciones, porque en octubre de 1503 retoma el retrato. Lo sabemos por un testigo directo, Agostino Vespucci, secretario y mano derecha del canciller Maquiavelo y el encargado de traducir los libros en latín que Leonardo le solicitaba para inspirarse sobre la batalla de Anghiari, el tema que tenía que representar en la pared que le adjudicaron para pintar el Salón de los Quinientos. Vespucci, en una visita al taller de Leonardo en octubre de 1503, constata personalmente el estado en que se encuentra el retrato de Lisa Gherardini y anota en un libro lo que le evocó al verlo: aquello que ocurría con los retratos del pintor griego Apeles, que tras pintar sólo el rostro, el genio griego los dejaba inacabados. Vespucci nos desvela en su famosa nota manuscrita, no sólo la identidad de la dama retratada, la esposa de Francesco Giocondo en 1503, sino su temor a que Leonardo no acabe las pinturas acordadas en el contrato con la Signoria que él mismo se encargó de redactar. Este temor a que Leonardo no finalice la pintura, sólo puede significar que Vespucci se encontró con un retrato de Lisa Gherardini en que sólo se había pintado el rostro y que correspondía al de muchos años atrás. Por lo tanto, el retrato que vio Vespucci en octubre de 1503 no se trataba de La Gioconda del Louvre, como hasta ahora se ha interpretado en el mundo del arte, sino de la primera versión del retrato, La Primera Mona Lisa, que Leonardo había retomado para cumplir con su parte del trato con Francesco Giocondo.

¿Por qué Leonardo comenzó un nuevo retrato?

El nuevo retrato, cuyo rostro se corresponde con la edad de la modelo en 1503, tiene una característica principal que le distancia evolutivamente tanto de La Primera Mona Lisa como de todos los anteriores retratos pintados por Leonardo o cualquier otro artista: es un retrato concebido y pintado para poder ser visto en relieve, que para Leonardo es el objetivo de un pintor, tal y como
se recoge en el Precepto CCLXXV de su Tratado de la Pintura: «…el pintor… en el espejo, que es superficie plana, verá representadas varias cosas que parecen relevadas o de bulto, y la pintura debe hacer el mismo efecto».

Los experimentos y estudios científicos de Leonardo sobre el funcionamiento del ojo humano le llevaron a unos conocimientos que podrían permitirle superar la perspectiva que había logrado en La Última Cena (1494-1498) e intentar un retrato en relieve. En 1495, La Primera Mona Lisa había sido esbozado y, apenas comenzado a pintar el rostro, cuando tuvo que ser interrumpido por el precipitado retorno a Milán de Leonardo. Cuando Leonardo regresa a Florencia en 1503, retoma el retrato y durante el avance de la pintura tuvo lugar un acontecimiento en Florencia que afectó profundamente a Leonardo (del que trataríamos en otra oportunidad), y motivó su decisión de dejar de avanzar en La Primera Mona Lisa, ya sólo pendiente de acabar el fondo. El testimonio artístico de Rafael nos permite datar con bastante precisión, entre finales de 1504 y principios de 1505, el momento en que Leonardo determinó no continuar con La Primera Mona Lisa para iniciar un nuevo retrato desde cero en el que implementar sus conocimientos y lograr un retrato con efecto relieve: La Gioconda6, que iniciado en Florencia, lo fue pintando a lo largo de su periplo por Milán,
Florencia, Roma y, finalmente, Cloux (Francia), donde fallece el 2 de mayo de 1519.

¿Qué fue de La Primera Mona Lisa?

La Primera Mona Lisa tuvo un destino muy diferente al de La Gioconda, que Leonardo siempre llevó consigo hasta que al final de su vida lo vendió a su protector, el rey de Francia, Francisco I. En cuanto a la juvenil e inacabada primera versión del retrato de Lisa, debió de quedar en poder de los Giocondo hasta que emparentaron con la familia Strozzi, a quien perteneció hasta finales del siglo XVIII tal y como acreditan los documentos de sus inventarios. A partir de esas fechas, no consta entre las pertenencias de los Strozzi y al cuadro se le pierde la pista, hasta que poco antes de la I Guerra Mundial, un coleccionista de arte británico, Hugh Blaker, lo descubre en la mansión de unos aristócratas ingleses, los Somerset, quienes tenían entendido que a finales del siglo XVIII un antepasado lo había comprado en Italia, coincidiendo la fecha en la que desaparece de los registros de la familia Strozzi. Blaker sospechó nada más ver el cuadro que se trataba de un original de Da Vinci, lo adquirió y lo llevó a su casa del barrio londinense de Isleworth, de ahí su anterior denominación como La Mona Lisa de Isleworth. En 1962, el crítico y coleccionista de arte Henry Pulitzer compró a los herederos de Blaker un inmueble en Kensington, con todo su contenido. Entre las pertenencias, se encontraba este retrato de gran parecido a La Gioconda. Pulitzer, convencido de que se trataba de una obra original de Da Vinci, lo depositó en una caja fuerte de un banco suizo. Durante años trató de que se reconociera la autoría de Da Vinci, pero no lo logró; los expertos de la época temían que el multimillonario Pulitzer trataba de revalorizar el cuadrito que había adquirido. Al fallecer Pulitzer en 1978, el cuadro pasó a ser propiedad de su socia, Elisabeth Meyer. Posteriormente, lo adquiriere un consorcio suizo y se crea The Mona Lisa Foundation con sede en Zúrich (Suiza), con la triple misión de custodiarla, preservarla y comprobar su autenticidad. Pronto comenzaron los trabajos científicos y técnicos para comprobar su autenticidad, como así resultó demostrado.

Mona Lisa de Isleworth.

En 2012, ante una gran expectación y decenas de flashes, la The Mona Lisa Foundation presentó al público el retrato La Mona Lisa de Isleworth, por primera vez con completa seguridad, como obra original de Leonardo da Vinci y versión anterior de La Gioconda. Una bomba informativa que conmocionó al mundo del Arte y continúa agitándolo en nuestros días. Las pruebas científicas a las que se sometió este cuadro respaldan que es una pintura original de Leonardo y previa a La Gioconda del Louvre; por ello, actualmente, es denominada La Primera Mona Lisa.

El estudio del ingeniero A. Rubino, experto geómetra, reveló que el paralelismo entre ambos retratos es de tal precisión que sólo pudieron ser dibujados por el mismo artista y que empleó la misma técnica geométrica: «la divina proporción» o número phi (1,6183), siempre presente en las
obras de Leonardo. El profesor J. Asmus, físico investigador de la Universidad de California, al estudiar las pinceladas aplicando un método multiespectral, encontró pruebas contundentes que atribuyen la obra a Da Vinci al 99%. Cabe añadir que ninguno de los expertos que hemos contemplado y estudiado La Primera Mona Lisa hemos negado la autoría de Leonardo; por el contrario, la reconocemos y nos ha fascinado su iridiscente belleza.

Ambos retratos de Lisa Gherardini no sólo corresponden a dos etapas pictóricas de Leonardo, sino que nos transmiten en qué momento vital se encontraba tanto la modelo como el artista. Mientras que en La Gioconda predomina el Leonardo científico y filosófico en este retrato que es un compendio de todo su saber enciclopédico y una provocación a la búsqueda de la esencia del ser humano; en La Primera Mona Lisa predomina la profundidad psicológica y espiritual y, sobre todo, nos transmite la deliciosa vibración de la ternura que le inspiró, al ya maduro artista, esta joven inteligente y serena que iniciaba su vida adulta en aquellos días.

 

1 https://www.facebook.com/share/p/1AWaKFe1Gj/

2 Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos [Le vite de’ più eccellenti pittori, scultori, e architettori italiani, da Cimabue insino a’ tempi nostri] (1550; segunda edición ampliada en 1568)

3 https://www.meisterdrucke.es/impresion-art%C3%ADstica/Raphael/1023050/Retrato-de-Dama-Florentina.html

4 https://artehistoria.com/obras/dama-con-unicornio

5 https://www.wga.hu/art/r/raphael/2firenze/1/31doni2.jpg

6 El logro de una pintura que puede ser vista en relieve, tal y como indica Da Vinci en su Tratado de la Pintura, lo consiguió con La Gioconda del Louvre. Así se demuestra en el ensayo de esta autora “La Gioconda: un retrato en relieve” (2011).

Autora: Dolores García Ruiz, escritora e investigadora histórica. Miembro del Comité de Expertos de The Mona Lisa Foundation of Zurich. Académica de la ANLMI, AICTEH y ALAGB.
Presidente de la Asociación Cultural Mona Lisa España.

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