1
La otra tarde en el Centro Cultural Camilo Mori, Pablo Salinas nos regaló los placeres de una charla especial y su ‘asunto’ era, en gran parte, mostrar y hablarnos de las casas de gente chilena culturalmente muy relevante que habían, en un momento agraciado de sus vidas, decidido venirse a vivir a la costa del litoral central de Chile.
En otra circunstancia, l’habría escuchado con gusto. Esta vez, sin embargo, ocurrió además con el sentido “de-los-pocos”.
Los viajes, encuentros y conversaciones por Chile de la ideaProy del “Hacia el Festival chileno de la Filosofía 2025”, me han conducido, entre otros hallazgos, a la tesis del par: pensar en provincia/pensar en la capital. Con ella podemos renovar la vieja, manida y anacrónica ya “reivindicación” modernizadora que demandaba a Santiago-capital des-centralizar sus poderes y distribuirlos hacia las provincias (cuando no existía el lenguaje de “las-regiones” que puso la dictadura)…
En ese paradigma, lo capitalino era “positivo” –poder, recursos, demografía, cultura y progreso (o “progresismo”)–; lo provincial “negativo”: subordinaciones arbitrarias, aislamiento, embrutecimiento, pobrezas y tedio:
Yo vengo de San Rosendo a vivir a la ciudad,
Allá la vida es bien sana, pero nunca pasa na
Se trabaja todo el día, se duerme al anochecer,
Y apenas clarea el alba, trabajamos otra vez, Ay!…
Yo vengo de San Rosendo a vivir a la ciudad.
Carmela! Carmela! Llegas a la ciudad,
Con la cara sonriendo. Ay! que felicidad
2
Ahora, entre tedio y felicidad está la cosa. La palabra “tedio” ha sido “resignificada” (siúticamente) como “estrés-urbano”, y la palabra “felicidad” recubierta de adicciones –del trabajólico el mero drogo de substancias artificiales y muy caras.
Bueno, talvez.
Decía (y pensaba) esa queja monótona e impotente de la antigua provincia chilena queriendo parecerse un poco más a la capital, transformada en un suspiro íntimo de alivio al percibir que sí, que se quede centralizado y encapsulado el tedio actual capitalino, y que continúen mejorando su “metro”, su “restricción vehicular”, sus “índices-de-la-calidad” (del aire), sus “Costanera-Center”…
Pues pensaba/escribía que mientras Carmela llegaba, esos pocos artistas e intelectuales de fuste salían bastante silenciosos…
Pocos (siempre pocos) saben lo que contó Pablo Salinas: los mediocres del litoral central “venden” la casa de Las Cruces como turismo de Nicanor Parra, mientras desconocen una casa escondida en un bosque en Isla Negra del antipoeta –que soñaba convertir en “anti-museo”, en su sempiterna lucha amistosa contra el “vaca sagrada” Neruda, que ya anunciaba la suya como “gran-casa-museo”.
<Amigos y rivales>: esta es una inecuación vigorosa que Parra y Neruda asumían para seguir imaginando-escrituras, mientras el coro de los chupamedias comenzaba ya a ocuparse de profitar de sus genialidades –y la casa-museo se anunciaba ya como casa-negocio…
3
Se venían y se venían: Manuel Rojas a El Quisco, los Balmes-Barros y Camilo Mori, María Luisa Gertner, el mismo Lucho Weinstein por su Isla Negra de Las Coincidencias. Terrenos “botados-de-baratos”; todos frente al mar; a dos horas de Santiago tantos “premios nacionales” -–trámite rápido en oficinas metropolitanas; o tomar avión a Nueva York en Cerrillos o Pudahuel, y regresar a los aires nunca demasiado fríos ni demasiado calurosos de esta soledad-de-agrado en que consistía esta decisión.
(Ah!) ¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido
Lo escribió hace quinientos años Luis de León. Ahora no se trata del “desprecio-de-las-cortes”, la vanidad de los aristócratas (y nuevos-ricos) y el bullicio-mundano, cambiado por el bucolismo de la “vida-retirada”, sino, ante todo, de creación de cultura y posibilidad aun d’un porvenir. De sobrevivir la decadencia generalizada de la salud en la cultura postmoderna.
4
Entonces algunos mediocres del Litoral se pelean los nombres como para poder seguir cómodos en sus sombras. Y no perciben la riqueza del arduo trabajo en la rica soledad de los roqueríos, y alguna familia de los amigos pocos…
La calidad de la provincia y el océano fue claramente percibida por el talento. Ese que no quiere “fama” sino vitalidad –y tiempo, todo el tiempo, para lo único qu’es importante.
La tesis del “Hacia el Festival chileno de la Filosofía 2025” –que se lleva al IX Congreso Nacional de Filosofía en la provincia de Talca este noviembre–, dice:
<Cuando lo que muere aun no desaparece,
lo que nace aun no canta, y la confusión enferma (Gramsci)-,
el porvenir, la fuerza de futuro, necesita esta vitalidad creadora.
Ella planea mejor la provincia mientras
se malgasta y s’extravía en la capital-Santiago>
Pero no lo repitamos demasiado. Los pocos prefieren este modo del silencio. Incluso la mediocridad resulta más lenta y benigna entre mar y campo, en estos aires primaverales de setiembre de 2025.
