La familia está compuesta por Ana y Miguel, los padres y, sus dos hijos, Clara y Pablo. Juntos, decidieron que este año sería diferente: sería un año de compromiso, aprendizaje y cuidado del mundo que los rodea.
La promesa de la familia
En la víspera de Año Nuevo, sentados alrededor de la mesa, hicieron una promesa. Ana, con su voz suave pero firme, dijo: «Este año, nuestra familia se comprometerá a ser más consciente y responsable en todo lo que hagamos. Cuidaremos nuestro entorno, aprovecharemos la tecnología para aprender y crecer y dedicaremos tiempo de calidad los unos con otros y con nuestras familias que están lejos de aquí”.
Ella continuó diciendo: “También honraremos a quienes no están hoy en esta mesa, si en nuestros corazones y en especial que nos entregaron la enseñanza de que juntos somos más fuertes y que la solidaridad es la esencia que nos caracterizará a partir de ahora y durante el nuevo año 2025”.
Crianza con atención
Ana y Miguel saben que la crianza es una de las tareas más importantes, más estando en tierras lejanas y culturas nuevas. Decidieron que van a dedicar más tiempo a escuchar y comprender a Clara y Pablo. Una reunión familiar cómoda sin gritos, sin acusaciones, «la hora de la familia», permitirá compartir historias del día, para aprender juntos y planificar pequeñas aventuras para el fin de semana, así como un día al mes, participar en una gestión de voluntariado que se discutirá y consensuará en “la hora familiar”.
Ana les enseñó la importancia de expresar sus emociones y escucharse con empatía. Miguel, por su parte, les mostró que ese momento aprenderán a resolver problemas con creatividad y paciencia, que los obstáculos que se presentan en todo momento, pero con una comunicación clara se resuelven o se llevan de forma más soportable de lo que parecen. Juntos, se aseguran que Clara y Pablo, puedan crecer en un ambiente de amor y respeto, donde todos tienen el derecho y el deber de expresar lo que sienten, lo que padecen, lo que les angustia y eso que les gusta o no les gusta. Aprenderán a llegar a compromisos y a compartir los deberes de la familia.
La IA familiar
Clara y Pablo, ambos entrando a la adolescencia, están fascinados por la tecnología.
Sus padres, Clara, graduada de asistente contable, trabaja como camarera en un hotel, por su parte Pablo, ingeniero industrial, trabaja como empleado en un centro de abastecimiento en una conocida empresa de ventas en línea.
Ellos decidieron que era hora de aprender juntos. Van a aprender de sus hijos y acordaron que empezarán con las aplicaciones educativas donde los chicos les ayudarán a usar la IA para aprender el inglés, necesario para interactuar en el nuevo país donde viven y, también los chicos van a reforzar las matemáticas y ciencia. Incluso idearon crear un pequeño proyecto familiar: un jardín inteligente donde la IA ayudará a cuidar las plantas.
Gestionando el tiempo
Miguel, por su parte, siente que el tiempo se le escapa y en familia decidió presentar su nuevo enfoque en la gestión del tiempo a toda la familia. Junto con Ana, organizarán un calendario familiar donde cada miembro tendrá un espacio para sus actividades y momentos de descanso. Miguel va a poner en práctica la acción de priorizar lo importante, para llegar a casa más temprano y a decir “no” cuando sea necesario y a disfrutar más el presente sin la presión constante de las tareas pendientes.
Solidaridad por el ambiente
Ana, apasionada por el medio ambiente, va a liderar, junto al resto de la familia, iniciativas para hacer de su hogar más sostenible. Reducirán el uso de plásticos, reciclarán la ropa y otros productos, además van a plantar árboles en su comunidad. Clara y Pablo se unieron con entusiasmo y decidieron que usarán la tecnología para crear folletos, para incorporar a los vecinos en la importancia de cada pequeño gesto, en especial a los jóvenes de la comunidad.
Un año de cambio
La familia Fernández, para estas navidades ya comenzó a implementar algunos cambios, sintiendo cómo sus esfuerzos ya comenzaron a dar frutos. Por ejemplo, el árbol de navidad fue hecho de ramas secas del patio, al igual que los adornos fueron confeccionados con objetos de recuperación; los juguetes y libros que tenían en cajas, los han ordenado y desinfectado, para ser entregados a otros niños que no tienen nada para esta navidad, como lo hacía la abuelita en su país natal y lo mejor, se le han sumado otras familias, esa misma tarde harán limpieza del parque y ya tienen un comité de jóvenes que van a ayudar en esas tareas.
No solo se han sentido más unidos y felices, sino que también inspiraban a otras familias en su comunidad a seguir su ejemplo. Se dieron cuenta de que, aunque el mundo demandaba más de ellos, el compromiso con el crecimiento personal y el cuidado del entorno trae una satisfacción profunda y duradera.
Una historia para compartir
Si bien no todos en el mundo tenemos el tiempo y en especial no le damos el valor que merecen estos pequeños gestos que se generan en familia y que impactan al entorno, muchos sabemos que es desde el hogar donde se genera el cambio para un futuro mejor.
Esta historia que parecen novelas, son reales y tal vez para algunos imposibles de realizar. Son esas otras historias que no se viralizan en las redes sociales, porque son la cotidianidad: Son las historias de muchos inmigrantes, que comienzan de 0, familias que no buscan la facilidad, sino que se esfuerzan y se adaptan. Hombres y mujeres, que dejan de lado sus profesiones, pasando al interés supremo de dar y formar a sus hijos con valores, con oportunidades y en especial, en un hogar estable. Son padres que responden a los cambios que el ambiente, la naturaleza y la sociedad nos está solicitando.
Los ciudadanos y ciudadanas del mundo, debemos proclamar en el núcleo esencial de una sociedad o país, es y seguirá siendo la familia. En el entorno familiar se gesta la fuerza que forma valores, conocimientos y solidaridad a la generación que hoy en día ve, vive y crea caos por todas partes del mundo.
La familia debe ser parte del centro de atención y la máquina que mueva y remueva a los politiqueros, a los corruptos. Nuestras familias deben ser el motor para movilizar la producción económica y social de una nación, la familia debe esforzarse para pasar de la pobreza extrema a una sociedad de oportunidades y vaya que se puede, más allá de las tendencias de cambiar lo que existe por un “elles”, “aquelles”, una familia en una sociedad que incluya más la igualdad de garantías para todos sin necesidad de poner o cambiar una vocal.
Que aprendamos a elegir y a quitar constitucionalmente a quienes hacen daño a un adolescente, a un padre, a una madre, a las familias, comunidades y un país entero.
No es cuestión de clases, pobres, media o ricos, se trata de formación en valores y respeto.
Familias como los Fernández, inmigrantes que han dejado de lado las lágrimas de un largo recorrido por la legalidad en un país nuevo, que decidieron construir una nueva vida, adaptándose a la sociedad que les ha dado la oportunidad de tener un techo y libertad, aunque aún les falta para obtener una nacionalidad, no es el impedimento para seguir creciendo y aportar a sus hijos y a los que están allá al principio del sur el aporte económico o solidario que dentro de sus posibilidades pueden dar.
