Uno de los elementos que inciden en la emisión de CO2 es la producción de energía eléctrica. En España y con los datos de 2014 publicados por Red Eléctrica Española, podemos ver que la producción de energía eléctrica se situó en 266.853 GWh, cantidad inferior a la de años precedentes, pero aún así con una contribución a las emisiones de CO2 muy elevadas. La media de emisiones por cada kWh generado se situó en 267 gramos de CO2 por cada kWh generado. El total de emisiones atribuibles al consumo eléctrico en España en 2014 ha sido de 71,25 millones de toneladas de CO2.
Es una cantidad muy importante, que sin duda debería reducirse utilizando más las energías renovables. La energía solar fotovoltaica solo aporta 35 gramos de CO2 por cada kWh generado, mientras que la eólica baja este valor hasta los 21 gramos por kWh. La diferencia con respecto a los combustibles fósiles es sustancial. Ese mismo kWh generado con carbón emite una media de 1000 gramos de CO2, mientras que combustibles como el petróleo se sitúan en 900 gramos y el gas en el entorno de 580 gramos.
Estos datos deberían ser suficientes para hacer que los gobiernos siguiesen políticas de apoyo a energías como la eólica o la fotovoltaica, pero en España no es así. Muy al contrario la legislación recientemente aprobada con respecto al autoconsumo eléctrico, generado mediante fotovoltaica o eólica, muestra que el camino defendido por el gobierno español es justo el contrario ¿Qué hacer entonces?
Evidentemente solo queda la acción por parte de las personas, que sí pueden contribuir a la reducción de las emisiones de CO2 reduciendo su consumo eléctrico. En este sentido podemos estudiar un caso práctico fácil de entender. En una tienda abierta al público se pueden sustituir las luces convencionales por otras de tipo led, que consumen mucha menos energía eléctrica. Un primer resultado para el propietario va a ser una disminución en su factura eléctrica, pero un segundo resultado, que nos alcanza a todos, es una disminución de la parte de emisiones de CO2 que son debidas a este mismo consumo.
Al tratarse de una tienda el número de horas al año que permanece abierta y con las luminarias conectadas es elevado, superior a 2.500 horas/año. Estaremos ahorrando entonces un total de 1.697,5 kWh, que suponen 453,23 kilos de CO2 menos emitidos a la atmósfera, debidos a la energía eléctrica ahorrada, y una disminución en la factura eléctrica de alrededor de 212 euros al año.
Si a las viviendas unimos centros de salud, edificios públicos (ayuntamientos, bibliotecas, etc.), naves industriales y cualquier otro punto en el que se pueda ahorrar electricidad, vía cambio de luminarias o por cualquier otro camino, el nivel de reducción de emisiones aumentaría significativamente.
Por tanto, no es solo cuestión de exigir a los gobiernos que planteen políticas que lleven a una disminución de emisiones de CO2, sino que todos nosotros podemos contribuir a esa disminución de forma sencilla, sin complicaciones y obteniendo además un importante ahorro en nuestra factura eléctrica.