Hay quienes dicen-escriben “desierto” como desolación y vacío y nada y decadencia y nihilismo, herr Nietzsche, es una pena y “el desierto avanza/crece. ¡Ay de quien dentro de sí cobija desiertos!”[1]
O: ¡ay de ti! ¡Ay de ti compa Nietzsche que casi fuiste súperNietzsche y terminaste diez años asilado e inútil, manipulado por de verdad mediocres (o mediocras),….
Como Edipo nunca me cansaré de dolerme tu destino, que sabías “era-danza”, y sin embargo no-bailaste (sino en metáfora-palabra-logocéntrico). Que silbabas del desierto-nada, viendo en tu espejo yermo solamente aridez… Y seguías con analogías pues nunca siquiera d’Atacama volaste aunque fuera imaginariamente.
Te lo cuento: saliendo d’Arica te hallarás con grietas en la pampa elevadas de puras arenas, montañas de arenas grises y las llaman Camarones o Cardones. Y por el fondo (o “fundamento”): un río de verdes y guayabas (una mirtácea).
Luego hay llanuras más amplias que todo horizonte: de San Pedro d’Atacama al oeste te vas simplemente a un absoluto –-te lo digo con ayuda: “el cambio de plano que supone el paso de la Razón al Espíritu, o de la marcha de la conciencia a la revisión de las figuras históricas del espíritu en un sentido ya universal”[2]. ¿Ves?: el camino de las palabras a absolutizar su presencia en este mundo…
Esas “figuras” devienen acá los tonos ocre de cerros alrededor de Copiapó, mil kilómetros al sur. Y la “marcha” puede encontrarse en tropillas de llamos escritos con piedras duras en las rocas sobre Ofragía.
Si pues. El “desierto” intelectual europeo moderno (o post), dice sin haber estado pampino. Entonces prosigo:
“el juego entre la conciencia que va avanzando, por un camino de duda y desesperación, merced a la experiencia de su negatividad, y la presencia del filósofo, o del ‘nosotros’ que, desde la parte trasera del discurso, mira detenidamente la penosa marcha de la conciencia, o la acompaña como un coro trágico.”[3]
Mientras, las rutas d’Atacama, interminables, parece que siempre llegan alegres (hay qu’escuchar los huaynos). La “penosa” es la modernidad, fundada en la “pobreza-falta-escasez” –-revoluciones pa’ corregir trabajosamente lo “mal-hecho” (“in/justicias”) que nunca cambiarán muucho…; progresismos que desandan lo que anduvieron el día anterior (y que no ven, ideologizada la percepción).
Pero en Alerce Andino, por los primeros kilómetros de la llamada “Austral”, hubo un dramaturgo (que achaplinó), y, sin embargo, fue útil para qu’el filósofo –“de-camino”–, trajera Atenas hasta un diálogo con Coro y todo.
Lo “trágico” no dice (digo) tristeza, sino inmensidad y relatividad. Tantas que incontenibles en la obra humana. Trágico parece decir lo “particular” percibiendo y apeteciendo lo “universal” –incluso cuando en este par sólo comprendemos ‘lenguaje’ (y viceversa).
Por eso el desierto vivo ni avanza ni retrocede –aparentemente. Habría de encontrarse una ‘geografía especulativa’[4] que perciba, sin dudas, el tiempo en la lentitud de sus grandes transformaciones pampinas. Hay un tiempo-humano y otros; aunque incluso si no hubiera “tiempo”…
<¿Por qué? ¿Por qué tan lejos?
Lejos de Atenas –tan lejos como casi 30 siglos atrás, otra lengua y allá, al oriente del Mediterráneo.
Y acá, tan lejos del parque Alerce Andino. De esos alerces que nunca sabrán de otro sino del Pacífico del sur, observándolo todos los días sobre’l Seno de Reloncaví.
En Atenas había un estero piñufla, ¿recuerdan? Donde Sócrates el urbano fue un día a pasear “el-campo”. A orillas del Iliso conversaron Sócrates y Fedro, largo y tendido, de la invención de la escritura y ciertos faraones egipcios. >[5]
Lejos de Ofragía y de caleta La Arena, lejos de Weimar donde murió el genio: la “Fenomenología del espíritu” parece un libro “bloque errático”[6] en l’obra de Hegel –sin embargo “único” en la tradición y qu’el autor habría escrito muy rápido, sin consultar (intuitivo o iluminado), y post años de prometer algo y nada aparecía.
[1] Aforismo.
[2] Traducción de “La Fenomenología del espíritu” y Presentación de Antonio Gómez Ramos. Pág. 23.
[3] Ibid, pág. 24.
[4] Pablo Pulgar de la U. Diego Portales.
[5] F. Viveros y V. Olguín. Revista “TESIS 1”. Publicación resumen de elaboraciones “en-camino” de la GIRA-sur primer semestre del “Hacia el Festival chileno de la Filosofía 2025”. Wairava ediciones, El Tabo. Agosto de 2025.
[6] Walter Jaeschke. ‘Hegel, La conciencia de la. Modernidad’, Madrid, Akal, 1998, pág.141. También en ‘Hegel Hand-buch’, loc cit. pág 175.
