La estructura social de sus vecinos, es lógicamente heterogénea, pero fundamentalmente clase obrera, con un importante porcentaje de personas de la tercera edad. Es un barrio atrincherado entre un polígono industrial y zonas militares, algunos cuarteles abandonados y varias residencias del Ministerio de Defensa. Con semejantes condicionamientos arquitectónicos y estructura urbanística consecuencia de planes municipales que nunca se respetaron, todo invita a marcar diferencias con el resto de la ciudad. Y la historia ha demostrado que las diferencias son evidentes, porque si de algo se ha caracterizado este barrio, es por el alto grado de compromiso social.
La historia más reciente se vuelve a repetir: hace apenas tres años, en plena campaña electoral municipal, el Partido Popular presentó como uno de sus planes estrella, la construcción de un nuevo estacionamiento subterráneo privado en el campo de la Parroquia de Fátima, en el centro de Gamonal. Los grupos municipales de la oposición, advirtieron de que aquel terreno era municipal, y se suspendió el proyecto para frustración del actual alcalde.
Llegados a este punto, se aprueba un nuevo bulevar en la arteria principal, en la Calle Vitoria. Con un presupuesto de más de ocho millones de euros, se establece la creación de trescientas cincuenta plazas de estacionamiento privadas. Se trata de un moderno parking privado subterráneo, y contrasta con la existencia en esa misma calle, de cuatrocientas plazas de aparcamiento gratuitas, es decir, que se eliminarían cincuenta plazas, además de obligar a sus vecinos a pagar por un servicio que hasta ahora gozaban de manera gratuita.
Tal vez sea este uno de los grandes problemas del barrio, la escasez de plazas de estacionamiento, y con este nuevo bulevar, el problema, lejos de resolverse, se agravaría.
Llega un momento en que la indiferencia del alcalde colma la paciencia de los vecinos de Gamonal, y las protestas empiezan a desbordar a las autoridades. Las obras dan sus primeros pasos, y multitud de vecinos (con un gran porcentaje de jubilados), exigen su paralización y con su presencia, consiguen que los camiones y tractores se detengan. Las manifestaciones cobran virulencia y los medios de comunicación, focalizan su atención en un barrio que tantas veces se ha sentido olvidado. Al final, el alcalde decide paralizar las obras, ante las cada vez más numerosas manifestaciones ciudadanas en Burgos y en otras ciudades que se solidarizan con ellos. Primero ordena detener las obras de manera temporal, y en pocas horas, da marcha atrás para suspenderlas de forma definitiva. Esta decisión inesperada, lejos de tratarse de una maniobra política, parece obedecer a una exigencia de altas instancias, exigencia que le deja en evidencia y supone la pérdida de confianza de sus superiores en él.
Ahora es consciente de que deberá indemnizar a las empresas adjudicatarias de las obras, con una cantidad millonaria (sensiblemente menor al presupuesto del proyecto). Deberá asumir las consecuencias de sus actos, desautorizado por su partido, responsable de arruinar un Ayuntamiento, sinceramente, lo honesto sería dimitir.
Con mi buen amigo Luis paseamos por la Calle Vitoria, todavía levantada y decorada por una montaña de escombros que nadie sabe dónde se los van a llevar. Nos acercamos a un grupo de personas reunidas, miembros de la Asamblea Vecinal. Tomando un delicioso y caliente chocolate, podemos hablar con todos ellos, entre los que tuve la oportunidad de conocer a Manuel Alonso, coordinador de la Asamblea de Parados de Burgos, y una de las personas más visibles en el conflicto. Me explica junto a otros compañeros que poseen una estructura asamblearia y cada vez más numerosa de vecinos, y que ahora lo que desean es mejorar su coordinación y explicar sus propuestas. Reflexionando sobre lo que ha supuesto el conflicto en sus vidas, me comentan que se podrían extraer dos grandes conclusiones:
En primer lugar, EL CAMBIO DE TENDENCIA SOCIAL. Los ciudadanos (no solo en Burgos), han llegado al hartazgo en su relación con el poder político. Están cansados de proyectos faraónicos que no sirven para nada, más que para alimentar el ego de algún político y llenar los bolsillos de constructores sin escrúpulos, lo que siempre es un lastre para el desarrollo de una ciudad. Los ciudadanos han tomado conciencia de que no quieren este tipo de obras fastuosas, y que no lo van a consentir. Hasta ahora la sociedad española se había mostrado muy dócil ante los “caprichos” de sus políticos, pero todo tiene un límite. Sobre todo, cuando en Gamonal se han cerrado dos guarderías públicas estos últimos años, con la excusa de que para el Ayto era inasumible pagar trece mil euros que costaba su mantenimiento. O que los colegios del barrio, sufran frecuentes cortes de calefacción por falta de dinero. Es indignante que hasta el Aula de Cultura se encuentre cerrado por falta de fondos. Cuestiones menores para un político, pero problemas que los ciudadanos exigen que se solucionen, porque para eso está la política.
La segunda conclusión que se puede extraer, es el ROTUNDO FRACASO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN CONVENCIONALES, que desde el principio se posicionaron a favor de las autoridades municipales, resaltando los actos vandálicos para desacreditar y criminalizar al movimiento vecinal. Lo que han conseguido es deslegitimarse y servir de lanzadera a las redes sociales, además de encender más los ánimos. Han conseguido el efecto contrario que buscaban.
Los ciudadanos de Gamonal afrontan su destino con valentía, sin miedo, siendo conscientes de que son dueños de su futuro, que han decidido que la política avance por la senda del sentido común, con acciones que deben mejorar la vida de las personas.
Espero que los políticos de nuestro país tomen buena cuenta de lo sucedido en Burgos. Siento lástima que un movimiento así no emergiera hace años en Marbella, Valencia, Madrid, Santiago, Alicante y otras tantas ciudades tan endeudadas, ciudades que han dilapidado su futuro construyendo aeropuertos vacíos, estatuas millonarias inútiles, “ciudades de las artes” o “ciudades de la cultura” que no podían pagar ni permitirse, cuando un alto porcentaje de sus ciudadanos padecían carencias mucho más prioritarias.
Según dejo la ciudad del Arlanzón, escucho la radio comentar que el número de parados de la ciudad supera la alarmante cifra de los dieciocho mil. Creo que si había ocho millones para un bulevar, tal vez también los haya para empezar solucionando este gravísimo problema.
