Llegue a casa sofocada, había estado jugando sin parar y debía hacer los deberes y estudiar. La noche se acercaba y el cansancio recorría todo mi cuerpo, mis ojos a pesar de mi insistencia en mantenerlos abiertos, paulatinamente iban cediendo hasta alcanzar ese merecido dulce sueño.
A la mañana siguiente al despertar fui al baño y al mirarme en el espejo vi como los reflejos de la luna se había posado en mi pelo.
Habían transcurrido veinte, treinta, cuarenta años… ¡casi no lo recuerdo! Sólo veía a una mujer, casi anciana reflejada en ese brillante espejo; un cuerpo distinto, los surcos marcando mi piel señalándome el paso del tiempo, los recuerdos de mis pequeños amigos en mi mente y la experiencia de unos años vividos, que en algunos momentos se hicieron eternos.
Recuerdo que ayer, las risas envolvían al silencio y hoy, hoy permanezco aquí, sola, frente al espejo, peinando lentamente los reflejos que la luna dejo sobre mi pelo.
¡Como pasa la vida! ¡A veces no llego a entenderlo!, porque sólo fue un momento cuando paulatinamente cerré mis ojos. No consigo creer, como a la mañana siguiente al abrirlos de nuevo, había pasado mi vida, como un soplo de viento.
