Otro Mundo Es Posible

Los nuevos modelos familiares: la gran ruptura

En una primera aproximación histórica y genérica al término familia, podríamos concluir que es la asociación humana básica desde el punto de vista biológico, cultural, jurídico y económico.

Biológicamente porque es una asociación imprescindible entre individuos de distinto sexo para perpetuar la especie, en consecuencia es una actitud básica inscrita en el código genético.

Culturalmente, ha llegado a ser el elemento fundamental de la estructuración social a raíz de su aceptación y difusión en el mundo greco-romano, estando presente en la práctica totalidad de las culturas actuales.

Jurídicamente, la familia genera derechos y obligaciones recogidas y amparadas por las leyes.

Económicamente podemos decir que en su conjunto, la familia es una unidad de producción en países poco desarrollados y de consumo en la totalidad.

Igualmente, de la familia podemos decir que es la encargada en todas las culturas de engendrar nuevos miembros, ocuparse de su socialización primaria (entendiendo como tal su educación y aprendizaje para integrarse socialmente), así como de satisfacer las necesidades de todos sus integrantes.

Sociológicamente, la familia “es el núcleo de la organización social donde convergen, por así decir, la naturaleza y la cultura; aquella como arreglo biológico en el orden de la reproducción de la especie y ésta como arreglo histórico en el orden de la socialización del individuo. Es como producto de un aprendizaje secular de la humanidad, independientemente de modos de producción y regímenes políticos, que la familia ha llegado a constituirse como esa combinación específica de un arreglo biológico y un arreglo cultural, mediante los cuales la vida se mantiene, transmite y proyecta”.

De ésta manera, la familia se configura como el elemento fundamental a la hora de transmitir los códigos culturales de la sociedad en la que se inscribe. Es en el hogar familiar donde se recibe la primera formación y donde se adquieren los valores morales que conformarán la futura conducta y personalidad de todos nosotros.

Aún cuando cada miembro de la familia es reconocido como único e irrepetible, la interacción entre miembros de distintas edades y sexos jugando roles diferentes, permite desarrollar las potencialidades y afianzar la transformación de individuos a seres sociales.

Así, es el núcleo básico que mantiene y proyecta la vida humana, sirviendo a su vez de intérprete bidireccional de las necesidades del individuo y la sociedad.

Por otra parte, la idea de que todos pertenecen a un mismo grupo de forma indisoluble, genera unos lazos emocionales de gran solidez que perduran a lo largo de la vida de los individuos, siendo un ámbito donde prima la afectividad, aspecto fundamental para el desarrollo equilibrado de los seres humanos.

Pero en la actualidad la institución familiar está cambiando. La aparición de nuevas formas de entender y asumir el modelo familiar se prodigan en la sociedad de hoy en día.

No obstante, según el sociólogo francés Louis Roussel, es un error creer que hay un modelo único de familia, el cual sufre hondas transformaciones como consecuencia de factores exógenos. Para éste hombre existen cuatro tipos de matrimonios generadores de familias:

Pero claramente la división expresada se ciñe en exceso a interpretaciones clásicas en cuanto a la forma de entender la familia.

Actualmente, con la evolución de la sociedad estamos asistiendo al nacimiento de nuevos modelos familiares más ligados a la complejidad, a las oportunidades y a las posibilidades alcanzadas.

En éste sentido, podemos enumerar una relación más amplia y objetiva de las nuevas modalidades de familia que han surgido en las últimas décadas, fundamentalmente en los países más desarrollados:

Es interesante subrayar que al hablar anteriormente de pareja y sus hijos, debemos entender que ésta puede estar formada por la unión de integrantes de parejas previas con ruptura, al igual que los hijos pueden provenir de relaciones anteriores, es lo que a su vez se conoce como familia reestructurada.

Como ven, el abanico de modelos se amplia continuamente porque, en cada etapa histórica, el modelo familiar es el resultado de las nuevas opciones culturales, legales y económicas, que la realidad social del momento permite.

¿Cómo interactúan modelo familiar y desarrollo?

Como pueden comprender, para el desarrollo social en todas sus facetas, tiene una enorme influencia la composición y estructuración de su unidad básica.

Aunque les parezca demasiado retroceder, podemos comenzar haciéndolo en la historia hasta fechas remotas. Allí nos encontramos en el período paleolítico y gran parte del neolítico con una estructura “familiar” bajo el modelo de matriarcado, donde la figura del hombre no tiene ninguna estabilidad ni continuidad, y cuya actividad giraba en torno a la recolección y caza de forma nómada. Un esquema poco estable con escasas posibilidades de evolución y desarrollo.

Pero coincidiendo con el avance del neolítico, hace unos 10.000 años, surge un modelo revolucionario de producción que cambiará drásticamente el estatus quo humano hasta la fecha; la aparición de la agricultura y posteriormente de la ganadería.

Este novedoso sistema de consecución de los recursos básicos implica el abandono del nomadismo y la creación de asentamientos estables, y con ellos la explotación de tierras y ganado, o lo que es lo mismo, la aparición de lo que hoy denominamos la propiedad privada. Así las cosas, la única manera eficaz de proteger los nuevos recursos disponibles pasaba por consolidar la figura del hombre como elemento protector frente a terceros, es decir, la desaparición del matriarcado en favor del patriarcado.

Éste es el esquema que ha estado vigente durante los últimos 10.000 años, y que ha permitido al ser humano incrementar su población y avanzar en su desarrollo cuantitativo y cualitativo de forma lenta pero constante, hasta que la revolución industrial generó unas nuevas y mayores expectativas de crecimiento que la actual globalización está consolidando, aunque de manera asimétrica, por todo el planeta.

Para entender como se comporta en la actualidad el patrón familia frente al progreso económico y social, podemos analizar su evolución en un país desarrollado.

En éste, hace más de cincuenta años que se produjo el éxodo del ámbito rural hacia el urbano, implicando el abandono de un medio que procuraba ocupaciones productivas a todos los miembros del núcleo familiar, con independencia de su edad o sexo. Es decir, se sustituyó el modelo tradicional de unidad productiva a favor del modelo de unidad de consumo. Los ingresos se concentraron en el cabeza de familia, pasando a representar el resto de miembros una carga en lugar de una ayuda a la economía familiar.

En éste contexto, y con unos nuevos hogares de reducidas dimensiones, el índice de natalidad descendió drásticamente hasta rebasar el umbral mínimo de la tasa de reposición intergeneracional, es decir, de la antigua familia extensa se ha pasado en el lapso de cinco décadas, al modelo de familia nuclear con uno o dos hijos.

En paralelo, los avances en la calidad de vida han propiciado un incremento notable en las expectativas de vida, transformando la composición clásica de la pirámide poblacional mediante la disminución del número de personas menores de 14 años (la base) y ampliando el número de las mayores de 65 (el vértice).

Como estas personas mayores de 65 años tienen rentas consolidadas de jubilación conseguidas en su etapa laboral, el número de hogares con una o dos personas mayores ha irrumpido en el escenario familiar como uno de los nuevos modelos familiares de los países desarrollados.

Igualmente, la capacidad de las diversas instituciones para aportar servicios de externalización de funciones tradicionales de la familia, como por ejemplo la atención a los hijos desde temprana edad en guarderías, ha propiciado el acceso al mundo laboral por parte de la mujer, sustituyendo el modelo de hogar tradicional por uno nuevo en el que la convivencia de sus miembros queda reducida a un limitado período de tiempo diario.

Así mismo, el paulatino abandono en los países occidentales del componente religioso como parte importante del esquema de estructuración familiar y social, ha liberado los matrimonios de su carácter perpetuo y facilitado la aparición de familias monoparentales. También ha permitido la aparición de nuevas modalidades de familias en las que ni la procreación (por recurrencia de ambos en el mismo sexo) es ya motivo fundamental.

Es decir, el progreso social en todos sus ordenes ha modificado los patrones clásicos del modelo familiar, permitiendo la aparición de nuevos roles familiares que a su vez implicarán cambios sociales futuros.

Para terminar, hay que mencionar  uno de los cambios que mayores implicaciones tendrá en el modelo futuro de sociedad y lo encontramos en el modelo actual de educación y aprendizaje.

La importante externalización de esta componente familiar desde cortas edades, implica que ya no existe un período inicial de aprendizaje de conducta y valores dentro del seno familiar que propicie la posterior integración en el ámbito social, sino que los hijos se ven inmersos desde el principio en un nuevo modelo donde prima lo colectivo y lo individual no tiene ni el tiempo ni el espacio de antaño, y donde la afectividad de la familia se recibe de forma concentrada en limitados períodos de tiempo al día. En definitiva, esta formación de la persona conlleva el cambio en los hábitos y costumbres pasadas, propiciando necesariamente un nuevo modelo de desarrollo y estructuración social, que apenas ha comenzado.

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