La neuróbica, también conocida como gimnasia cerebral o gimnasia mental, está compuesta por ejercicios, problemas y rompecabezas mentales que mejoran el rendimiento del cerebro. El término “neuróbica” fue dado por el fallecido neurobiólogo Lawrence Katz y Manning Rubin para describir ejercicios mentales diseñados para mantener nuestro cerebro alerta; el término fue popularizado por Lawrence Katz en 1999. La gimnasia cerebral es una técnica que propone generar nuevas conexiones neuronales para lograr el equilibrio y mejorar el aprendizaje. Se creía que los problemas de memoria eran una consecuencia inevitable del paso del tiempo y para algunos científicos hablar del entrenamiento del cerebro (o brain-fitness) era casi una trivialidad, pero actualmente se sabe que no es así. Un alto porcentaje de personas mayores de 65 años no tiene ningún tipo de inconveniente; se empezó a ver que aquellas personas que poseían un mayor grado educacional tenían menor prevalencia de enfermedades como el Alzheimer o la demencia, pero que en realidad no tiene que ver con la cantidad de años que se haya dedicado al estudio, sino con lo activa que se haya mantenido la mente.
Ian Robertson, jefe de investigaciones del Instituto de Neurociencias del Trinity College de Irlanda, fue quien se dedicó a reunir la evidencia que demostraba lo contrario, realizando variados estudios. A partir de los 40 o 50 años sería bueno empezar a hacernos controles regulares, cuanto antes tomemos conciencia, mejor. El cerebro funciona como un todo y, por lo tanto, se busca ejercitar también la atención, la concentración, el pensamiento creativo, el lenguaje, por poner algunos ejemplos, y cada persona debe buscar los ejercicios o estímulos adecuados a ella.
Se presume que la estimulación sensorial y actividades como acciones y pensamientos inusuales producen más sustancias químicas del sistema neurobiológico del cuerpo que estimulan el crecimiento de nuevas dendritas y neuronas en el cerebro. Hay que “desafiar” al cerebro, pero sin excedernos, porque existe una línea muy delgada entre lo que es un cerebro desafiado y un cerebro estresado. La clave de la gimnasia cerebral es la integración de los hemisferios cerebrales ya que, generalmente, los bloqueos de aprendizaje se deben a que el individuo está trabajando con un solo hemisferio y por eso no se puede procesar correctamente la información, ya que el cerebro actúa unilateralmente y recibe datos pero no los integra, lo que sugiere un mal manejo de la lateralidad.
Ejercicios
Realizar actividades de la vida cotidiana con la mano “no dominante”, tales como cepillarse los dientes, cortar algún alimento, escribir, peinarse, abrir la llave del agua, encender la luz, etc., tratando de dar uso a las dos manos en la proporción que podamos, ayuda a desarrollar la lateralidad cerebral. Variar las rutas para ir al trabajo, casa, escuela, romper con las actividades rutinarias inconscientes, creando nuevas opciones. Cambiar las cosas de lugar, ya que al saber dónde está todo de antemano, el cerebro construye un “mapa”, por lo que realiza el mínimo esfuerzo. Resolver acertijos y crucigramas favorece la memoria y la actividad cerebral en general; armar un rompecabezas o -mejor aún- taparse un ojo mientras se realiza, hace que se pierda la percepción de profundidad, por lo que el cerebro tendrá que confiar en otras vías. Leer en voz alta ejercita la mente, la vista, la voz y el oído. El movimiento es una parte indispensable para el aprendizaje, al haber movimiento combinado con conocimiento el aprendizaje se hará más notorio… Es más fácil aprender a bailar que aprender a escribir, es por lo tanto más fácil aprender las tablas de multiplicar cantando que solo recitando.
Beneficios
Esta gimnasia permite mejorar el rendimiento escolar, ya que se basa en una serie de ejercicios corporales para despejar la mente, enfocar la atención y revertir casos de hiperactividad, dislexia y trastornos de conducta, entre otros. En niños y jóvenes de entre 5 a 25 años mejora la atención, la concentración, la memoria y a integrarse con compañeros, revalorizando las relaciones con padres y profesores. Para los adultos entre 26 y 35 años ayuda a tener confianza en entrevistas, hablar en público con seguridad y soltura, mejorar relaciones con jefes y parejas; mientras que para los que tienen entre 36 y 65 años les sirve para mejorar en algún aspecto de su persona; personas de la tercera edad a quienes el estrés merma sus facultades, pueden recuperar y reforzar motricidad, pérdida de memoria o ligera dislalia. También previene la enfermedad de Alzheimer.
