Se confirmaría así la tesis del griego Heredoto que señaló que el origen del pueblo etrusco podría estar en el Oriente Próximo. La herencia etrusca habitó hacia el año 510 a.C. la Toscana, región que es cultura y paisaje, y destaca por levantar una de las civilizaciones más prósperas de la historia.
El hombre ha empezado en este nuevo milenio un viaje iniciático hacia el este. Asia es hoy el centro de atención de Occidente, y es allí donde se cuece en gran medida nuestro futuro. Cierto es que no es la primera vez que Occidente apunta al este. En arquitectura tenemos innumerables ejemplos de la influencia de Japón en arquitectos de la talla de Frank Lloyd Wright, en las primeras decadas del XX, o de Richard Neutra, ya en tiempos del movimiento moderno. Pero es un hecho incontestable que el mundo globalizado parece mirar definitivamente al alba. ¿Se inicia pues el crepúsculo de Occidente?.
PRIMER EJEMPLO: CHINA EN AFRICA
África, sólo Estados Unidos y Francia todavía la aventajan. La adversidad a la que están acostumbrados los asiáticos en su forma de vivir es proporcional al estado de bienestar que tenemos muchos europeos en nuestros países, ello les da enorme ventaja al instalarse en este continente donde prima la capacidad de adaptabilidad a un medio inseguro, insalubre y exento de grandes atractivos.
[África ha sido un continente mal colonizado y ninguneado por Europa]
A lo anterior debe sumarse que China en su desembarco mira hacia otro lado en lo que se refiere a regímenes como el de Sudán, Zimbabwe, Libia y otros. En Jartum (Sudán) existe un megaproyecto en construcción, Alsunut, que refleja la prosperidad que Pekín quiere instalar en la zona. Mientras en Darfur la guerra rompe la esperanza de vida, la nueva ciudad se financia con la venta de futuros activos inmobiliarios producto de esta faraónica transformación que tiene mucho en común con la forma de crecimiento de las urbes asiáticas.
Preciso es tomar conciencia de que una única y sólida alianza entre China y
África constituye a medio plazo una amenaza para la estabilidad de nuestras economías, que bien pudiera llevar aparejada una deriva económica sin precedentes.
África ha sido un continente mal colonizado y ninguneado por Europa, reconocer este extremo sería el inicio de un nuevo talante en la forma de llevar nuestras relaciones comerciales. Europa deberá contar con
África en una relación de igual a igual.
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SEGUNDO EJEMPLO: ENTRE RUSHDIE Y PAMUK
La huida de Turquía del reciente premio Nobel el escritor Orhan Pamuk, consecuencia del asesinato de su amigo el periodista Hrant Dink por el enloquecido nacionalismo, no ha tenido la misma respuesta europea que en su día tuvo el caso de Salman Rusdhie con sus “versos satánicos” allá por el año 1989. La transición de la agitación a la indiferencia refleja que algo ha ocurrido en nuestra conciencia ética y moral entre ambos acontecimientos que pone en evidencia el desconcierto que tenemos en la culta Europa frente al nuevo panorama internacional, donde confesión religiosa y terrorismo se confunde. Oriana Fallaci lanzó ya sus diatribas en uno de sus últimos libros respecto a la tibia y complaciente posición de Europa en relación a la creciente influencia del islamismo en el corazón europeo.
[“Sólo las cavernas resisten los ataques”]
En la novela de Rusdhie como en el caso de las viñetas sobre Mahoma existe una clara provocación religiosa que puede ofender, pero no es lo mismo cuando escribe el Nobel sobre temas históricos constatables como lo fueron las matanzas de los armenios (hechos que algunos prefieren silenciar). Nuestra sociedad premia al escritor turco como un referente cultural de apertura a Occidente mientras que lo deja sólo en cuanto suenan las campanadas de muerte. Bien es cierto que desde el horror del 11-S el tratamiento que está dando nuestro mundo occidental a este enemigo invisible no es el adecuado. Ya señala el arquitecto Renzo Piano, autor junto a Richard Rogers (reciente premio Pritzer) del Centro Georges Pompidou de Paris, que “sólo las cavernas resisten los ataques”.
TERCER EJEMPLO: KABUL
Hace ya unos pocos días asistí a una obra de Tony Kushner en el Teatro Español, “Homeboy Kabul”. Siempre es un placer disfrutar del teatro en esta sala que ofrece su fachada a la Plaza Santa Ana en pleno centro de Madrid. En esta ocasión mi mujer eligió esta interesante obra que es el origen de estas líneas. “En casa / en Kabul” es una pieza que incita desde su inicio a una profunda reflexión acerca del papel geopolítico que se ha asignado Occidente, e insiste en asignarse, respecto al Oriente.
La primera intervención es un largo monólogo que interpreta la actriz Vicky Peña durante una hora larga donde revisa la historia de Afganistán desde sus primeros días hasta la abominable crudeza de su más inmediata realidad. Un país pobre sometido por Occidente a una situación hoy sin salida aparente. Como escribe Mario Gas: “…un mundo de emociones, sensaciones, reflexiones, sentimientos, análisis y paradojas que son un espejo de nosotros mismos: Occidente, colonialismo, depredación, choque de civilizaciones, fundamentalismo, desclasamiento, búsqueda del otro, responsabilidad, alienación, conflicto generacional, vidas erráticas…”.
[Afghanistan es para su desgracia o su gloria el punto de encuentro de tres mundos]
Siempre tendremos como recuerdo las palabras de Charles Edouard Jeanneret (Le Corbusier): “Este viaje a Oriente, lejos de las enrevesadas arquitecturas del Norte –respuestas a una llamada persistente del sol, de las anchas líneas de los mares azules y las grandes paredes blancas de los templos-, a Constantinopla, Asia Menor, Grecia, a la Italia meridional, será como una vasija con la curvatura ideal, de la que podrán derramarse los sentimientos más hondos del corazón…”
Le Corbusier también viajó al Oriente con el mismo espíritu con el que mi tío atravesó el desierto con su valiente joven esposa.
