Sin embargo, a nivel mundial, una de cada tres especies de fauna que habita las zonas húmedas está amenazada. El caso de las tortugas es más crítico, el 72% de las especies de tortugas de agua dulce y 6 de cada 7 tortugas marinas (que usan los humedales costeros durante la época de cría) tienen algún grado de amenaza.
- Una de cada tres especies de fauna que dependen de los humedales está amenazada.
- Es preciso gestionar las zonas húmedas para potenciar los servicios ambientales que nos brindan estos frágiles ecosistemas.
- El Día Mundial de los Humedales se celebra cada 2 de febrero. Este año el lema es Cuidemos de nuestros humedales – una respuesta al cambio climático.
Al pensar en biodiversidad, además de las especies, es importante tomar en cuenta los ecosistemas y las relaciones entre animales, plantas y ambiente. Una gestión integral de las zonas húmedas contribuye a reforzarlas ante los cambios y las presiones, tanto de origen natural como inducidos por el ser humano, y a potenciar su oferta de servicios ambientales, como la recarga de acuíferos, la purificación del agua, el control de las avenidas, e incluso los usos sociales, recreativos, estéticos, educativos y espirituales del espacio.
Los servicios ambientales implican también el control local del clima y la resistencia frente al cambio climático en dos aspectos. Por un lado está la mitigación, es decir, la absorción de gases de efecto invernadero. Las turberas, manglares y marismas, entre otros, son importantes sumideros de carbono. Y como los efectos del cambio climático ya se han empezado a notar, el otro frente está en las medidas de adaptación. Si tuviéramos que pagar por estos servicios, eso significaría un gasto de miles de millones de euros al año.
¿Por qué se pierden las zonas húmedas?
Las zonas húmedas son ecosistemas diversos, frágiles y vulnerables, muy sensibles a cualquier pequeña alteración. Estos espacios se pierden principalmente debido a la fragmentación de los hábitats, causada por la construcción de infraestructuras o la expansión agrícola, y también debido a la extracción de agua, a los abocamientos de residuos y a la introducción de especies exóticas.
A todo ello debemos añadir las consecuencias del cambio climático, que afectará a las zonas húmedas si sube el nivel del mar, cambia drásticamente el régimen de precipitaciones, se intensifican los fenómenos climáticos extremos o hay cambios en la cantidad y calidad del agua de los cursos fluviales y las escorrentías. Igualmente, se debe tomar en cuenta que los cambios climáticos tendrán efectos en la distribución geográfica de las especies, y que esto puede potenciar el avance de las especies invasoras.
Estado de las zonas húmedas en España
De todos los países de la Unión Europea, España tiene la mayor diversidad de tipos ecológicos de zonas húmedas. Estos ambientes albergan una gran cantidad de especies raras, endémicas o amenazadas, y son básicos en las rutas migratorias. Sin embargo, su estado de conservación no es el más adecuado, ya que se estima que la mayor parte de la superficie original de los humedales a nivel nacional ha desaparecido. En Cataluña, por ejemplo, ocupan sólo el 1% del territorio.
Acciónatura: trabajando por la biodiversidad de las zonas húmedas
Acciónatura ha llevado a cabo diversos proyectos de restauración de humedales, tanto a nivel nacional (Sils, Ullals de Panxa) como internacional (Huacarpay – Perú) en los que realiza la limpieza del terreno, extrae especies exóticas, recupera las especies autóctonas, lleva el seguimiento de las especies más vulnerables, como el Galápago Europeo, promueve el uso sostenible de los espacios y sensibiliza a la sociedad.