Esa burguesía pensante y vergonzante de esos millones manchados, desearía que desaparecieran de las cuentas de Suiza y de Andorra, pero piensan en sus hijos amenazados por el despertar del Pueblo y cavilando que algún día les puedan pedir cuentas por ello, en contra de sus honorables principios éticos: ocultan, camuflan e infravaloran esos pingües beneficios obtenidos a costa de la plebe o de la masa obrera. Para ello siempre cuentan con un ministro de finanzas dispuesto a que su maldita riqueza sea tratada con benevolencia y así, desde Francesc Cambó hasta Cristóbal Montoro, sus casuales olvidos y ocultaciones encuentran una salida “digna”.
Me es igual que los beneficiados lleven el apellido Pujol, Botín, Undargarín o Mas, solo por fantasear con cuatro apellidos que me suenan. Me parece indignante y aborrecible que se acojan a una amnistía fiscal ciudadanos que durante años han ocultado sus caudales y que además han ocupado cargos políticos, financieros y sociales de alta responsabilidad pública o cercanos a ella. Pero más indignación me produce que no haya sido motu proprio esa manifestación y que terceros hayan tenido que descubrir esas irregularidades y que durante 30, 40 o 50 años no hayan encontrado un momento para normalizar el botín. Eso incita a pensar que no hay arrepentimiento sino miedo.
Estarán de acuerdo conmigo con este terrible estigma que persigue a la burguesía y que no les permite certificar el porvenir de sus hijos con tranquilidad e inmunidad. Por eso sus hijos, para fortuna de ellos mismos, se preocupan de obtener su propio patrimonio sin contar únicamente con los caudales de sus padres, abuelos y suegros, y para eso montan empresas fantasmas, asesorías de la nada, nuevos bancos, ocupan cargos importantes en partidos burgueses y reparten concesiones a sus amiguetes, sobre todo las de las ITV.
Pero no sufran por ello, la nuestra es una sociedad con gran capacidad de absolver y con pedir perdón o pagar un 10% de los beneficios de lo defraudado les bastará; y como último recurso pueden decir que todo fue por amor: al marido, a la mujer, a los hijos o a la patria. Todo vale.
Cambó tiene un monumento en la Vía Layetana de Barcelona por pertenecer a esa burguesía, destinar su fortuna para apoyar al golpe militar del 36, un caso de flagrante patriotismo, y de repetir hasta la saciedad que otros robaban.
¿Cuándo seremos lo suficientemente listos para dejarnos robar y manipular solo por los de casa?
