El film no pasará a la historia del cine, pero nos da una visión del carácter de los italianos, acostumbrados a sacar una sonrisa en la situación más difícil y de cómo su sentido del humor tan especial, no exento de cierto conformismo, les ayuda a sobrellevar sus avatares… y si la cosa se pone dura, cogen la mandolina y un par de tenores aficionados y entonan un “O sole mio”, en menos que lo canta un gallo.
El teórico ganador con más de diez millones de votos ha sido Pier Luigi Bersani del Partido Democrático, y que sin embargo, no podrá formar un gobierno estable porque el partido de Berlusconi, un político a quien le encanta que le toquen la mandolina, ha obtenido cerca de diez millones de votos y la parte más suculenta del Senado Italiano. El regreso del “cavalieri” es sorprendente, tanto como el nombre de su coalición: El
Un cómico, sin experiencia política y con una coalición con nombre de hotel de costa: Movimiento cinco estrellas, ha conseguido cerca de nueve millones de votos. Esto da mucho que pensar… a todos los europeos. Tal vez la solución sea ésta: mucho humor y mucho sentido común, que la clase política ha convertido en el menos común de los sentidos. Quizás el recurso para nuestras desdichas fuera una coalición presidida por el Gran Wyoming, sobrado de humor, sentido común y agudeza mental.
Paralelamente, y en la misma Italia, la dimisión del último Papa deja vacante el sitial de San Pedro. Como no está bien visto un corte de puñetas de tan alto dignatario, Benedicto XVI ha optado por lo más sensato y olvidarse de las disputas que, sí, son de este mundo. Desde la tarde del jueves Su Santidad – que seguirá conservando este título – ya no es infalible y, ya liberado de tanta carga, puede dedicarse a sus libros y a tocar la mandolina, si es que le gusta.
Así que Italia se encuentra con el sillón de presidente vacante, la silla de San Pedro también y paralelamente Iberia quiere ir a la huelga. Malos tiempos para ir de vacaciones a Roma… a menos de que se lo tomen con mucho humor.
Personalmente, veo positivo quitarle un poco de la falsa seriedad e hipocresía en que está imbuida la política y abrir nuevas perspectivas, para que de los pueblos fluyeran opciones validas y novedosas. Sería interesante ver el rostro impenetrable de la Merkel, enfrentándose a Grillo y a Wyoming; antes de que pudiera decir algo, ya le habrían hecho media docena de chistes, algunos con mandolina incluida.
Como dice Serrat: puestos a escoger, soy partidario de las voces de la calle, más que del diccionario; prefiero un buen polvo a un rapapolvo… y la Revolución a las pesadillas.
