Ya sé que se podría decir que son las cosas de la estadística, pues unas empresas ganan y otras pierden empleo. Si se juntan los dos datos aparece la contradicción. Ojalá fuera esa la razón. Por ejemplo, Telefónica ganó en el año 2010 la cifra record de 10.167 millones de euros y en 2011 ya anuncia una reducción de plantilla de un 20% (ampliada posteriormente a más de 8.000 trabajadores). Y los empresarios siguen pidiendo reformas que permitan una mayor flexibilización del trabajo.
Se ha desligado crecer económicamente de equidad social, por lo que el empleo no es responsabilidad de nadie salvo, aparentemente, de las políticas públicas. Desde luego no lo es (o piensa que no lo es) de quien se creyó que la rentabilidad del corto plazo y la maximización del beneficio son los motores de esta economía y, a la vez, predica la libertad del mercado, pero tan solo cuando a sus actores dominantes les viene bien, demando la ayuda del Estado cuando las aguas amenazan su hundimiento. Por ello no es extraño, aunque rechine a los oídos del alma, que coincidan en el tiempo una reducción de plantilla, con la obtención de un récord de beneficios y el pago de cantidades insospechables a los directivos.
Lo que ganaron los diez ejecutivos mejor pagados de España en 2010 fue 60 millones de euros, una media de 6 millones, con desviaciones desde 16,5 millones el que más y 1,2 millones el que menos. Sin contar los derechos de pensiones y lo que les corresponda por sus paquetes de acciones. Concretamente en Telefónica, el Comité Ejecutivo y los Consejeros del Grupo recibirán este año 13,7 millones de euros en dividendos. El sueldo de su Presidente es como el de 78 trabajadores de esa empresa. Pero el empleo no se mantiene. El conjunto de las cajas de ahorro ha retribuido a sus Directivos y Consejos con 131 millones de euros el año 2010 (el año que menos beneficios obtuvieron), tan solo un 0,96% menos que en 2009 (es la media de las 35 cajas, porque de ellas 15 sí subieron el sueldo de sus directivos), pero han prescindido de 2.446 trabajadores en 2009 y de 4.228 en 2010.
Los razonamientos que algunos dan para justificar estas disonancias son que esas empresas son privadas y, por ello, pueden pagar lo que deseen a sus ejecutivos. Habría que añadir que esas cantidades las deciden los propios ejecutivos que las cobrarán (se autopagan). Esos intentos de justificación tan solo se mueven en un entorno cultural que no tiene justificación desde un mínimo análisis de las consecuencias sociales que todo ello comporta.
Lo que están diciendo es que las políticas económicas se han de apoyar en las políticas sociales, y no al revés, como hasta ahora ha venido ocurriendo. Lo social, en el mercado actual, es una derivada de lo económico. No es esencial en las políticas públicas. Por ello lo social es marginal. Lo que pretende el antiguo Presidente del Banco Mundial no se ha comenzado a realizar, salvo excepciones. El sociólogo francés A. Touraine decía en 1997 que “el principio central de la nueva política social es que en vez de compensar los efectos de la lógica económica, debe concebirse como condición indispensable del desarrollo económico”.
Sin embargo la ética no es más que un elemento culturalmente decorativo en este llamado “libre mercado”, resistente a su “reinvención” (como planteaba Sarkozy al comienzo de la crisis actual) y corruptor de lazos de equidad social. En este esquema el empleo no es compromiso de las empresas y, parece, solo de las políticas públicas que han de facilitar más flexibilidad, según demandan los empresarios. Como si estos lucharan contra sus propios principios, bien definidos cuando Henry Ford, en la primera mitad del siglo XX, decía que había que pagar mejor a los trabajadores pues, si no, quien iba a comprar los coches que fabricaban. Parece que hemos llegado a un momento en que se desea el mayor crecimiento de las empresas olvidando sus consecuencias en la equidad social. Por cierto, el Banco Mundial acaba de decir que hay 44 millones más de pobres en el mundo que al comienzo de la crisis.
Marcos de Castro, Observatorio de RSC.