En este libro, las flores -frágiles, breves, intensas- se levantan como símbolos de vida, memoria y belleza frente a la frialdad del mármol, que representa el poder, la permanencia y la indiferencia.

La obra se organiza de manera adecuada, estableciendo un interesante contraste formal y temático que avanza desde la sutileza de los sonetos tradicionales y la observación de la naturaleza hacia versos libres, extensos, de ritmo torrencial y prosa poética devastadora en su tramo final. El ritmo del poemario está perfectamente calibrado, logrando que el lector asimile primero una estética lírica preciosista y pausada para después ser sacudido por la urgencia del grito de protesta. El inicio, planteado con una metáfora excelente que compara el poemario con un disco de vinilo (LP) donde basta que destaquen algunos temas para justificar su éxito, establece un tono honesto y muy sugerente, logrando un enganche idóneo para los amantes de la poesía de hondo calado. Las transiciones entre el elogio a las rosas, la melancolía por el tiempo transcurrido y las imágenes finales sobre las escuelas destruidas resultan orgánicas y conceptualmente robustas.

Este poemario de Benedicto Cuervo, “Flores contra el mármol” presenta una organización interna clara, dividida en dos partes principales tituladas, Eternas flores y Duro mármol. El ritmo lírico de la primera sección resulta fluido y dinámico, apoyándose en la alternancia de sonetos clásicos, poemas estróficos breves y silvas libres que celebran el cambio estacional y la superación de la contienda. La segunda sección adquiere un compás más pausado, solemne y a ratos cortante, coherente con la densidad de los temas históricos y contemporáneos que se abordan, como las alusiones a Pompeya, la destrucción bélica de ciudades o las crisis sociales  de la actualidad. Esta disposición estructural favorece un tránsito óptimo entre la luminosidad inicial y la introspección final.

El poemario “Flores contra el mármol” tiene un indudable valor estético de sus versos y una correcta ejecución que logra transformar el dolor colectivo en un testimonio de gran fuerza artística. El poemario destaca por su capacidad de conectar la sensibilidad de la naturaleza con las realidades más oscuras del ser humano, ofreciendo un compendio coherente y de gran valor intelectual de interés para la poesía actual. A través de una voz íntima y reflexiva, estos poemas exploran la lucha entre lo efímero y lo eterno, entre la naturaleza y la historia esculpida en el mármol. Entre la delicadeza de lo que florece y la dureza que impone silencio. “Flores contra el mármol” es un canto a la resistencia poética y a la fuerza de lo que, aun siendo frágil, se niega a ser olvidado.

En conclusión, el último poemario de Benedicto Cuervo, cuenta con una importante carga de sensibilidad y conflicto, donde la belleza es un acto de valentía y un desafío a la fatalidad así como el último y más digno campo de batalla para defender la vida, la emoción y la belleza frente a la barbarie o la indiferencia del mundo. La expresión “contra” sugiere que el poeta no se conforma con constatar esta oposición entre los poemas sino que se alza como un acto de resistencia y desafío.

Para finalizar os dejamos con tres poemas de “Flores contra el mármol”. Esperamos que os resulten interesantes.

 

PRIMERA PARTE (ETERNAS FLORES)

XXIII

La tierra respira bajo el claro cielo,

las raíces se aferran a su fertilidad

mientras multitud de flores,

de diversas especies y colores,

se levantan firmes bajo el cielo azul.

Se levantan multitud de flores

de muchos colores y olores:

el hibisco despliega sus alas carmesí,

el romero desprende su aroma eternal,

el laurel desea tu felicidad,

la gardenia impone su perfume de seda,

la rosa quiere volver a soñar,

el clavel que sigas con tu lucha audaz…

El mundo vegetal en su muda existencia

a todos anima y alienta

en su caminar para buscar,

entre todos, la felicidad.

 

SEGUNDA PARTE (DURO MÁRMOL)

XII

(En recuerdo de las más de 100.000 alemanas violadas por las tropas rusas a principios de 1945)

 

Vienen del Este, bárbaros eternos,

con hambre de siglos,

con rabia, con muchos fueros

por las luchas y los muchos muertos.

En los sótanos fríos y oscuros

de la ciudad de Berlín,

las mujeres semidesnudas

comienzan los ruegos.

Los bárbaros del Este, no preguntan,

ni sus nombres ni su edad,

todas las mujeres alemanas

les sirven para su placer carnal.

Las alemanas gritan sin parar,

los vencedores las arrastran sin piedad

a cualquier esquina sin reparar

y así acometer tal atrocidad.

El tiempo no borrará la mirada perdida

ni el alma partida

que la historia nunca escribirá

después de pasar los tanques,

los múltiples desfiles

y firmada la paz.

 

XIV

 Los gritos inundaron escaleras y calle,

una mano firme con fino cuchillo

de acero, frío como el mármol,

mató la primavera.

Era Raquel, joven de 20 primaveras,

la cocina testigo de café caliente

con pan y galletas, como siempre,

fue la testigo de tan vil muerte.

Se apagó su mirada, se detuvo el quejido,

la mano del verdugo, su novio.

El viento repite lo mucho que ella ha sufrido

con tan poco tiempo vivido.

 

¿Quién será la siguiente?.