El ilustre pintor asturiano nació en Gijón, el 6 de enero de 1878 y falleció en la misma ciudad, el 18 de enero de 1978, apenas cumplidos los cien años de edad y más de ochenta de ellos dedicados, por completo, a la pintura. Pocos meses después del nacimiento del artista gijonés fallece su padre, Nicañor Piñole Ovies, capitán del buque a vapor mercante,“Asturias”, en la costa de Tarragona. Este trágico suceso deja viuda a su madre Brígida Rodríguez (a la que el pintor adoraba y reflejará en sus pinturas cientos de veces) que se ve obligada, por la necesidad, a buscar ayuda en su hermana Manuela que la acogerá en su casa, junto con el niño Nicanor. Su cuñado, Manuel Prendes, ( indiano que se fue de Asturias, ya casado, para México, en 1866, volviendo, en 1876, con una considerable fortuna para establecerse definitivamen te en Gijón dedicándose a negocios inmobiliarios y de actividades relacionadas con el comercio de ultramar) acogió, generosamente, a ambos familiares en su casa ejerciendo como verdadero padre del futuro pintor. El entorno familiar disponía de solvencia económica lo que supuso tranquilidad y vida estable para ambos.
Los primeros estudios los realizó, Nicanor Piñole, en el colegio de las monjas del Santo Ángel de Gijón para, pocos años después, comenzar el bachillerato, en el colegio de los Jesuitas de la misma ciudad, hasta 1892, año en el que se trasladará a Madrid para iniciar sus estudios de arte en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Como desde muy niño Nicanor Piñole tenía unas aptitudes innatas hacia el dibujo, compaginará sus estudios de bachillerato con la asistencia a clases de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios con el profesor Ulpiano Alonso entre los años 1889 y 1892. A esa corta edad, Nicanor Piñole, ya tenía claro que quería ser pintor.
Cuando el joven Nicanor Piñole se traslada a Madrid, con su tío Manuel Prendes, al menos, ya tiene nociones de dibujo asentadas y no le costará demasiados esfuerzos sacar su carrera artística adelante. En la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el joven pintor gijonés, tiene como maestros a grandes pintores referentes de la época como son los casos de Carlos de Haes, maestro del paisajismo, Muñoz Degrain, maestro de la luz y del color e ingresó, posteriormente, en el taller particular de Alejandro Ferrant para continuar su preparación artística. En 1997, el mismo año de finalizar sus estudios artísticos con apenas 19 años, presenta la obra titulada “Un borracho”, en la Exposición Nacional de Bellas Artes, en Madrid, consiguiendo Mención Honorífica.
Esta etapa de formación madrileña, de finales del siglo XIX, fue esencial para Nicanor Piñole antes de sus viajes a París, Roma y, posteriormente, a Londres, a principios del siglo XX.

Óleo sobre lienzo. Título. El refugio.1937. Museo de Bellas Artes de Asturias.
El pintor asturiano inicia su periplo de formación artística en el extranjero, como no, en París, durante varios meses del año 1900, y en Roma desde finales de dicho año hasta 1902 donde fijó su taller y residencia durante unos dos años. Generalmente, los artistas españoles de cierto prestigio solían realizar estos viajes para completar sus estudios de arte con becas que conseguían de entidades públicas o privadas. Sin embargo, en el caso de Nicanor Piñole, en estas primeras visitas a las ciudades de París y Roma, pagaría sus gastos con recursos familiares. Años después, volvería a estas dos ciudades europeas, cuna de eminentes artistas y corrientes artísticas, y a Londres con recursos procedentes de una bolsa de viaje oficial que le concedió, en 1914, el Ministerio de Instrucción Pública.
Cabe destacar, en esta su primera etapa del joven Piñole, la participación en la Exposición Universal de París de 1900 (15 de abril de 1900 al 12 de noviembre del mismo año) junto con Picasso consiguiendo ambos una Mención Honorífica (Mention Honorable), distinción que el jurado de dicha exposición concedía a los artistas, jóvenes o extranjeros, cuyas obras mostraban ciertas destrezas artísticas pero sin llegar a medalla. La participación en esta Exposición Universal de París de 1900 fue muy numerosa pues se calcula en unos 70.000 los artistas participantes en sus diversas categorías.
Una vez que Piñole finaliza su estancia en Roma se trasladará a Gijón (Asturias) donde le esperan su madre Brígida Rodríguez Prendes y sus familiares. Su estancia residencial en esta ciudad asturiana será ya definitiva (salvo salidas cortas y puntuales para exposiciones o visitas institucionales). Vivirá en la vivienda familiar que poseían en la antigua Plaza del Sur, hoy Plaza Europa, en donde, en su parte superior, tenía su taller.
Los veranos los pasaba el pintor gijonés en familia en la Quinta de Chor que estaba situada en el concejo de Carreño entre Gijón y Avilés. En dicha quinta, una casona rodeada de árboles frondosos, huertas y elementos rurales típicos asturianos como pozos, lavaderos y cenadores la utilizaba, Piñole, como lugar de laboratorio donde experimentaba con el color, mezclando diversas tonalidades, y la luz. En este refugio veraniego, el pintor asturiano, realizó una serie de obras típicas de su estilo pictórico, muchas de ellas al estilo plenairista (a pleno aire) como: Jardín de la Quinta de Clor (1905), Pepita en un banco (1925) y multitud de autorretratos y de dibujos al pastel y al óleo de su sobrina, sobrino y otros familiares.
Cabe destacar, durante el primer tercio del siglo pasado, algunas de sus pinturas emblemáticas como son los retratos de “Pepita Prendes con su hijo (1913)”, de “Manuel Prendes (1914)”, “La hija del patrón (1920)” o del político asturiano “Melquiades Álvarez (1923)” así como cuadros que reflejan el paisaje natural y cos tumbres asturianas religiosas, marineras o campestres, caso de las obras tituladas “Marineros en el puerto de Gijón (1906)”,“ La vuelta de la romería (1915)”, “La barraca (1916)”, “Subiendo la montaña (1918)”, “De promesa al Cristo de Candás (1918)”, “Paisaje asturiano (1920)”, “Recogiendo la manzana (1922)”, “Corpus de Carrió (1925)”, “Estibadores (1927)” o “El torito (1935), entre otras muchas obras.
Durante la Guerra Civil española, Nicanor Piñole, se quedó solo en la casa familiar de Gijón por temor de que si se iba él con la familia a la Quinta de Chor, en Carreño, el ejército republicano les podría requisar la casa. La mayor parte de los días los pasaba recluido sin salir de su hogar aunque deseaba salir, con seguridad, por las calles y plazas de Gijón sin ser detenido, para poder pintar y trasladarse, alguna vez, a la Quinta de Chor para proveerse de alimentos que escaseaban en la ciudad. Así, Piñole, aprovechó la ocasión propicia(convocatoria de un concurso de pintura organizado por el Consejo de Asturias y León) para pedirles un salvoconducto y poder enseñarlo en caso de ser detenido como le sucedió poco tiempo después en dos ocasiones. Cuadros destacados de esta época son los titulados “El refugio”, “Ruinas del Simancas”, “Iglesia de San Lorenzo”, “Puerto de Gijón” o “La retirada”.
Una vez finalizada la Guerra Civil española, Nicanor Piñole, sigue pintando retratos y paisajes de Asturias. Desde Gijón, apartado de la política, adoptó un estilo de vida humilde y austero, alejado de los grandes círculos de difusión artística de la época. En los primeros años de la década de los cuarenta del siglo pasado, Nicanor Piñole, entabla amistad con José Ramón Lueje y sale con él a pintar diversos paisajes naturales de los Picos de Europa, “con el caballete a cuestas”, tanto desde la vertiente asturiana como la leonesa. En este sentido, según nos dice Manuel de Cimavedilla: “Piñole no quería admitir tregua diciendo que era viejo y que le restaba mucha Alta Asturias sin conocer”. Así pintó varias veces el Pico Mampodre, grandiosas montañas en Los Picos de Europa y Pajares; cabañas y ganado que llenaron su paleta de colores de su tierra astur. También continuó con la realización de obras relaciona das con el mar y sus gentes y con el retrato familiar y de encargo por familias de la burguesía industrial y comercial asturiana así como de profesiones liberales (médicos, arquitectos, ingenieros o abogados). De esta época franquista serían las obras tituladas, “Vistas del puerto de Gijón (1944)”, “Paisaje desde la Quinta de Chor (1945)”, Paisaje de Pajares (1945)”, “Camino en el campo asturiano (1948)”, “Retrato de Enriqueta Ceñal (1948)”, “Retrato de doña Brígida Rodríguez (1951)”, “Barcas en la dársena (1952)”, “Retrato del doctor Cabal (1954)”, “Apuntes de paisaje de Carreño (1958)”, “Retrato de Ignacio Álvarez Castelao (1961)”,“Rincón de la campiña asturiana(1965)”…

Óleo sobre lienzo. Titulo. Regreso de la romería (1915). Museo Nicanor Piñole. Gijón.
En cuanto a las características de su obra pictórica se pueden señalar las siguientes:
- Su obra es un fiel reflejo del entorno en donde vive. Así, Piñole, en la inmensa mayoría de sus obras, hace retratos de su familia y numerosos autorretratos empleando cualquier tipo de material y técnica (dibujo, pastel, acuarela u óleo). Al pintar el paisaje lo hace de su tierra asturiana (Picos de Europa, Pajares, Torrecerredo…) así como sus costumbres religiosas, campestres y marineras.
- Nicañor Piñole huía de lo grandilocuente para centrarse en los pequeños detalles de la realidad diaria de la gente en cualquier momento. Los personajes en sus obras están en constante movimiento realizando una determinada actividad rural o marinera, sin buscar una pose preconcebida para poder ser representados como se hacía antes, previsibles, inertes, rígidos, abocetados…, sino que, por el contrario, los pinta en plena faena, en movimiento y buscando los mínimos detalles a representar, como la frente arrugada o las manos rajadas por sus labores manuales. No busca Piñole, en absoluto, ni la idealización del campo ni de los campesinos o marineros sino la justa verdad en sus representaciones. En sus retratos, destaca los detalles de forma realista de su composición buscando captar la psicología de cada persona retratada, principalmente, pintada al óleo.
- En muchas de las obras del pintor asturiano se aprecia una clara influencia velazqueña y goyesca tanto en la forma como en el empleo de la paleta y colores utilizados (ocres, marro nes, verdes, grises y negros). Esta gama de colores los emplea a la hora de pintar a personas dentro de su entorno natural, no así en el tratamiento de la luz atmosférica donde, Nicanor Piñole, mezcla el color y luz parisina con la asturiana.
- Por último, a Nicanor Piñole, le encanta pintar del natural, hasta el punto de pedir un salvoconducto para poder salir de su casa de Gijón durante la Guerra Civil y, posteriormente, en algunas fotos, en blanco y negro, vemos al pintor subido a lo alto de una montaña con su caballete para plasmar en su obra la neblina, tan típica de Asturias, los contrastes de colores entre el verdor de los prados y los marrones y grises de las laderas y cumbres de las montañas. En cuanto a los retratos su objetivo era plasmar la realidad de la figura pintada en ese momento preciso (su alegría, tristeza, rabia, dolor, melancolía, sosiego) huyendo de la memorización y haciendo un esfuerzo por captar la psicología de cada persona representada en ese mismo instante, “in situ”.
En cuanto a las exposiciones más destacadas realizadas por Piñole a lo largo de su dilatada vida, caben destacar éstas que aparecen en la tabla desde sus inicios hasta su última exposición.

Los premios y distinciones que consiguió el pintor Nicanor Piñole se podrían agrupar en dos épocas. La primera sería ya en su juventud y primeros años de madurez. Efectivamente, el pintor asturiano se puede considerar como un niño-joven prodigio del dibujo ya que con tan solo 14 años ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para realizar cursos superiores de arte y, nada más concluirlos, a los 19 años, en 1897, participa en una exposición de dicha institución y consigue su primer premio, Mención de Honor. Pocos años después, en su viaje de perfeccionamiento artístico en París, participa en la Exposición Universal de dicha ciudad y el jurado le otorga una Mención Honorífica (Mention Honorable) por su visible talento en el dibujo a pesar de su juventud. En 1910, se le concede la medalla de bronce concedida en la Exposición Internacional de Buenos Aires y, pocos años después, en 1917, Nicanor Piñole, obtiene la segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid.
La segunda etapa sería al final de su vida, entrados ya los años sesenta y primeros años de los setenta del siglo pasado, las instituciones públicas franquistas parece que se dan cuenta, a esas alturas, que el pintor asturiano es un genio y comienzan a concederle premios y galardones. De entre todos ellos caben destacar: el nombramiento como Miembro de Honor del RIDEA (1952), Oviedo, Hijo Predilecto de Gijón (1963), Hijo Predilecto de Asturias (1973), Manzana de Oro concedida por el Centro Asturiano de Madrid (1973) y, también, en 1973, es recibido en audiencia en el Vaticano por el Papa Pablo VI, donde le entregó la Medalla de Oro por su labor artística. Dos de sus cuadros se han incorporado a salas del Vaticano. Un año después, se le concede, al insigne pintor asturiano, la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes y además, le nombra Académico de Honor. Por último, a principios de enero de 1978, el propio rey Juan Carlos I, se traslada a su casa de Gijón para entregarle en persona, unos días antes de su muerte, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio como máximo reconocimiento estatal a su aportación a la cultura y las bellas artes españolas a lo largo del siglo XX.

Óleo sobre lienzo. Titulo. Retrato de Ignacio Álvarez Castelao. 1961. Museo de Bellas Artes de Asturias
Los críticos de arte han considerado muy positivamente la larga trayectoria pictórica del insigne pintor gijonés como se puede constatar en algunas de estas críticas. Para Villa Pastur:
“Nicanor Piñole pintó algunas de las escenas más cargadas de humanidad de la vida diaria de Asturias, tanto en sus facetas festivas como en sus perfiles dramáticos…”. “Deja una verdad humilde, entusiasta y ascética a la vez, donde se resumen los rasgos que definen y atestiguan la autenticidad de las cosas…”, “Su pintura es seria, sin concesiones, hecha con auténtica honradez artesanal…”.
Para Javier Barón Thaidigsmann, historiador de arte y Jefe de Conservación de Pintura del siglo XIX del Museo del Prado y especialista de la pintura del Piñole nos dice que:
“En sus composiciones el artista refleja la ambigüedad inerte de las figuras con una sobriedad cromática y un dominio de la luz que estructuran sólidamente todo el conjunto…”, “Piñole fue un pintor profundamente apegado a su tierra y a su familia, que supo sintetizar la formación académica madrileña y romana con el lenguaje lírico asturiano…”.
Según José María Jove, crítico de arte e historiador asturiano:
“Piñole es el pintor del silencio y de la mirada interior; sus figuras no posan para el espectador, habitan de forma natural y absorta en su propia atmósfera…”.
Por último, para el gijonés Francisco Carantoña, periodista, historiador y crítico de arte, señala sobre Nicanor Piñole que:
“No hay en Nicanor Piñole folclorismo ni pintoresquismo fácil: sus marineros, campesinos y tipos populares están investidos de una monumental dignidad humana”.
Nicanor Piñole falleció, el 18 de enero de 1978, en Gijón, cumplidos los 100 años de muerte natural debido a su avanzada edad. El funeral de Nicanor Piñole se celebró en la Parroquia de San Pedro (situada al inicio de la playa de San Lorenzo) para, posteriormente, ser enterrado en el Cementerio de Ceares de dicha ciudad.
Unos 15 años después de su muerte, en 1991, se crea el Museo Nicañor Piñole en Gijón, con las obras donadas por su viuda Enriqueta Ceñal Costales (miles de obras entre dibujos, acuarelas y óleos) y fondos del Museo de Bellas Artes de Asturias y Museo Nacional de Arte Reina Sofía. Dicho museo se encuentra en el edificio del antiguo Asilo Pola, en Plaza de Europa,28 (Gijón).
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