En 1951 es elegida miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba, y ese mismo año es nombrada Hija Adoptiva por el Ayuntamiento de Puerto de la Cruz (Canarias). Ingresa en la Academia Cubana de la Lengua en 1959 y, nueve años más tarde, en la Real Academia Española.
Organizado por el escritor Leo Zelada, el pasado día 23 de Junio se celebró en la librería María Pandora, de Madrid, el Recital Internacional de Poesía Exiles con un gran éxito de público, y en el que intervinieron poetas de más de 14 nacionalidades, incluidos dos de los colaboradores de esta revista. Esta es una de las poesías que leyó Benedicto Cuervo.
La vida de Julia de Burgos fue intensa y definitivamente breve, aunque sin duda esta escritora puertorriqueña dejó un legado indispensable para la poesía. Nació en 1914, en el seno de una familia muy humilde; fue la única de trece hermanos en realizar estudios secundarios. Se graduó como maestra en la Universidad y comenzó a trabajar, realizando actividades sociales.
Está considerado como el poeta más joven entre los de la Generación del 27. Demuestra un interés precoz por la actividad editorial y durante toda su vida se comporta como un artista-artesano que no sólo compone sino que también imprime sus propias obras. Funda en 1923 su primera revista poética, «Ambos», en colaboración con José María Hinojosa y José María Souvirón. En 1925 se da a conocer en los círculos literarios de Madrid, que frecuenta con José Bergamín, Federico García Lorca y Rafael Alberti.
Su verdadero nombre era Ramón Valle Peña. La muerte de su padre le permitió interrumpir sus estudios de derecho, por los que no sentía ningún interés, y marcharse a México, donde pasó casi un año ejerciendo como periodista y firmando por primera vez sus escritos como Ramón del Valle-Inclán. En 1907, Valle-Inclán se casó con la actriz Josefina Blanco y, entre 1909 y 1911, se adhirió al carlismo, ideología tradicionalista que atrajo al autor por su oposición a la sociedad industrial, al sistema parlamentario y al centralismo político. La década de los veinte significó su consagración definitiva como escritor y un replanteamiento ideológico que lo acercó al anarquismo. Cuando, en abril de 1931, se proclamó la segunda república, el escritor la apoyó con entusiasmo.
Hijo y hermano de pintores, quedó huérfano a los diez años y vivió su infancia y su adolescencia en Sevilla, donde estudió humanidades y pintura. En 1854 se trasladó a Madrid, con la intención de hacer carrera literaria. Sin embargo, el éxito no le sonrió. Para poder vivir hubo de dedicarse al periodismo y hacer adaptaciones de obras de teatro extranjero, principalmente del francés.
Muy joven viajó a Paraguay para casarse con el artista y miembro de la aristocracia de Asunción Julián de la Herrería, a quien había conocido en 1924 en Alicante, España. No fue muy bien recibida: la llamaron «gitana advenediza», y durante décadas fue marginada de los círculos sociales de la ciudad.
Hijo de un comerciante en géneros, Pedro Salinas Elmas, y de Soledad Serrano Fernández, estudió Derecho y Filosofía y Letras. Su vida estuvo dedicada a la docencia universitaria, que comenzó como lector de español en La Sorbona desde 1914 a 1917.
Poetisa argentina, Alejandra Pizarnik nació en el seno de una familia de inmigrantes rusos que perdió su apellido original, Pozharnik, al instalarse en Argentina. Su obra poética, que se inscribe en la corriente neosurrealista, manifiesta un espíritu de rebeldía que linda con el autoaniquilamiento.
Desde pequeña sintió afición por la música y el folclore chilenos; su padre, profesor de escuela primaria, fue un conocido folclorista de la región. El constante viajar por todo el país le puso en contacto con la realidad social chilena, plagada de desigualdades económicas. Violeta Parra adoptó una postura política de militante de izquierdas que le llevó a buscar las raíces de la música popular.